Exposición: Arte Naïf en Uruguay





Juan Artega / Daniel Barboza / Luis Borteiro / José Castro / Julio César Coronel / Alfredo Cuello / Alberto da Rosa / Sergio Isaías Demaría / Arsenio Duarte / Miguel Euguren / Alicia Ferrari / Ramón Gallo / Ramón Lumaca / Lía Mainero / Orfila Martins / Américo Masaguez / Alberto Mastra / Alfredo Maurente / Joaquín Medina / Alberto Méndez / Annie Namer / Aldo Olase /  Juan Ángel Palomeque / Alda Pereira / Miguel Pérez / Humberto Rigalli / Italia Ritorni / Guillermo Vitale / Alejandro Yanes




El próximo jueves 7 de mayo, a las 19 horas, inaugura en Fundación Unión (Plaza Independencia 737, Montevideo) Arte Naïf en Uruguay. La exposición reunirá obras, fotografías y documentos de veintinueve creadores uruguayos, algunos en actividad, otros históricos, cuyas expresiones artísticas participan del llamado "arte ingenuo" y han sido producidas en distintas partes del país en un arco de tiempo que, en conjunto, abarca más de un siglo.


“Sin ingenuidad no hay belleza verdadera. Un árbol, una flor, una planta, un animal, lo son ingenuamente. Yo diría que el agua es ingenuamente agua sin lo cual aspiraría a ser acero pulido o cristal” 1


Pese a que la expresión arte naïf se ha popularizado y casi nadie ignora que refiere a una creación de aire infantil hecha por adultos, queda por establecer qué significado peculiar guardan hoy en día estas manifestaciones artísticas y determinar su lugar en el panorama de las artes visuales uruguayas.
La porosidad de las fronteras de un arte que puede ser disfrazado de ingenuo por artistas más o menos educados en las tradiciones modernas y la tentación de crear un estilo “fresco” a los ojos de un mercado ávido de supuestas purezas de espíritu, no facilita la tarea de los compradores, coleccionistas y teóricos del arte.
De cualquier modo, a los auténticos naïf poco puede inquietarles estas elucubraciones. Es la práctica gozosa de la creación lo que motoriza sus actos, la búsqueda de un paraíso que parece haberse perdido entre los rebuscamientos y prisas de la vida citadina, entre la pasividad y el anonimato propiciados por la avalancha de los nuevos recursos tecnológicos.
El arte ingenuo es, en este sentido, una forma de resistencia silenciosa y casi involuntaria, un remanso para una sociedad gobernada por la producción del capital y el consumo superfluo.
Naïf significa ingenuo en francés, derivado del latín nativus que significa “innato”, “original”, “natural”. El término nace, tal como se lo entiende hoy, en los albores del siglo XX con los mayores tiempos de ocio que posibilita a las capas sociales medias el desarrollo de la industria. Surge también del afán personal por desarrollar una habilidad que pueda ser bien considerada en el ambiente familiar o en el círculo de las amistadas mundanas.

Pintores domingueros, amateurs, jubilados, aventureros del pincel o del modelado, emplean sus ratos perdidos en imaginar situaciones y paisajes prístinos, recobran con la opulencia de los colores la belleza de un mundo interior que se revela a los ojos de los demás y a los suyos con la fuerza de una visión esperanzada.
Son, a diferencia de las tradiciones populares anónimas –que históricamente le preceden y con las cuales están en cierta forma emparentadas–, expresiones de una individualidad que pugna por salir.
La libertad de crear sin ataduras, sin leyes perspectivas o técnicas aprendidas, trae consigo errores y recompensas. Incluso los errores pueden trocarse en recompensas, pues de la valentía de afrontarlos sin ocultar ni menospreciar las limitaciones propias de un oficio complejo, surgen soluciones plásticas que no pasan por alto los conocedores del arte y que llaman la atención por su viveza y espontaneidad.
Hay, asimismo, un cambio de sensibilidad que habilita una mayor competencia interpretativa para más personas: ya no interesa recrear la realidad natural tal cual se ve o se cree ver –que la fotografía se encargue de “copiarla” –: importa decir lo que se siente y cómo se siente. El arte ingenuo se envalentona con el fervor de las vanguardias y adhiere a las conquistas de éstas. Baste recordar la famosa sentencia que el “aduanero” Henri Rousseau (1844-1910), indiscutido padre de la pintura naïf, le espetara a Pablo Picasso en 1908: “Somos los dos mejores pintores de nuestro tiempo, tú en el estilo egipcio y yo en el estilo moderno”.



Lo cierto es que un análisis detenido del fenómeno del ingenuismo también en el ámbito local ofrece dificultades en varios sentidos, ya que las fronteras se tornan porosas no sólo en la dicotomía entre el artista autodidacta y el “profesional”. También dentro del universo de los artistas singulares surgen dudas acerca de cuando lo infantil predomina y cuándo el talante expresivo toma las riendas de la creación.
Las producciones artísticas de los creadores no son homogéneas, ya se improvisen caseramente o hayan pasado por los corredores del taller y atravesado las puertas de la galería y los museos. El contacto con lo “ingenuo” puede asomar en el horizonte temporal de un mismo creador innato para luego sucumbir ante épocas de una pulsión más arrebatada y enérgica, o más abstracta y menos comunicativa.
Características del arte naïf que hemos de considerar como ejes curatoriales de esta muestra son: la supremacía del color, la necesidad  de colmar de sentidos y de formas toda la superficie –no librar blancos ni demasiados vacíos significantes–, el alejamiento deliberado o involuntario del naturalismo académico en pos de una figuración emotiva o fantástica,  la tendencia a lo narrativo y a la minucia –a contar historias con elementos no verbales pero precisos– en oposición a lo abstracto y lo detenido… y sobre todo, una visión positiva y luminosa de la existencia; un sentir que, ante la formulación global de un concepto artístico, incline el fiel de la balanza hacia ese costado más alegre y menos angustioso de la creación.
Huelga aclarar que en ningún artista se dan estos atributos o propiedades en su completa  expresión, de manera conjunta. Pero se espera que los reconozcamos en su esencia y que vertebren sus maneras.

Ni en la época de su formulación, ni en la de su auge, ni ahora que ya constituyen especimenes de antología, se dieron en Uruguay el ingenuismo ni el super-realismo o el futurismo. El hecho es tanto más notable si se advierte cómo inciden algunas de esas tendencias en las trayectorias artísticas de Brasil, Argentina y Chile. Cuando aquí se llega a filiar alguna pintura como ‘ingenua’ es porque, en la mayor parte de los casos, responde a incapacidad resolutiva y no a determinada voluntad…”. 2

¿Constituye el arte ingenuo una corriente histórica más en el concierto de las vanguardias modernas? ¿O se trata más de una actitud que de una corriente artística propiamente dicha? ¿Existe en Uruguay un número de creadores que amerite una aproximación histórica al tema? O por el contrario, como sostenía García Esteban, ¿Uruguay carece de intérpretes capaces de dicho fenómeno?  Estas son algunas de las demandas que esta muestra pretende solventar. O, quizás, más modestamente, intenta aportar elementos para un debate necesario fundado en evidencias empíricas y en posibles derivaciones.

Pablo Thiago Rocca.

***

1. Denis Diderot, “Sobre lo ingenuo y la lisonja”, citado por Jorge A. Camarota en “Un esquinazo al olvido: vida, obra y milagro de Joaquín Medina, pintor de tela”. Revista Paralelo 32, Paysandú, sin fecha, pág 33.

2. Fernando García Esteban, Panorama de la pintura uruguaya contemporánea, Ed. Alfa, Montevideo, 1965.

Imágenes en orden de aparición: San Francisco de Asís por Lía Mainero, Hipopótamos y helicópteros por Daniel Barboza y Nuestra Señora de La Paloma por Alfredo Maurente (detalle).


Agradecimientos:


Cecilia Brugnini / Sergio Caplan / Eduardo Cardozo / Isabel Cavadini / Ema Crottogini / Osvaldo do Campo / Adriana Dupont / Kirai de León / Julio Elizalde / Eloísa Ibarra / Enrique Gómez / Laura Juan / Estela Magnone / Ana Prego / Marlene Profumo / Paola Puentes / María Luisa Ritorni / Osmar Santos / Fernando Stevenazzi / Darvi Vargas / Guillermo Vitale (h).
Casa del Autor, Museo y Centro de Documentación de AGADU / Casa de la Cultura, Intendencia Municipal de Paysandú / Intendencia Municipal de Rivera / Colonia Dr. Bernardo Etchepare.


Créditos de la Exposición:

Curaduría: Pablo Thiago Rocca / Coordinación general: Pablo Thiago Rocca y Alicia Pérez / Asistencia general: Carolina Muniz / Producción: Fundación Unión / Restauración: Alicia Barreto / Montaje en sala: Rodrigo Candia y Pedro Abdala

Gorki Bollar (1944-2015) El pintor de sueños lúcidos


La noche del 27 de marzo pasado, en momentos que se desmontaba en Dodecá su primera muestra individual en Montevideo, falleció en Holanda Gorki Bollar.  Este pintor uruguayo de singularísima trayectoria tenía su pequeño atelier instalado en Ámsterdam, desde hace cuatro décadas. A principios de los años sesenta Gorki asistió al taller de José Gurvich en el Cerro y con un grupo de alumnos y colegas fundó el grupo “Taller Montevideo” (TM), que realizó varias exposiciones colectivas en Uruguay continuando la línea estética del Universalismo Constructivo. Obtenida una beca para viajar Europa en 1966, los cuatro artistas más activos del TM –Armando Bergallo, Héctor Vilche, Clara Scremini y el propio Gorki, luego se le uniría Ernesto Vila y Susana do Pazo–, se volcaron hacia un arte más experimental y rupturista, ligado al cinetismo y las performances callejeras. 
Alcanzaron un sitial de destaque en las neovanguardias europeas y norteamericanas del momento (actuaron en París, en Londres, en Chicago, representaron a Uruguay en la Bienal de Venecia). El legendario grupo continuó trabajando con variaciones en su integración hasta los albores del siglo XXI, pero Gorki se había separado a mediados de los años setenta para instalarse en Ámsterdam y dedicarse de lleno a la pintura, a la que, por otra parte, nunca había abandonado del todo. 

Mantuvo a lo largo del tiempo una estrecha amistad con los otros tres fundadores del TM  –todos aún muy activos en Holanda y en Francia- así como con sus vínculos en Montevideo. De hecho mantenía un contacto epistolar a través de cartas postales, e-mails y vía facebook, con una red de artistas y amigos uruguayos, con una frecuencia asombrosa. Nunca dejaba de responder un mensaje. Al igual que en su pintura, en su correspondencia Gorki transmitía un aire de cordialidad y delicada contención. Era muy reservado y evitaba las confidencias. Sin embargo, en una oportunidad se aventuró -con su estilo cauto- a contar algo de su historia:

Bollar, mi apellido, viene del nombre de un pueblo de la provincia de Vizcaya. Mis abuelos paternos ya habitaban en el Departamento de Treinta y Tres, donde tenían campo para dedicarse a la agricultura. Mi padre, Tomás Bollar, perteneció allá por los años treinta a una organización anarquista, llamada Lucha Libertaria, la cual había contribuido a formar al lado de un grupo de compañeros.  Publicaban textos y poesías relacionados con sus ideas; había entre ellos quienes escribían y otros que pintaban y exponían sus obras. (Su escritor favorito era Máximo Gorki, y por eso me dió su nombre). Todo esto sucedía en Treinta y Tres. Hacia 1939 mi padre se establece en Montevideo, donde trabaja como jefe de personal de una empresa de Montevideo. Aquejado por problemas de salud, mi padre falleció a temprana edad, en 1952. Me fue posible llegar a conocer su idealismo y convicciones. Elementos que más tarde encontraría en José Gurvich y su entorno. Conocí a Gurvich a través de Armando Bergallo y Héctor Vilche, que iban los domingos a pintar al Cerro. Gurvich dijo reconocer un primitivo en mí  […]   A los pocos meses, en 1962, fui invitado, junto con Bergallo y Vilche, a exponer en Amigos del Arte, que quedaba entonces en la calle Juan Carlos Gómez , siendo ésa mi primera exposición.”

Hasta hace muy poco, en Uruguay se desconocía su obra o se subvalorada. Los obstáculos para su asimilación no radican tanto en la inaccesibilidad de los originales como en su incómoda clasificación. Primero fue un pintor constructivo, más tarde incursionó en la pura abstracción (como telón de fondo a las creaciones del TM), luego realizó una figuración que al primer golpe de vista recordaba a los pintores naïf. 

Un estudio más detenido revela una increíble coherencia pictórica que se manifiesta y perdura en la sutileza de la línea, en la riqueza tonal y en una estructuración “de bajo ruido”, es decir, no marcada con cuadrícula ni con regla áurea. Es una pintura que lejos de ser anecdótica o de carecer de conflictos, acomete la extraordinaria aventura de transmitir estados anímicos sutiles, iluminaciones secretas, melancolías silenciosas, como si pintara sueños (pero no en la clave estentórea y pesadillesca de los surrealistas). 

La manera en que dispone sus personajes –léase personas, animales, bicicletas o copas de árboles– y los detalla con paciente destreza de miniaturista, nos obliga a pensar qué lugar ocupan en su pequeño mundo colorido, qué funciones cumplen, y por reflejo especular, qué papel jugamos nosotros, los contempladores de esas escenas luminosas y tocadas por el misterio. Reflexionando sobre su maestro Gurvich, Gorki escribió: “siempre he sentido que través de sus lecciones uno recibía una energía para continuar trabajando toda la vida. Como él decía: -‘...la pintura es una cosa que lo agarra a uno y ya no lo suelta más’.” La pintura no abandonó jamás a Gorki. Fue el barco por el que navega aún su imaginación, impulsada por una brisa fresca o como por arte de encanto.


Nota publicada por Pablo Thiago Rocca en Brecha, Nº 1533 p. 27, 10 de abril 2015. 
Imagen de Gorki del año 1967, gentileza de Walter Diconca.

Repercusiones de la muestra de Gorki Bollar: queda una semana



Al filo de las expresiones "naïf" y los nuevos primitivos, la obra Gorki Bollar destaca por su delicada factura e impactante cromatismo. Queda poco menos de una semana para que el visitante pueda apreciar obras originales de este artista radicado en Amsterdam, Holanda. Hasta hace muy poco, sus trabajos eran escasamente conocidos en el panorama de las artes visuales uruguayas. Esta muestra que culmina el viernes 27 de marzo, primera individual de Bollar en Uruguay, busca resarcir este desconocimiento. Hemos por ello seleccionado algunas críticas que han aparecido en la prensa nacional y alentamos al público a visitar la muestra.

Los sueños lúcidos de Gorki Bollar en Dodecá, calle San Nicolás 1306, a una cuadra de la rambla de Punta Gorda. De lunes a sábados de 10 a 21 horas. Hasta el viernes 27 de marzo de 2015.

"Lúcidos, solitarios, primitivos. En los pequeños cuadros hay perros, árboles, calles, casas, canales de agua, globos aerostáticos y algún barco, con su chimenea desproporcionada, de tamaño inapropiado para la composición general y en relación al resto de las figuras. Hay mucho color, es cierto. Si no fuera por el color, serían de enorme peso emocional, casi insoportables.  Hay hombres insertados en esos paisajes urbanos, sobre todo hombres con sombras de barba de pocos días en el rostro. Pero hay hombres y perros y árboles extraños, sueltos en el plano de la pintura, recortados, desnudos, sin sentido evidente, sin vínculos aparentes, desconectados, cada uno en su propio contorno. Algunas figuras están desnudas. Otras vuelan de costado por un cielo azul claro sin rastros de movimientos. Otros posan sobre un caballo, otros caen de globos o miran de frente al espectador, intrigantes e intrigados. La mayoría son toscos, duros, enigmáticos. Las escenas son aparentemente frías, silenciosas, estáticas. Son Los sueños lúcidos de Gorki Bollar, título de la muestra inaugurada en la pequeña y siempre luminosa sala blanco de Dodecá, en su sede de Punta Gorda, en la calle San Nicolás. Su autor, un artista uruguayo radicado en Holanda desde 1976, un hombre de nombre ruso puesto por su padre en homenaje a Máximo Gorki, mezclado con un apellido de origen vasco.
La exposición de Gorki Bollar (Montevideo, 1944), cofundador del Taller Montevideo (1963), un grupo mítico de los años 60, de investigaciones en el campo de la cinética y las novedades tecnológicas, incluye algunas pinturas y una serie interesante de dibujos, publicados en el libro La bicicleta etrusca, de Pablo Thiago Rocca. Se completa con algunaos recortes de diarios de los años 60 y varios testimonios sobre la presencia histórica del autor y su grupo en estas tierras, antes de radicarse definitivamente en Europa. Hay algunas fotos divertidas. Un grupo de cinco jóvenes con poleras negras en una pose que se parece más a un grupo musical que a artistas plásticos. Está fechada en la año 1967 en Londres. Allí están de pie, sonrientes, con algún pucho en la mano los cinco integrantes del Taller Montevideo: Héctor Vilche, Clara Scremini, Armando Bergallo, Gorki Bollar y Ernesto Vila. En la misma vitrina, una nota titulada “Taller Montevideo triunfa en Londres”, que habla de una experiencia realizada con un director de teatro uruguayo, otra que da cuenta de la trayectoria del grupo desde su fundación en 1964, de sus raíces torresgarcianas y la realización de algunos murales en lugares de la ciudad. Hablan también de las exposiciones, de los trabajos individuales, de su búsqueda en varias líneas de materiales (tapices, cerámica, piezas metálicas) para finalmente mencionar el trabajo “vanguardista” vinculado a la tecnología, en el que se embarcaron en Europa, especialmente en Inglaterra, ya con la incorporación de Ernesto Vila.
Todo es breve y preciso en este acercamiento al artista que fue alumno de José Gurvich (1927-1974), quien entre otras cosas le recomendó seguir su propio camino. Alcanza para ver una obra madura, con la solidez de un autor que supera la apariencia aunque simule que fue realizado por un niño. Algo casi imperceptible de Gurvich hay también en esos personajes desatados, recortados en el plano, desubicados en el conjunto que impacta por su limpieza, sencillez, claridad y tonos personales. Pero lo que en Gurvich bulle con imágenes infinitas y explosión interminable, en Bollar aparece en construcciones precisas de imágenes aisladas, de figuras aparentemente desconectadas. Hay extrema selección, ahorro en el desborde, con recursos desplegados en construcciones plásticas limpias que empujan a la extrañeza, perturban, involucran. En estos mundos construidos a plano de color tan personal, el autor se queda con lo esencial. Y logra que el factor humano juegue un rol en primer plano, desconcertante. Como en los sueños, pero en el sueño ‘lúcido’ del que habla el artista, donde uno parece elegir y despejar y soplar para que quede lo sólido, lo que está bien pegado como en un collage, lo que no se deshace en el aire.
La muestra incluye algunas pinturas con el estilo particular del artista, catalogado por sus trazos entre primitivo y naïf, aunque él mismo se ha encargado de descifrar estas fronteras a veces difusas. “Los naïfs tienden a mirar hacia fuera, a través del lente naïf. Por el contrario, el primitivo puede ser descrito como alguien que observa el interior con un ojo inocente, y en él ve un mundo de formas imaginadas”. Es cierto, Bollar está cargado de inocencia pero también de introspección. Mira hacia adentro y esa combinación es conmovedora.
Sus dibujos están casi en proceso de realización. Pero no son borradores. O al menos, parecen eludir este pequeño y sutil límite en el que la línea queda en suspenso a la espera de alguien que la complete, esa margen extraño donde la imagen termina por afirmarse, rebelada ante al insistencia de su creador. Esos dibujos ya están prontos, aunque escasamente poblados. Sus figuras humanas parecen recostadas al papel, a ese espacio vacío y terrible en el plano blanco del papel.  Un vacío propio de la mano que decide irse y apenas tocar la creación inicial, básica, la más provocadora. Es la vida que surge en un par de trazos rígidos, estáticos, a imagen y semejanza de la plenitud lograda en los hombres a color, a plena luz, en el borde la una ciudad atravesada por un canal, por globos, por gente que anda en bicicleta. Hay rostros que vuelven una y otra vez su mirada hacia el espectador, interrogantes, curiosos. Son hombres y mujeres de rostros cortados a hachazos, fuertes, de narices chatas y pocos detalles. Casi todos serios, aunque alguna sonrisa parece escapara de un leve movimiento de labios. Pero a diferencia de las pinturas, están en otro contexto, más radical, más existencial, tal vez por propio vacío material. Aparece uno detrás de una escalara pesada que no va a ningún lado, otro en una callecita solitaria, apretado por edificios de un paisaje exótico. Hay figuras míticas pero delicadas, hay sombras que apenas se insinúan, hay árboles que parecen formas de un territorios imposible de definir.

Es imprescindible e ineludible que el arte llegue a ese punto de simulación en el que un cuerpo humano ya no lo es, un río ya no es un río, un paisaje no se parece a nada que uno haya visto en este mundo. La obra de Bollar es cautivante, esencial en esa soledad, en esos mundos soñados, en esas figuras que esperan expuestas, de cara al visitante, para apelar a la poca lucidez que todavía pueda rescatar de la mirada del otro. Como los nios cuando miran desconcertados o lejanos. Desde la emoción que provoca estar a punto de descubrir algo. Esa es la sensación final de una obra y un artista uruguayo fugazmente recuperado." Carlos A Muñoz. Búsqueda. Jueves 19 de febrero de 2015. Pág. 37.

Dibujos en Relaciones. El número de marzo 2015 de la revista Relaciones, que dirige Saúl Paciuk, fue ilustrado con nueve dibujos de Gorki Bollar. En esta revista se publica también un fragmento del texto que fue titulado en este mismo blog como Sueños lúcidos. Un acercamiento a la pintura de Gorki Bollar: "GORKI BOLLAR, el plástico uruguayo que reside en Holanda, es el autor de los dibujos que se reproducen en este número, en los que un aire enigmático omnipresente los aproxima a lo que Pablo Rocca llama 'sueños lúcidos'. Las obras se exhiben en la Fundación Dodecá, durante todo el mes de marzo."

Dos pintores en síntesis. "...Por su parte, el Centro Cultural Dodecá presenta a Gorky Bollar (Montevideo, 1944), cofundador del histórico Taller de Montevideo en 1963, junto a Armando Bergallo, Héctor Vilche, Clara Scremini, en su primera exposición en el Semanario Marcha, ampliando sus integrantes y técnicas en la muestra del Jockey Club (entre ellos Susana do Pazo, hoy reconocida restauradora), para luego agregarse Ernesto Vila. Disconforme con el ambiente, el grupo fundacional se marchó a Europa donde adquirió nombradía por su audacia experimental (Ámsterdam, Londres, Venecia, Chicago). El grupo se disolvió en 1979, se llamó Taller Ámsterdam y redujo el número de integrantes. En 2000 estuvieron en el Museo Nacional de Artes Visuales y todavía el país tiene una agenda pendiente con su extensa y original actividad, que sigue, con variaciones, hasta hoy, separados definitivamente en 2004. Bollar fue uno de los primeros en separarse para seguir un camino individual. Se aferró a la pintura. El pequeño espacio de Dodecá se adecua como un anillo al dedo a sus dibujos y pinturas. Once dibujos que ilustran La bicicleta etrusca (2014), poesías de Pablo Thiago Rocca, siguiendo una línea narrativa que de manera sesgada e incorrecta está afiliada a los ingenuos yugoslavos y a la corriente metafísica italiana de Giorgio de Chirico, así como las cinco pequeñas pinturas y una de formato mediano, fechadas entre 1967 y 2012 / 2013. Tienen un cierto encanto, aunque no siempre están bien resueltas, pero es aventurado sacar conclusiones cuando se ignora lo que pasó en medio de las fechas mencionadas. En contraste con la limpidez del montaje, se hace notar la desprolijidad del jardín de entrada y los yuyos de la vereda. Influencia de la cultura mujiquista (sic), quizá, conquistadora de un amplio sector de la sociedad uruguaya.." Nelson Di Maggio, Voces, 5 de marzo de 2015. 



Sobre los dibujos de La bicicleta etrusca,  cuyos originales se exhiben en Dodecá:  "... El plástico Gorki Bollar hace más que ilustrar el texto. Genera su propio universo, en parte paralelo y en parte en diálogo, que al darle un ancla figurativa a esta Etruria y sus habitantes, curiosamente no la situá más cerca del lector, sino que la aleja. Así, la Etruria de Rocca y Bollar es tan inalcanzable, que sólo se puede llegar a ella a través de la poesía. Cualquier otro puente resulta inoperante..." Roberto López Belloso, Brecha, 17 de octubre 2014.


Arte onírico. Nota televisiva de Gustavo Fernández para Televisión Nacional Uruguaya sobre la muestra de Bollar.  Para ver el video haga clic aquí



Imágenes: Las dos postales al inicio que reproducen cuadros de Gorki Bollar y el boceto a lápiz, son gentileza de Susana Do Pazo.

Arte y mito en el árbol de la vida


Es una exposición como pocas se han visto en Uruguay en materia de arte popular y artesanías, tanto por su cantidad 600 piezas como por su calidad. Grandes Maestros del Arte Popular Mexicano1 es un paseo obligado no solo para los amantes de las creaciones populares sino para todo aquel que aprecie las artes plásticas en su más vasta acepción.

“Bien plantada. No caída de arriba: surgida de abajo. Ocre, color de miel quemada. Color de sol enterrado hace mil años y ayer desenterrado. Frescas rayas verdes y anaranjadas cruzan su cuerpo todavía caliente. Círculos, grecas: ¿restos de un alfabeto dispersado? Barriga de mujer encinta, cuello de pájaro. Si tapas y destapas su boca con la palma de la mano, te contesta con un murmullo profundo, borbotón de agua que brota; si golpeas su panza con los nudillos de los dedos, suelta una risa de moneditas de plata cayendo sobre las piedras. Tiene muchas lenguas, habla el idioma del barro y el del mineral, el del aire corriendo entre los muros de la cañada, el de las lavanderas mientras lavan, el del cielo cuando se enoja, el de la lluvia. Vasija de barro cocido: no la pongas en la vitrina de los objetos raros. Haría un mal papel. Su belleza está aliada al líquido que contiene y a la sed que apaga. Su belleza es corporal: la veo, la toco, la huelo, la oigo. Si está vacía, hay que llenarla; si está llena hay que vaciarla. La tomo por el asa torneada como a una mujer por el brazo, la alzo, la inclino sobre un jarro en el que vierto leche o pulque –líquidos lunares que abren y cierran las puertas del amanecer y el anochecer, el despertar y el dormir…”. Sabrá disculpar el lector esta larga cita inicial, pero no es posible hablar de la artesanía mexicana sin remitirse al ensayo que Octavio Paz dedicó al tema bajo el título “El uso y la contemplación”.2 
Comenzar con Octavio Paz obliga también, por contraste, a evocar la figura de Juan Rulfo: tradiciones literarias extremas que nos recuerdan la complejidad radical de un México dadivoso de arte y maravilla. Pues, tras la aparente simplicidad temática del arte popular dimana siempre, como en la buena literatura de aquellos dos mexicanos, una complejidad secundaria o terciaria. En el caso de la artesanía, desvelado el motivo simple y a veces risueño, despunta luego un barroquismo mareador, una técnica preciosista o una profundidad arquetípica en las imágenes que se adentra en la noche de los tiempos. Esta ambivalencia que se descubre de forma progresiva o escalonada es quizás la característica más notable y común del arte popular. (A diferencia del arte contemporáneo que muy a menudo se basa en un solitario golpe de efecto).
Los objetos artesanales parecen seguir una tradición estacionaria, rígida y duradera, pero cada artesano le imprime su toque y modifica con las manos una línea de trabajo centenaria. En esa tensión entre lo que viene del pasado y lo que fructifica en el presente, entre el conocimiento que abreva de la familia y de la comunidad toda, surge una obra que es síntesis colectiva y arte con mayúsculas.
Porque las artesanas y artesanos mexicanos, como pronto caerá en cuenta el visitante de esta muestra, no se andan con pequeñeces.3  Los alfareros, por ejemplo. Nombres como Jorge García Antonio y Dorotea Mateo Sánchez han concebido piezas de gran porte donde hasta los detalles son monumentales. Gigantes cuencos con cabeza de gallina (en un estilo próxima a cerámicas paraguayas de Itá), una figura femenina con un sapo como tocado sobre en la cabeza, vestidos florales, una mujer que abraza dos cisnes que tocan el violín y felinos que tocan la flauta. La imaginería fantástica de Irma García Blanco surge de un contacto con la naturaleza –animales de corral, domésticos y salvajes– muy distinta y distante de la producción industrial, ya que implica otras formas de ver y fabular el entorno. En un gran número de piezas la función de las mismas es simplemente decorativa o tímidamente votiva. Es decir, pesa más la función de símbolo que la utilitaria (si la tuviere), precisamente porque como sostiene Octavio Paz, “pertenecen a un mundo anterior a la separación entre lo útil y lo hermoso”.

Seis pilares. La riqueza del arte popular mexicano descansa, según José Tudela de la Orden, en seis pilares.4 El primero de ellos es la diversidad de culturas precortesianas –olmeca, tolteca, teotihuanaca, huasteca, maya, totonaca, mixteco-zapoteca y azteca– que según este autor fueron “más variadas en estilos y con más sentido decorativo que las artes del otro gran foco cultural, el Central-Andino, del antiguo Perú”, en donde primó un concepto ingenieril sobre el decorativo y el arquitectónico. (No entraremos en discusión  sobre este punto, respetamos el juicio de Tudela en tanto propone una noción de “arraigo” de las artes manuales más que de contenido propiamente dicho). El segundo pilar se erige gracias al temprano ingreso por mar de los contingentes españoles, y su relativa facilidad de acceso en comparación con otros destinos americanos, como los puertos peruanos o rioplatenses, situación que fomentó una mixtura cultural más intensa y precipitada. El tercer pilar consistiría en el influjo francés a través del Imperio de Maximiliano que, aunque efímero, condujo misiones científicas y artísticas que dejaron su huella. En cuarto lugar, “por ser la puerta de entrada del puerto de Acapulco de las influencias artísticas orientales aportadas por el Galeón de Manila, pues aunque esta influencia se dejó sentir en todo el arte virreinal, fue mucho más intensa en las artes decorativas de Nueva España.” El quinto pilar, según entiende el cronista español, el carácter nacionalista mexicano volcado a un indigenismo entusiasta en todos sus matices regionales, desde la indumentaria a las fiestas pasando por los instrumentos musicales, que hace “de los propios mexicanos grandes compradores de objetos de su arte popular”. Por sexto y último pilar, se entiende el crecimiento del turismo y la proximidad de los Estados Unidos de Norteamérica como de extraordinaria importancia para el impulso económico de estas expresiones.
Pese a que estos fundamentos fueron expuestos hace ya  medio siglo, explican, al menos los cuatro primeros, la variedad social y la relevancia histórica del arte popular mexicano. Nada nos gustaría más que creer que los dos últimos pilares siguen vigentes,  pero sería ingenuo creer que la globalización de los mercados no haya operado en su contra. De hecho, esta muestra es expresión de la necesidad de apoyo ante la posible desaparición del saber artesanal. El éxito de la exposición debe medirse pues, no solo dentro los límites físicos de la muestra sino en la amplitud de sus cometidos y alcances sociales. (Ver líneas abajo "Contra el peligro de extinción")

Árbol de la vida y la muerte. La populosa presencia de la muerte en forma de calaveras, como era dable esperar, conoce infinitos matices en esta muestra. Oscar Soteno García construye con simpáticas calacas los florecientes árboles de la vida, y las mezcla con las danzas típicas mexicanas. Alfonso Castillo concibe un magnífico árbol homenaje al mole. El árbol de la vida es, en manos de estos maestros, un continuo e inevitable entrelazamiento. El barroco es vivido como un fenómeno de paciencia expansiva. Comienza con formas sencillas que se superponen hasta llegar a lo complejo, pero no hay solución de contigüidad. Así el árbol vincula al individuo con lo anónimo, liga al mundo religioso con el profano. Es un laberíntico eje del mundo por donde circula la energía atávica de la vida y el fulgor de la muerte. Todo ha de transcurrir entre el cielo y la tierra: los pesebres o natividades, la revolución de Pancho Villa y las bodas, la parada de ómnibus y los músicos ambulantes. Al cabo, el mundo imaginado se desliza en un mestizaje alegre de color y ternura. Las gigantes piñas puntiagudas y las torres de ollas de Pedro Ruiz Martínez participan también de esta algarabía barroca. Todas las piezas, en su visible factura humana, táctil, invitan a ser palpadas: de allí la proliferación museística de los carteles prohibitivos, “Por favor no tocar”.
Naturalmente no hay un único recorrido posible. Como la vista de uno de sus árboles de la vida, la exposición puede ser una experiencia caótica y sensual. En una sala nos reciben tres estilizados jaguares de buen tamaño, creaciones de Alberto Bautista Gómez, y al salón contiguo, en un sector destinado a las máscaras, descubrimos una asombrosa que lleva tres rostros y cuatro ojos. Se ha moldeado de tal forma que una única máscara compone dos caras asombradas y un tercera llena de ira, con un sentido de la economía realmente macabro.
En su realidad inabarcable la muestra nos transmite algunas certezas: la vitalidad de las expresiones populares mexicanas y su ligazón con los arquetipos y las imágenes ancestrales. La gratuidad del gesto artesanal que no escatima tiempo ni trabajo, la generosidad de materiales y color, la alegría no por infantil menos cierta de descubrir la miniatura encapsulada en lo pequeño… todo eso debe venir atado al mito –al sueño profundo que bebemos noche a noche–. Para que sobrevivan y no sucumban ante la invasión global de los souvenirs y las baratijas importadas, las prácticas artesanales deben palpitar un verdadero arraigo en la costumbre y en lo fantástico cotidiano, por parte de quien realiza y de quien compra. No se inventa la artesanía, se recrea. No se puede mentir el sentido de lo popular o de la tradición, pero hay que saber buscar y encontrarla.

Notas

1. Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), Fomento Cultural Banamex, A. C. Hasta 31 de marzo 2015.
2. In/Mediaciones, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1979.
3. Referimos en particular al volumen de trabajo: la miniatura siempre tendrá un lugar de privilegio en el corazón del artesano y México no es la excepción, como lo prueba aquí las asombrosas piezas en filigrana de plata.
4. Arte Popular de América y Filipinas, Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, 1968.


Contra el peligro de extinción

“Factores de muy diversa índole amenazan la producción artesanal tradicional y sus procesos de ejecución; destacan, entre otros, las características del mercado, la escasez o alto costo de las materias primas y el tiempo que requieren para realizarse las piezas de factura más laboriosa.
Es por ello que Fomento Cultural Banamex, A. C. estableció en 1996 el Programa de Apoyo al Arte Popular, generando un modelo de apoyo integral, cuyos objetivos centrales serían: evitar la extinción de las manifestaciones artesanales ancestrales, a través de la formación de talleres y capacitación de maestros y aprendices, reforzar la identidad cultural y el orgullo de los artesanos; coadyuvar al arraigo de la población rural e indígena y al desarrollo de sus comunidades a partir de la creación de nuevos empleos y actividades productivas, así como apoyar la generación de alternativas para la comencialización de la piezas artesanales. Para poder cumplir con objetivos tan ambiciosos se diseñó el proyecto subdividido en tres fases:
1) Identificar las especialidades artesanales y reconocer la labor de los grandes maestros. A través de un trabajo de investigación llevado a cabo por FCB se detectó y reconoció la trayectoria de 181 artesanos. La selección abarcó 117 comunidades distribuidas a lo largo de la República Mexicana. Se desarrolló una clasificación de nueve ramas artesanales –barro, madera, piedra, textiles, metales, papel, piel, fibras vegetales y materiales varios- dividias a su vez de acuerdo a la técnica utilizada, la región donde se aplica, el tipo de obra y el uso que se le de a la pieza.
2) Apoyar la formación de talleres artesanales, la difusión y la promoción de la obra y el establecimiento de contactos para su difusión. En esta segunda fase se destaca la organización de exposiciones artísticas dentro y fuera de México, así como una labor editorial para difundir la riqueza, variedad y calidad de la producción artesanal.
3) Abrir y fortalecer canales de comercialización para la producción artesanal a través de nexos comerciales, convenios mercantiles de los artesanos con importadoras y exportadoras y otros agentes de venta en México y en el extranjero. En sus 18 años de creación el Programa ha beneficiado de manera directa a más de 1.500 familias. Las mujeres y su esfera de influencia –hogar familia– ocupan un lugar importante ya que más de 800 participan directamente en el Programa. Lo mismo ocurre con los grupos indígenas que abarcan 21 etnias de 17 entidades de México. (Comunicado de Fomento Cultural Banamex A. C.)”

* Nota de Pablo Thiago Rocca publicada en 

Imágenges gentileza del MPI



Sueños lúcidos: un acercamiento a la pintura de Gorki Bollar



Pese a que la obra de Gorki Bollar (Montevideo, 1944) ha recibido una gran aceptación en Holanda, donde vive y trabaja desde hace décadas, en Uruguay sus pinturas son escasamente conocidas. Alumno de José Gurvich, integrante y fundador del Taller Montevideo de importante actuación en Europa, Gorki ha mantenido un perfil bajo, con una obra singular que lo aproxima a los “primitivos” –tanto contemporáneos como a los pintores así llamados previos al Renacimiento– y que ha decantado hacia la sutileza de la composición y el encanto del color. Transcurridas cuatro décadas de su partida de Uruguay se ha logrado reunir media docena de pinturas, una quincena de dibujos, más una serie de fotografías, documentos y catálogos que nos brindarán la posibilidad de conocer su trayectoria. “Me fue posible expresarme dentro de los principios del constructivismo, sin perder espontaneidad”. Sus pinturas son como ventanas por las que nos asomamos a sueños personales, donde la vida cotidiana y los misterios se entrecruzan.*


El modelo interior

En mis cuadros busco referirme a mi propia experiencia personal de la realidad. Esta interpretación conduce a menudo a un mundo de cosas imaginadas, lo que André Breton llama "el modelo interior".GB 1

Es un fenómeno de relativa extrañeza. No tanto en cantidad como en cualidad (parece que es sensiblemente más frecuente en los durmientes infantiles). Los sueños lúcidos son aquellos en que el soñador puede controlar con su propia conciencia el desarrollo de la escena onírica. Algo que para el resto de los soñadores parece imposible. El soñador lúcido, que ha practicado muchas noches o tardes de siesta su oficio de durmiente precavido, puede trastocar el devenir en apariencia azaroso –aunque psíquicamente pautado– de los personajes de sus sueños, mover las piezas del tablero, introducir nuevos acontecimientos y navegar en el mar de los imprevistos. Puede mirarse las manos y decir “quiero volar” y acto seguido largarse en veloz carrera para remontarse sobre el prado o la orilla de un río. Los sueños lúcidos suelen más claros –el practicante puede hacer uso de su arsenal de recuerdos–, más diáfanos, y estar embebidos por una aguda conciencia de los detalles. Como todo soñador, siempre se está en el centro del universo y los actos le persiguen solo a él.
Ante algunos cuadros de Gorki Bollar hemos sentido la misma sensación de extrañeza y vértigo. Es, quizás, una cuestión de estilo. Sus obras parecieran traducir al lenguaje plástico un psiquismo ascencional, auténticamente positivo. Los personajes de sus pinturas están allí cumpliendo no se sabe qué simbólica tarea, que a todas luces, y por más enigmática que parezca, resulta tremendamente útil para su propia diégesis, su mundo narrado. Tal vez no haya nada de extraordinario en montar una bicicleta, pasear un perro, observar una embarcación. Pero la forma en que estos actos se presentan disociados y al mismo tiempo conectados por un delgado hilo de expectación, convierten a los cuadros de Gorki en un espacio de trascendencia: algo ha sucedido o algo sucederá o algo está sucediendo entre nosotros, presencias diminutas que habitamos este universo luminoso y transparente.
De hecho, a menudo el espacio en las pinturas de Gorki, acusa una perspectiva con puntos de fuga muy pronunciados: simulan ventanas por donde nos asomamos para escrutar el misterio de su cotidianeidad. Pero, en un juego especular que conviene a esta lógica de los sueños lúcidos, también los personajes de sus cuadros son convocados a observarnos. Provienen directamente desde distintas zonas de la fulgurante ciudad pintada para contemplar al observador del cuadro –del mismo modo que antes debieron detener su “mirada” en el creador durante el acto demiúrgico de los pinceles– y pareciera incluso que pospusieran para ello sus actividades o hicieran un alto en la jornada. El cuadro es una zona de intercambio de miradas entre personajes y personas, y esta doble interpelación, por su extravagante lucidez y su calculado avance, opera como “un falso despertar” en términos oníricos, es decir, un trasvasamiento de los planos ficticios y reales. Desde “aquel otro lado” –que es la pintura y el mundo interior de Gorki–, los habitantes también parecen animados por una curiosidad dirigida a nuestra peripecia mundana, y han llegado a la misma, precisa y tal vez incómoda –en tanto cuestiona también su estatus ontológico– situación de voyeur.


Un nuevo primitivo

Siempre me sentí inclinado hacia los temas del Cristianismo, admirando la pintura flamenca o veneciana. Además se dio que Holanda tiene una tradición de una especial veneración por la Biblia y el Cristianismo Primitivo, es decir de antes del Siglo IV; todas cosas que comparto. GB 2

“¡Pero usted es un primitivo!”, exclamó José Gurvich (Lituania 1927 – Nueva York 1974) cuando un joven le mostró sus primeros dibujos.3  Y lo dejó seguir camino, confiado en que el instinto es el más sabio de los consejeros, precisamente porque el instinto no da ni escucha –“como la dalia en el tintero”, agregaría Medina Vidal– consejos. No se equivocaba José Gurvich. Especialmente si consideramos que el término “primitivo” aplica no sólo a los llamados pintores ingenuos, sino a aquellos de la baja Edad Media y comienzos del Renacimiento. El mismo artista ha declarado a texto explícito su inclinación por los pintores flamencos y la expresión de religiosidad de los primeros cristianos, en tanto fuente de inspiración. (v. epígrafe de este capítulo)  “En la constelación de los artistas flamencos, cada uno posee títulos de gloria que le son propios. La maestría natural de Jan y Hubert van Eyck llevó el arte flamenco a su forma más perfecta. La idealización de un tema concreto, que se convierte así en el símbolo de una elevada intuición espiritual: tal es el genio peculiar de Van der Weyden. Y Hans Memling aporta su simpatía por los árboles, los ríos, los campos del país de Flandes.” 4 Hay ciertamente una línea “flamenca” que prosigue la pintura de Gorki: la simpatía por los elementos del paisaje, la delicada precisión en el toque de color, el hierático gesto de las figuras –simplificado  en el artista contemporáneo–, todo lo cual ha llevado a decir a uno de sus seguidores uruguayos que “Gorki es el más holandés de los pintores holandeses contemporáneos”.
¿Cómo se concilia en la obra del uruguayo esta idea de exquisita sutileza de los antiguos pintores flamencos y la relativa tosquedad de los naïf o primitivos modernos? La respuesta está en la manera que está dado el color, y dicho esto no únicamente en un sentido técnico, es decir, no sólo en la manera en que son distribuidos los pigmentos, cercana al miniaturismo y la iluminación de manuscritos del medioevo, sino, principalmente, por el carácter placentero de la ejecución, la alegría serena de un tipo de pintura que exige dosis parejas de concentración y ternura. (La respuesta también puede buscarse en su maestro Gurvich, quien admiraba ambas tendencias y cultivaba una obra que es narrativa y constructiva al mismo tiempo).
Lo que el Aduanero Rousseau (Laval, 1844 – París1910) y los primeros naïf modernos lograron como conquista social de la pintura, fue en esencia la recuperación de la felicidad del color, en ese preciso momento histórico en el que la academia languidecía y las vanguardias “destruían” la forma, al menos, en términos figurativos convencionales. Rousseau, Paul Peyronnet, Camilla Bombois, Séraphine Louis y otros pioneros de la denominada pintura ingenua, aportaron más que una mirada infantil hacia el espacio y los objetos, un color nuevo para recubrirlos, una combinación más libre –pomos de color saturado, prolijo degradé para los cielos, vegetación brillante y opulentamente recreada– consecuente, en ciertos casos, con el paraíso soñado por la clase media francesa que adquiría a la sazón nuevos tiempos de ocio e imaginaba un color y una naturaleza que la ciudad le negaba.
Gorki recogerá algunos de los elementos mencionados, como veremos más adelante, en especial de Rousseau, pero lo hará teniendo como plataforma de despegue los conocimientos “constructivos” adquiridos junto con Gurvich y la escuela del Sur. “Desde el principio mi trabajo mostraba similaridades con el arte de los primitivos modernos, artistas que trabajan fuera de las corrientes artísticas vigentes, y que son a menudo clasificados como naïfs. Pero hay una diferencia esencial entre naïfs y primitivos. Naïfs son por lo general individuos que practican la pintura sin haber recibido una enseñanza formal. Su trabajo es un intento de lograr una copia fiel de la realidad, más que una transfiguración dinámica. Los naïfs tienden a mirar hacia fuera, a través del lente naïf. Por el contrario, el primitivo puede ser descrito como alguien que observa el interior con un ojo inocente, y en el ve un mundo de formas imaginadas…”.5


El Taller Montevideo.

Me fue posible expresarme dentro de los principios del constructivismo sin perder espontaneidad. GB 6

Cuando, aún en Montevideo, Gorki pinte junto con sus compañeros el Taller Montevideo (TM) 7 un mural en la Galería Caubarrere, deberá contenerse y destilar muy sutilmente ese disfrute por “el mundo de las formas imaginadas” . En aquel entonces primaba una rígida disciplina constructiva, que abrevaba principalmente de la doctrina de Joaquín Torres García (Montevideo 1874 – 1949). En el folleto de la primera exposición del TM de 1963 (Pintura Cerámica Tapices) se lee la máxima de G. Braque: “Amo la regla que corrige la emoción.” Susana do Pazo y otros amigos del grupo recuerdan esa severidad de criterios, que los ayudó a tomar conciencia de su misión, a reconocerse en una “mística” y realizar sacrificios por el mundo del arte que hoy nos sorprenden por su valentía.  Pero ya Gurvich había dejado en ellos una semilla: la asunción del camino estético como un sendero de crecimiento individual. Tanto al interno del grupo –el TM continuará exitosamente, aunque variando su integración, hasta comienzos del siglo XXI– o fuera de él, todos los integrantes del TM lograron articular un estilo propio y diferente del resto. Esta relación de cada artista al interior del taller Montevideo mantiene la misma equidistante lógica entre la tradición e innovación, que la de Gurvich respecto a su maestro Torres García: se respeta la tradición –en el caso de TM de una vanguardia militante–, pero no se permanece a ultranza atado a sus preceptos, como aconteció, en cambio, con otros discípulos de Torres.
Ello permitirá el ejercicio de ciertas libertades necesarias: “En cuanto a mi manera de trabajar, Gurvich tenía una idea muy clara de lo que había de proponerme para lograr un resultado. Me dijo una vez: ‘Usted forma parte del grupo del Taller (de Montevideo), eso está bien, porque la compañía de los otros le dará muchas cosas. Pero no pierda de vista su propia personalidad y su manera peculiar de hacer las cosas. Cuando ellos se pongan a discutir y a buscar soluciones, usted tiene que mantenerse aparte. Escuche lo que ellos digan, pero después vaya y haga lo suyo.’ Estos consejos de Gurvich serían para mí de un valor enorme andando el tiempo, haciéndome saber muchas cosas sobre mí mismo.”8 
La influencia del TM en la obra postrera de Gorki no es fácilmente perceptible. La febril actividad del grupo a mediados de los años sesenta, volcado a un arte de resonancias cinéticas y con acciones y performances callejeras de impronta revolucionaria, parecen alejadas del mundo más tradicional de la pintura de caballete. Sin embargo, más allá o más acá de la dinámica grupal, el artista guarda su energía y mantiene un cause subterráneo. “Siempre seguí con la pintura, lo cual combinaba con las actividades del Taller Montevideo, en este caso trabajar en arte cinético o realizar diapositivas con tema abstracto, que luego eran proyectadas en paredes u objetos”. 9 
Perdura y se refleja en ambas instancias una idea de orden, de construcción, que prosigue en la pintura luego de abandonar el TM e instalarse definitivamente en Ámsterdam hacia 1966. Si bien es cierto que su pintura carece de la idea tonal a la manera torresgarciana, la vieja doctrina de la Estructura se manifiesta en los cuadros fantasiosamente descriptivos: las proporciones aúreas siguen jalonando el espacio a través de coloridos contornos. “El constructivismo se basa en una idea de estructura, la relación de las partes con el todo. El oficio del pintor es como el de un arquitecto o un constructor; presupone un concepto de proporción y un sentido de armonía y equilibrio.” 10


Barcos, globos, bicicletas y caballos

“Me llega como una gran luminosidad y una diafanidad  que sugieren algo misterioso y mediterráneo.” 11

Un variado repertorio de personajes entrañables nutre la pintura de Gorki Bollar. No cabe dudas de que algunos de ellos nacen de la observación directa de la realidad, tributo del artista a la ciudad anfitriona, Ámsterdam, surcada por canales, embarcaciones e infatigables bicicletas. Otros elementos cumplen funciones alegóricas o sugestivas de onirismo, como las errantes alondras, caballos y perros, cuya inclusión oscila desde el sustrato mitológico a la superficie de la vida cotidiana. (También son importantes y frecuentes las figuras de músicos y de personajes circenses).
Pero existe un elemento que llama poderosamente la atención por su carácter recurrente: los globos aerostáticos. Son presencias marginales que delatan con su lenta fuga hacia las alturas el dominio de la imaginación y de la felicidad. Como afirma Juan Eduardo Cirlot: “Otra asociación importante a la idea de esfericidad es la de perfección y felicidad. La carencia de esquinas (aristas) equivale analógicamente a la falta de inconvenientes, estorbos, contrariedades.” 12
Por su encendido cromatismo y su gratuidad narrativa, los globos nos recuerdan a los pintores naïf  y en especial al pionero francés Henri Rousseau (1844 – 1910). En la pintura de este último se ven repetidamente globos aerostáticos y biplanos, como en  “Paisaje con grúa y el dirigible Patrie” de 1907-8, “Paisajes con tres pescadores y biplano” de 1908, y a veces ambos artefactos voladores en el mismo cuadro, como en “Orillas del Marne, con dirigible y biplanos” de 1907.13
Un globo diminuto aparece en el famoso autorretrato al aire libre, “Yo, retrato-paisaje” (1889-1890), en la que también asoma una embarcación con banderas, otra probable referencia icónica de Gorki. 14 
Las citas del uruguayo a la pintura de Rousseau no se agotan en la aparición de los globos aerostáticos: hay un empleo escalonado de los planos y un uso aberrante de la perspectiva, así como diferencias de escala entre las figuras dentro de una misma obra, elementos que en Rousseau se dan por inconsistencia técnica y en Bollar es distorsión deliberada.
Y sobre todo, una atmósfera onírica constelada por fuertes contrastes cromáticos y calculados degradé. Pero todas estas afirmaciones parecen contenidas en la figura clave del globo aerostático, de la que los franceses fueron, al parecer,  grandes adelantados, según admite un avesado británico: “It was the French who first enclosed a cloud in a bag”.15 
“Guardar una nube en una valija” es quizás una metáfora posible para el acto pictórico tal como lo practica Gorki Bollar. La noción del viaje implícita en esta imagen surreal está presente en sus cuadros al trastocarse en innumerables medios de transporte –no faltan tampoco helicópteros y tranvías–. Leo Duppen escribió sobre el “regreso” de Gorki Bollar, otros hablan de un “Llegar y partir sin fin” y “un viaje rumbo a lo desconocido”.16  Como si el desplazamiento de la imaginación fuera propulsado por fuerzas motoras mancomunadas en el tiempo y el espacio, los medios de locomoción también se dejan llevar por la levedad del trazo. Hoy la pintura de Gorki nos devuelve a un mundo de imaginación y de sueños navegables. “El hecho de saber que se sueña le permite al soñante ampliar su abanico de opciones así como abordar el contexto onírico con una mayor libertad de acción. No sólo puede controlarse a sí mismo y a sus actos, sino también intervenir deliberadamente en el ambiente, los personajes y el desarrollo de su sueño. Ciertas acciones se presentan con una gran regularidad, como soñar que se vuela o se levita.” 17 Dejémonos llevar por el globo aerostático de Gorki Bollar. Deslicémonos por el paracaídas de su fantasía. Al final de cada viaje nos espera una nueva partida.

Notas.


1. Gorki Bollar, Retrospektief, 2000, Museo Rijswijk, Holanda.
2. Correspondencia con el autor, 17/01/2015.
3. Citado por Tatiana Oroño en José Gurvich: Una paideia desvelada, Museo Gurvich, Montevideo, 2012, pág 32.
4. Willem Vogelsang, La Pietà de Rogier Van der Wwyden, Aguilar Ed., Ámsterdam, 1950, pág 5.
5. Gorki Bollar, “Pintura primitiva: sus conexiones con el realismo y el constructivismo” en Gorki Bollar, Retrospektief, 2000, Museo Rijswijk, Holanda.
6. Ibídem, Museo Rijswijk, Holanda.
7. Fundado en 1963 por los discípulos de José Gurvich Armando Bergallo, Gorki Bollar, Clara Scremini y Héctor Vilche y a los que pronto se suman Ernesto Vila y otros artistas y amigos como Susana do Pazo, Alicia Gilardi,  Nora Schoenemann, entre otros.
8. Citado por Tatiana Oroño en José Gurvich: Una paideia desvelada, pág. 32.
9. Correspondencia con el autor, 17/01/2015.
10. Tomado de Gorki Bollar, Retrospektief, Museo Rijswijk, Holanda, 2000, .
11. “Pronto tendré más dibujos para mandarte” A propósito de los manuscritos de La bicicleta etrusca (pozodeagua ediciones, Montevideo, 2014), que el autor de esta nota envió a Gorki en el año 2013 con la intención de trabajara en dibujos que acompañaran el poemario, como finalmente aconteció. Correspondencia con el autor del 23/12/2013.
12. Juan-Eduardo Cirlot. Diccionario de símbolos, Entrada Globo, Ed. Labor, Barcelona, 1978, pág. 218.
13. Incluso la presencia de los dirigibles ha servido para estimar la datación de la obra.“La identificación del dirigible con ‘Patrie’ y la noticia de que su primera ascención no tuvo lugar hasta 1907 han permitido fijar un seguro termino ante quem non…”. La obra completa de Rousseau, Ed. Origen, Barcelona, 1990. Equipo editorial: Jaime Pr, Caterina Molina, Romén Solé, Carlos Dorico.
14. “La torre Eiffel, visible tras el mástil de la nave, la misma nave empavesadao y quizás también el globo constituyen probables referencias a la Exposición Universelle de 1889..” Ibidem, La obra completa de Rousseau, 1990.
15. C. H. Gibas – Smith, Ballooning, Companion Royal Aeronautical Society, Penguin Books, Londres, 1948.

* La muestra Los sueños lúcidos de Gorki Bollar que se lleva a cabo en el Centro Cultural Dodecá (San Nicolás 1306, Montevideo, 3 de febrero – 31 de marzo 2015), no hubiera sido posible sin la colaboración de numerosos amigos. A todos ellos quiero manifestar mi más profundo agradecimiento. En especial a María Cristina Azambuya, Jorge Barreiro, Alicia Barreto, Cristina Bausero, Daniel Benoit, Susana do Pazo, Álvaro Gelabert, Rodrigo Gutiérrez Viñuales, Tatiana Oroño, Frida Silverman y José Wainkrantz.




Correspondencia


“Esta es una foto de 1948, estoy en la puerta de mi casa en la calle Gaboto. Mi padre era aficionado a barcos y embarcaciones, y me había hecho un submarino de madera, que él mismo pintaba. (El escritor favorito de mi padre era Máximo Gorki, y por eso me dió su nombre.)”

(21/12/2014)

***

Yo 'paraba' en la esquina de Eduardo Acevedo y Durazno, y a veces concurría un muchacho llamado Francisco Varela; él a su vez estaba vinculado a Bergallo y a Vilche, y a veces nos invitaba a ir al apartamento de Convención 1412, donde vivía Bergallo.
De ahí se dió un contacto con José Gurvich, que les daba clases de pintura en su taller del Cerro.

(17 de enero de 2015)

***

“Bollar, mi apellido, viene del nombre de un pueblo de la provincia de Vizcaya de donde
probablemente provienen mis ancestros. Mis abuelos paternos ya habitaban en el Departamento de Treinta y Tres, donde tenían campo para dedicarse a la agricultura.

Mi padre, Tomás Bollar, perteneció allá por los años treinta a una organización anarquista, llamada Lucha Libertaria, la cual había contribuido a formar al lado de un grupo de compañeros.  Publicaban textos y poesías relacionados con sus ideas; había entre ellos quienes escribían y otros que pintaban y exponían sus obras.
Todo esto sucedía en Treinta y Tres. Hacia 1939 mi padre se establece en Montevideo, donde trabaja como jefe de personal de una empresa de Montevideo, La Liga Sanitaria. Aquejado por problemas de salud, mi padre falleció a temprana edad, en 1952. Me fue posible llegar a conocer su idealismo y convicciones. Elementos que más tarde encontraría en José Gurvich y su entorno.

Conocí a Gurvich a través de Armando Bergallo y Hector Vilche, que iban los domingos a pintar al Cerro. Para ese entonces yo me había puesto a pintar por mi cuenta. Habiendo producido unos paisajes, se los di a Bergallo y Vilche, para que se los mostraran a Gurvich. Él dijo reconocer un primitivo en mí, y me invitó a formar parte del grupo de los domingos, el cual estaba integrado por amigos que iban a pintar al taller del Cerro.

A los pocos meses, en 1962, fui invitado, junto con Bergallo y Vilche, a exponer en Amigos del Arte, que quedaba entonces en la calle Juan Carlos Gómez , siendo ésa mi primera exposición.

(17/12/2014). En la foto: Héctor Vilche, Clara Scremini, Armando Bergallo, Gorki Bollar, Ernesto Vila, Londres.
           
***

“... Me resulta más fácil trabajar en cuadros, sobre todo porque la técnica es a la inversa que con los dibujos.
Cuando se pinta un cuadro es siempre posible superponer pinceladas, determinar un contorno,
y si no te convence del todo simplemente le pintas por encima una nueva versión.
Lo cual no es posible en técnicas sobre papel, y sobre todo con acuarela; tiene que quedar bien de entrada, porque después no se puede borrar o cambiar nada...”

(23/11/2013)
           
***


“Hola Thiago,
Acabo de recibir y leer el texto de 'La Bicicleta Etrusca'. Me ha gustado mucho: es un mundo con el cual siento una gran afinidad.
Muchas gracias por pensar en mi trabajo para participar en el libro.
Pronto te haré llegar algunos dibujos que haga tomando tus poemas como punto de partida.
Hasta pronto, un abrazo,
Gorki.”

(05/11/2013)

           
***


“Hola Pablo,

Me alegro de que hayas podido visitar la muestra en el Museo Gurvich. Es muy cierto lo que dices acerca de lo bueno que es conocer a un verdadero maestro.
Siempre he sentido que través de sus lecciones uno recibía una energía para continuar trabajando toda la vida. Como él decía: -‘...la pintura es una cosa que lo agarra a uno y ya no lo suelta más’.

Abrazo,
Gorki.”

(20/8/2012)