Arte popular y potencia expresiva
La variedad y riqueza de las expresiones populares provenientes de México no conocen parangón en otras regiones de América. Acaso sólo Brasil pueda competir –aunque carezca de sentido la comparación, que siempre es ociosa y odiosa– en términos de grandes “territorios populares de la cultura”… con tanta diversidad, complejidad y fortuna iconográfica como la que se conoce en los Estados Unidos de México. En cuanto a Nacimientos de Jesús, Árboles de la vida, Belenes, Portales, Retablos y Pesebres cristianos, México y Perú poseen indudable primacía en un continente que sabe de estas expresiones en todos los niveles y materiales de realización imaginables, desde los más modestos hechos con moldes de yeso hasta los más lujosos y cuidados llevados a cabo por ebanistas afamados.
Felipe Nieva fue un imaginero veracruzano y hacedor de Nacimientos que desarrolló una ingente producción artesanal a principios del siglo XX. La presente exposición del MAPI reúne más de mil piezas de colecciones provenientes de familias mexicanas de la alta burguesía del siglo pasado. “La colección está formada por alrededor de 1.100 figuras hechas principalmente en barro, cada una con una estructura interna de alambre y base de madera, excepto dos piezas especiales hechas en yeso: un Cristo de la Última Cena y el Niño Dios del nacimiento. Todas las figuras están modeladas y pintadas a mano, con mayor detalle en las piezas principales, lo que sugiere que fue trabajo de un taller más que de un solo artista… Estas piezas conforman el ‘Nacimiento Amparo Espinosa Rugarcía’, antes conocido como Nacimiento Pomona, una de las expresiones más valiosas del belenismo en México.” (Texto de sala)
El artista Nieva y su taller nos propone, pues, un viaje en el tiempo y en el espacio: como figuras de un dilatado pesebre que abarcaran en su arco narrativo –y en su fabuloso despliegue físico– un gran número de “escenas” bíblicas (50) y las sometiera al poder onírico, no individual ni surrealista, sino al magma bruto de un gran sueño popular y barroco. Las historias cobran vida en su real quietud y en su aparente fasto: “La matanza de los inocentes” (Mateo 2, 16-18), “El nacimiento de Jesús, la adoración de los pastores y la adoración de los Reyes Magos” (Lucas 2, 6-7; 2, 15-16; Mateo 2, 1; 2,10). “Adán y Eva comen del fruto prohibido” (Génesis 3, 1-6), “Los primeros habitantes” (Génesis 4, 16-24), “El sacrificio del hijo de Abraham, Isaac” (Génesis 22, 9-18) son algunos de los relatos del Nuevo y del Viejo Testamento, representados en la fastuosidad del detalle y en el brillo tocado a mano... en la minucia preciosista y en el placer creador del artesano. “Nieva trabajó en Orizaba, una ciudad con fuerte presencia industrial y gran efervescencia cultural, pionera en el cine nacional (mexicano). Este entorno permitió que las imágenes llegaron por muchos caminos: libros religiosos impresos en Europa, catálogos de moda, noticias de óperas, posiblemente ‘Nabucco’ (1841) y ‘Aida’ (1870), o películas bíblicas como ‘Intolerancia’ (1916), incluso afiches circenses con temas bíblicos. Su Nacimiento no sólo muestra a los personajes del Evangelio, sino también peinados, bigotes, ropas y maquillajes que reflejan el gusto de su tiempo” (Texto de sala)
Ciertamente, la influencia de las grandes producciones cinematográficas de la época, en especial las de David Wark Griffith, no debe desdeñarse. Nieva –y sus colaboradores– alcanzan un registro declaradamente popular pero lo hacen de una forma más genuina y menos artificiosa o lejana que la percibida entonces desde las grandes pantallas de cine. Nos acerca las historias antiguas de la biblia al ámbito doméstico sin sacrificar el aspecto devocional –importante para la época y aún hoy perceptible– que se cobija en una dimensión intimista, propia de su género –el Belén–. Pero el tamaño y el lugar no lo explican todo.
El secreto de su autenticidad radica, creemos, en la que calidad expresiva del objeto escultórico. No sólo en lo tocante a las figurillas humanas sino a todos los elementos que acompañan y adornan los ambientes: libros, mesas, carros, canastos, cántaros, jarros, husos, macetas, canastas, martillos, herramientas e instrumentos de labranza, en suma, los pequeños adminículos que adquieren protagonismo y vida propia gracias a su gran fuerza expresiva y a su dosificada plasticidad.
Capítulo aparte merecen los animales cuya justeza descriptiva es digna de admirar. No se trata, claro está, de una imitación exacta de la realidad; no son moldes 3 D de impresiones digitales u holográficas. Es el orden de la línea y de la forma manual, modelada, el que manda. El orden del color que vivifica y ennoblece a la figura animal –la oveja, la cabra, el burro, el camello, el elefante, el perro, las aves de corral–, ya que es ni excesivamente colorido ni tampoco parco en viveza, poses y movimientos sugeridos. Es la apropiada captación del tono en el contexto de la escena. Como en un juego de niños donde todo cae en su lugar y ninguna presencia necesita ser explicada.
“La obra de Nieva nos habla no sólo de su talento, sino también de una familia que lo encargó, de una ciudad que lo inspiró, y de una época en la que la religiosidad convivía y se mezclaba rápidamente con el espectáculo, la imprenta y la vida cotidiana. Su Nacimiento no es un objeto aislado, es una ventana para observar un México joven que se abría a la modernidad, pero sin perder valores que las élites consideraban fundamentales.” (Texto de sala)
El elemento didáctico-devocional no está ausente. No podría estarlo. Y debe haber sido central en el momento de su creación, a principios del siglo pasado. Hoy no lo es tanto ya que la presencia en el museo despoja de cierta relación sentimental, que sobre todo en niños y niña sería natural dada la cercanía hogareña y el tacto que habilita. Nieva es un artista mayor aún considerando su producción en el ámbito colectivo del taller, en tanto voluntad, destreza y proyección imaginativa. La distinción entre artesanía y arte no tiene más cabida. Y esta exposición es un claro ejemplo de ello.
Exposición: Felipe Nieva. Nacimiento. Miradas en el tiempo. Hasta el 10 de abril en el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) Abierto de lunes a sábado de 10.30 a 18 horas en 25 de Mayo 279, Ciudad Vieja, Montevideo.
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