El informe Maurente 2021



La pandemia del Covid-19 ha tenido un efecto nefasto sobre los artistas y el campo cultural en general. Los artistas plásticos –pintores, escultores y artesanos– se han visto sumamente afectados por la crisis y han tenido que sobrevivir en base a pura imaginación y esfuerzos doblegados, sin poder evitar las privaciones por la baja de las ventas, la imposibilidad de sostener los cursos o talleres que impartían y la pérdida de las fuentes laborales. 

También las galerías y los museos sufren la ausencia de visitantes extranjeros, de los grupos escolares y liceales que nutrían sus salas, y el notorio descenso en la cifra de visitantes nacionales, ya que muchos de quienes se interesan por la cultura y son habitués “espontáneos” de los museos y galerías, constituyen por su rango etario población de riesgo y han reducido su movilidad social. Es cierto que esta situación ha sido general para todos los países de la región, y del mundo, pero la respuesta colaborativa de cada Estado ha sido diferente dependiendo de los recursos económicos y de las políticas de contención social. Incluso varía según las diferentes micro-políticas locales y el esfuerzo de las comunidades y agrupaciones sociales para contrarrestar los procesos de deterioro del entramado cultural y de los medios de subsistencia.

Si para los artistas vivos y más activos, así como para los museos con más recursos financieros,  la situación es muy complicada, ¿qué se podría esperar para las obras de una artista autodidacta fallecido hace más de 45 años, alguna de cuyas obras se encuentran desde entonces a la intemperie?




El “informe Maurente" de este año no puede arrojar, en este sentido, novedades auspiciosas. No han sufrido nuevos vandalismos y esa es quizás la mejor noticia que se puede dar. Las fotografías que dan cuenta del estado de las esculturas de Alfredo "Lucho" Maurente (San Carlos, 1910 - La Paloma, 1975) a cielo abierto, ubicadas en distintas locaciones del balneario La Paloma, fueron tomadas en febrero de este año: reportan las mismas faltantes, las mismas fisuras, los desprendimientos y fracturas que el año pasado, con el agregado de un año más de intemperie y de abandono. 

Estas esculturas poseen aún la belleza estoica y melancólica de todas las grandes obras del arte del pasado expuestas a los elementos. Una belleza trágica, si se quiere. Lo problemático es que cada año que transcurre los esfuerzos y los recursos para revertir el estado de deterioro deberán ser mayores, más costosos y técnicamente más complicados.




Nos proponemos por tanto alertar una vez más sobre la situación de las piezas de Maurente y colaborar -con el auxilio de fotografías históricas que se pueden rastrear en este mismo blog en “entradas antiguas”- a la restauración de las mismas y a la revalorización general de la obra del pescador y artista autodidacta, referente identitario de la zona.



Resulta hoy difícil imaginar el balneario La Paloma sin la figura entrañable de Alfredo “Lucho” Maurente (San Carlos, 1910 - La Paloma, 1975). Fue obrero de la construcción y vendedor ambulante hasta que conoció la costa rochense y se hizo pescador. Autodidacta inquieto, comenzó tallando figuras en piedra para pasar a los viejos y duros tocones de madera que traía la sudestada. Incursionó también en la pintura con predilección por los bailongos, paisajes, retratos y fantasías religiosas. Decoró su propio rancho con incrustaciones de caracoles marinos y esculturas de sirenas, ballenas y un pescador de tamaño natural en arena y portland, materiales con los que realizó el Cristo de los Pescadores, hoy en al playa Los Botes. Su vida y su obra sirvieron de inspiración a escritores y novelistas (Silvina Bullrich, Haroldo Conti, Juan Carlos Legido), habitués de su rancho convertido en restorán, “El Copetín con Mariscos”. Su producción pictórica destaca por el alegre colorido y la fina observación del detalle. En las lustrosas tallas de madera dispone los volúmenes y proporciones de las figuras con un contundente vigor expresivo. En vida obtuvo el dudoso galardón de ser considerado el principal artista ingenuo del país. Su muerte, acaecida en el Año de la Orientalidad –según cuenta la leyenda al conocer la noticia de la destrucción del viejo muelle y de su casa restorán–, sellaría toda una época del país: el fin de la edad de la inocencia.

Otro arte en Uruguay, Pablo Thiago Rocca, Linardi y Risso, Montevideo, 2009, p. 146.


EL MARINERO

(Febrero 2021: faltantes de los pulgares en ambas manos, desprendimiento importante de la nariz, fisuras y oxidación de varillas de hierro estructurantes, capa pictórica -esmalte- en mal estado, aspecto general de deterioro)















LA SIRENA RUBIA

(Febrero 2021: Faltante en el pómulo izquierdo, fisuras y oxidación de varilla de hierro estructurante en el hombro izquierdo, manchas, desprendimiento de capa pictórica de una intervención pasada -esmalte- y aspecto general de abandono)

















LA VIRGEN DE LA PALOMA

(Febrero 2021: pies enterrados o faltantes, fisuras y oxidaciones en los rulos de cabello que cae sobre el pecho y en la base fisura importnate, pérdida de caracoles decorativos en los puños y despinte en el rostro y túnica)














LA SIRENA MOROCHA

(Febrero 2021: le falta el brazo izquierdo y los pies, presenta faltantes y desprendimientos en la nariz y en el bikini-sostén, conserva en el resto la coloración original)















EL CRISTO DE LOS PESCADORES

(Febrero 2021: fisuras, desprendimientos pequeños y grandes en el perizonium o taparrabos, oxidaciones en varios sectores de la figura y de la cruz, especialmente en los brazos, en la muñeca y en los pies. Por su ubicación -playa- y por ser la obra en espacio público por excelencia de Lucho Maurente, amerita cuidados especiales. Y pese a la fallida restauración de la corona de espinas que se transformó en visera, sigue manteniendo el porte y la dignidad de una gran obra de arte, como se puede apreciar en las imágenes).



































Cyp Cristiali en Galería de las Misiones de José Ignacio

 


Hasta el 15 de marzo de 2021 se podrá visitar esta exposición, la primera gran muestra individual de Cyp Cristiali a más de tres décadas de su muerte. 

Se repasa de este modo la trayectoria de este importante artista autodidacta, representado en dos exposiciones colectivas de Arte Otro en Uruguay (Plataforma MEC, Montevideo, 2008, y Museo de Artes Plásticas de Tacuarembó, 2017). 

La actual muestra que se exhibe en Galería de las Misiones (José Ignacio, calle las Garzas, entre los Tordos y Golondrinas, todos los días de 13 a 21 horas) se acompaña de un catálogo bilingüe (español-inglés) con información documental y un ensayo escrito por Thiago Rocca, del que adelantamos algunos fragmentos. 




Cyp Cristiali en la Alianza Francesa de Montevideo, noviembre de 1978


Cyp Cristiali. Los laberintos del fuego y del coral

La trayectoria creativa de Carnot Pose, más conocido por el seudónimo artístico de Cyp Crisitiali, fue tan intensa y radiante como sus pinturas. Su producción detallista y copiosa se concentró en un lapso reducido –poco más de un lustro en la década de los setenta del siglo pasado–, realizó pocas exposiciones y desapareció de la escena casi tan misteriosamente como había surgido.

El misterio comenzó a una edad bastante avanzada –pasando los 50 años– con un alias apenas más extraño que su nombre propio y un procedimiento pictórico extravagante con el que obtuvo, sin embargo, resultados notables.




Tapa del catálogo de la exposición de Cyp Cristiali en Galería Misiones


Carnot Israel Pose Mesías Ballejo (Lascano, 19 de febrero de 1922 – Montevideo, 4 de agosto de 1988) fue el décimo hijo de una familia de doce hermanos. A los cinco años su familia se radicó en Montevideo, proveniente del departamento de Rocha. “A los doce años ya trabajaba y fumaba”.  Desde muy joven se dedicó a la enfermería, profesión a la que entregaría su vida. Circunstancias personales y familiares adversas lo empujaron ya maduro y sin formación previa al dibujo, acaso como una terapia o un mero pasatiempo: “Al principio me entretenía formando dibujos con sylvapen. Los puntos de colores se encargaban por sí mismos de convertirse en formas; un día, mis compañeros del hospital me regalaron óleos y una tabla de duraboard, para que mis pinturas fueran más brillantes. Entonces se me ocurrió poner óleo en la jeringa de inyecciones y con una aguja gruesa comencé a poner los mismos puntos, esta vez con relieve.” 

Pero Carnot no se durmió a la sombra de ese hallazgo sorprendente. Investigó y trabajó su técnica, probó un sinfín de variantes formales y de a poco fue adentrándose por un camino personal y laberíntico. 




En un par de años cayó en la cuenta de las implicaciones estéticas de sus elecciones y se decidió a exponer: su pasatiempo era también un lenguaje que expresaba emociones e ideas, que traducía en colores la riqueza de un mundo interior bullente, un fuego que crecía con formas desbordadas y danzarinas. Produjo centenares de pinturas con este sistema, pintura de relieve que nos recuerda también a ciertos bordados y a las creaciones de pueblos originarios (...)

Los posibles atributos ingenuos de la obra de Cyp se aprecian cuando asoma la figuración, por ejemplo, un paisaje marino, unos elefantes u otros animales que se colocan unos dentro de otros. Allí el ingenuismo resulta evidente porque Cyp no elabora teóricamente sus temas. Los motivos son simples o no son. Los templos y las casas tienen una forma sintética e inocente.  




La recurrencia de cruces y de copas y de elementos zoomórficos sencillos como los mencionados, sugiere un universo de referencias visuales acotadas, que se llevan al soporte sin una reflexión acerca de sus posibles simbolismos. Evidentemente, Carnot fue educado en la fe católica pero no pretende practicar la intertextualidad en sus cuadros. Tampoco parece interesarle la historia del arte. Todo lo cual no le resta mérito ni potencia. Más bien al contrario. Se diría que el universo comienza con él, en cada pintura. Sea como fuere, la estructuración de sus obras se complejiza por la proliferación cromática y por la solución insólita del espacio pictórico: la temática pasa a ser irrelevante. 

En tanto mecanismo de expresión espontánea, que por momentos nos recuerda la escritura automática, su obra se manifiesta también como una liberación de procesos psíquicos interiores que va mejorando o “ganando” durante el proceso mismo. 

En ese sentido, su producción simbólica se acerca más al llamado arte de los visionarios, que en Uruguay conoció en Magalí Herrera (Tranqueras, 1914 - Paso Carrasco, 1992) a una reconocida exponente de nivel internacional y tiene hoy a Alexandro García (Montevideo, 1970) como otro de sus principales representantes (...)



En la obra de Cyp Cristiali se advierte el proceso creativo, la “cocina” del pintor, ya que mantiene un ritmo sostenido de descarga  –la distancia regular entre los pinitos– que solo concluye –horror vacui– cuando se acaba la superficie a pintar. Opera según un sistema de adición y de adhesión: la sumatoria de ese goteo controlado de la jeringa que queda fuertemente fijado al soporte de duraboard. El resultado es una pintura erizada, eléctrica, de fuerte impacto visual.







Fotos de sala de Lía Rocca el día de la inauguración de la muestra, 20/2/2021

En general el artista compone, como ya dijimos, formas orgánicas: semejan floraciones y líquenes, organismos de contornos brillantes que crecen y se desarrollan al interior de sus cuadros como si habitasen un arrecife. Aunque también hay obras de corte más geométrico. En estas últimas, los sutiles degradé de fondo potencian la sensación de profundidad y proponen un juego de planos yuxtapuestos. Orgánicas, geométricas o figurativas, en muchas de estas pinturas se observa una tendencia marcada hacia la simetría. Se establece un eje axial o dos, a partir de los que se desarrolla la expansión del color y de las formas (...)

Cuenta su hija Alicia que Cyp era muy “familiero”. Y fue precisamente un problema familiar –el embarazo adolescente inesperado de una de sus hijas– que lo empujó a dedicarse a la pintura. Su acto creativo poseía, dicho por sus familiares y amigos cercanos, una función terapéutica, sanadora, en tanto elaboraba procesos psíquicos inconscientes y los volcaba a la tabla sin frenos racionales. Se liberaba, hacía catarsis y se abandonaba al placer de pintar. En esa acción participa de lo trascendente, es decir, que trasciende sus problemas y su peripecia vital para ofrecerlas a la comunidad, y esta característica de su arte lo emparenta con otras formas de ritualidad, como la de los huicholes en el estado Nayarit de México, quienes trabajan con abalorios adheridos a una tabla ceremonial cubierta de cera y resina llamada nearika y cuyos resultados se asemejan en colorido, pese a partir de cosmovisiones muy diferentes. También hay cierta proximidad formal de Cyp con el trabajo ancestral de los aborígenes australianos, cuyos sueños y visiones son elaborados en base a un puntillismo envolvente sobre corteza de eucalipto: es el famoso bark painting, procedente del norte de Australia y que constituye una de las expresiones artísticas más antiguas del mundo, con 40 mil años de antigüedad.



Visto, por tanto, su  método y sus resultados con una mirada más comprensiva, con un cierto sesgo antropológico, entendemos mejor su obra y sus cometidos simbólicos. Su firma, que comprende el nombre de la familia y su núcleo de pertenencia queda casi siempre integrada a la composición, sumergida e indisociada en ese mundo de color y de movimiento que se acrecienta en oleadas. Las aves, las mariposas, los templos, las estrellas y los seres luminosos que comparecen en sus pinturas están allí en una dialéctica veloz, son como flujos de energía vital. Su pintura, que es un envolver y proteger constante a esas las formas, envuelve y protege a los suyos, a través de su firma, y les otorga un sentido trascendente (...) *


* Fragmentos del ensayo Cyp Cristiali. Los laberintos del fuego y del coral de Pablo Thiago Rocca. Catálogo de Galería de las Misiones, 2021.


Rosa Cazhur: Puentes levadizos entre el todo y la nada


El hombre ha inventado / Las palabras / Una constancia de que sufre / Y que reclama a otros hombres / El hombre ha inventado las / Palabras porque las sonrisas / Vagaban alegremente / Por un campo de dalias. / El hombre ha inventado / Las palabras porque al / Amor no le / Alcanzaban las caricias / El hombre ha inventado / Las palabras y los puentes / Levadizos entre el todo / Y la nada. (Rosa Cazhur, 2009)




Antes que concluyera el 2020, como una jugarreta sombría del destino, en un año ya de por sí desastroso, nos enteramos del fallecimiento de la artista Rosa Cazhur (Durazno, 1947 – San José, 2020). Entre las muchas pérdidas importantes del año, en cuanto a artistas y referentes culturales uruguayos, la de Rosa amenazaba pasar desapercibida por encontrarse desde hacía años internada en la Colonia Etchepare, es decir, en varios sentidos aislada del resto del mundo. 

No obstante, en los últimos 20 años Rosa, con altibajos anímicos y quebrantes de salud, estuvo activa y en su curriculum no faltan exposiciones en distintas ciudades del país y del exterior, así como la publicación de sus poemas. 

De adolescente, casi una niña, Rosa manifestó un fuerte interés por el arte y despuntó una vocación creadora alentada por sus padres. En una reseña autobiográfica que publicó como prólogo a sus poemas contó que a sus trece años ingresó al Taller de Artes Plásticas de Durazno, dirigido entonces Claudio Silveira Silva,  “que era muy revolucionario en sus grabados, pero sin embargo imponía una técnica torresgarciana para la pintura.” 1 Descontenta con una metodología que la encorsetaba  (“me cansé de dibujar todo recortado en negro”) se alejó del taller pero su padre la sorprendió con un regalo a la altura de sus sueños: “’¿Usted quiere pintar m’hijita?’ Entonces me llevó a la casa más grande de materiales para artista en la capital. ‘La Platense’, y ahí compré todo lo que me pareció necesario: óleos Winsor (nunca volví a tener esa marca), témperas, paleta, espátula, telas, cartones.” 

Muy joven conocería al que sería su esposo, el artista Joaquin Aroztegui, a quien ella valoró como su primer maestro. Joaquín, veineañero entonces, formaba parte del grupo Toledo Chico, de intensa labor en el grabado y la difusión cultural en los años sesenta. Los miembros fundadores del Grupo Toledo Chico fueron Joaquín Aroztegui, Jorge Nelson González, Ramón Carballal, Eduardo Rodríguez Amestoy y Raúl López Cortés (quien se consideraba el único discípulo de Alfredo De Simone). En torno al grupo participarían también otros creadores como el escritor Juan Capagorry, el poeta Rafael Casal Muñoz, el grabador Antonio Lista, el dibujante y pintor Pedro Astapenco,  la entonces quinceañera poeta y pintora Sara Ledoux Caballero, entre otros. 




Aroztegui era el redactor responsable del órgano de difusión de este grupo, la revista El Mate, que sacó once números entre 1966 y 1968. Pero además de diversos materiales que el grupo ofrecía para los suscriptores, editó dos discos de Los Tupambays (histórico grupo musical integrado por Milte Fagalde, Hugo Blanco, Ramón Etchegaray y Manuel Picón), publicó libros y carpetas de grabados. Rosa participaba realizando grabados para la revista, encargándose de la administración y la distribución de la misma. Destaca su trabajo en el diseño de las viñetas de la primera edición artesanal de Hombre y oficios de Juan Capogorry.

Antes, pues, mucho antes de que comenzaran las crisis psiquiátricas que la condujeron a la internación, Rosa era una artista con una sólida formación intelectual, pues, había estudiado psicología (la dictadura truncó sus estudios), y daba clases de filosofía en el liceo de La Paz y en el N° 22 de La Teja. Tuvo una hija y tras la separación con Aroztegui, comienza una producción poética en los años setenta, de gran contundencia, caracterizada tanto por la claridad de la enunciación como por la profundidad de su voz lírica: “Me gustaría que hubiera / Muchos seres que dijeran / Me gusta tu pintura; / Me gusta tu poesía; / Pero más me gustaría / Que hubiera un solo ser / Que me dijera “te amo, / Aunque no pintes ni escribas” (1975)


En los años noventa Rosa conoció un período de apagón creativo (en la producción plástica, al menos) del que resurgiría al integrarse a los talleres del Centro Educativo de la Colonia Etchepare. “En esa época difícil en que no encontraba una salida a su crisis creativa, la tallerista del lugar, Isabel Cavadini, le sugirió que probara dibujar con los ojos cerrados, como un modo de exorcizar el temor a la hoja en blanco y recobrar así el proceso intuitivo. «Hoy nació Rosa Cazhur», le confió la artista a su orientadora con los primeros resultados. Casi sin espacio disponible, Rosa pintaba recostada en su cama con los materiales apoyados en una tabla. Los dibujos de delgada línea salen de una vez, rápidamente, y por el modo en que se escurren por el papel los acrílicos y las tintas, es dable imaginar que también es veloz el esparcido de los pigmentos. Sus series de autorretratos, embarazadas, partos, parejas hombre y mujer, madre e hija, entre otras, recrean un universo personal de gran sensibilidad, con extremos de dramatismo y dulzura. Su obra nace de una vertiente interior y alcanza la forma de un reclamo emocional directo y sin cortapisas.” 2 


Xilografía de Rosa Cazhur, 1967
(anunciando nueva imprenta para el Grupo Toledo Chico)


Las acuarelas de Rosa Cazhur se dieron a conocer por vez primera en la exposición “Límites” en el  Cabildo de Montevideo (setiembre 2008) curada por Susette Kok, que exhibía fotografías de pacientes de la Colonia Etchepare y Santín Rossi  y pinturas y textos de varios artistas allí internados. Rosa se encontraba a la sazón en un régimen de externado, vivía con una familia de Santa Lucía, más tarde volvería a la Colonia Etchepare donde permanecería hasta su fallecimiento. Al mes siguiente de la muestra del Cabildo las acuarelas se expusieron en la muestra “Arte Otro en Uruguay" (Plataforma, Centros MEC, Noviembre 2008) y se reprodujeron en el libro homónimo junto con algunos de sus poemas.

Esta especie de segundo despertar artístico de Rosa, muy distante y distinto a su obra anterior, no pasó desapercibido. La crítica especializada elogió sus acuarelas “de fuerte contenido dramático y de empinada inventiva formal, inusual en el género”. 3 




A partir de entonces se sucedieron una serie de exposiciones y su trabajo alcanzó un mayor reconocimiento. En el Centro Educativo de esta institución se publicó su poemario Sentires, expuso en la muestra colectiva “Memorias del Inconsciente” en la Galería Sur de Punta del Este (enero 2009) y realizó una muestra individual en la sala Carlos Federico Sáez del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (agosto 2011). En el catálogo de esta muestra escribió la curadora María Yuguero: “Rosa Cahzur apuesta a un juego en que memoria y anhelo se conjugan para dar cuerpo a propuestas poéticas y artísticas sin otro objetivo que el de la expresión como una necesidad en sí misma”.  

De Francia, cuna del art brut, llegaron interesados en comprar y en dar a conocer su obra.  Con los auspicios de la Galería Christian Berst, Rosa expuso en varias muestras colectivas en Europa desde el año 2011 al 2020.4 




En la última década Rosa sufrió serios quebrantos de salud. Eso no impidió que siguiera creando, en especial en cerámica, medio en el cual ella se expresaba con solvencia por haber aprendido tiempo atrás con Margarita Courtoisie y que continuó desarrollando con el ceramista y profesor de la Colonia, Álvaro Borrazás. 

En el año 2016, poco antes que la tallerista Isabel Cavadini dejara su trabajo en la Colonia Etchepare para radicarse en el extranjero, dio cuenta de la voluntad de Rosa de donar doce acuarelas al proyecto Arte Otro en Uruguay para que le diéramos difusión. Las acuarelas fueron escogidas por su autora.5 Le asignamos  títulos tomando algunos versos de sus poemas como referencia y varias de ellas se expusieron en el Museo de Artes Plásticas de Tacuarembó (“Arte Otro en Uruguay”, agosto de 2017) y en una muestra en Casamario (diciembre 2017). 

Por esa misma época, Rosa concedió una entrevista televisiva en “Por amor al arte”, programa que conducían Jaime Clara y Malena Rodríguez Guglielmole (NSTV) y que intercalaron con las imágenes de estas acuarelas. Con la mirada de ojos grandes y expresivos, muy demacrada, respondía a las preguntas que se le hacían sin titubear. Habló sobre el arte y sobre la vida. No ocultó nada. Le pidieron que dijera uno de sus poemas y sin sombra de duda recitó de memoria uno de los más enigmáticos: “Los  elefantes azules / Llegaron por una / Primavera de metal / Llegaron y tomaron / Cuenta de la ciudad / De los árboles de las / Plantas y nadie sabe / Cuándo se irán. / Están haciendo / Caracolas de incisos / Con sus trompas y las / Ramas de mar / Están muy preocupados / Con Paul Éluard / Y un cuadro de Rousseau / Después informo más.”


Versión ampliada de una nota de Pablo Thiago Rocca publicada en el semanario Brecha, Montevideo, 28 de enero de 2021.


Notas


1 Rosa Cazhur, Poemas, Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Montevideo, agosto 2011.

2 Pablo Thiago Rocca, Otro arte en Uruguay, Linardi y Risso, Montevideo, 2009.

3. Di Maggio, Nelson “El infierno tan temido” La República, 08/09/2008 y Artes Visuales en Uruguay: diccionario crítico, edición de autor Montevideo, 2019.

4. “Rentrée hors les normes” (Christian Berst, París, 2011), “Drawing Now Art Fair” (Carrousel du Louvre, Paris, 2013), “Art Brut latino américain” (Galería Hamer, 2014), “Soit 10 ans etats intérieurs” (Christian Berst, París, 2016), “Sur le fil” (Christian Berst, París, 2016), “Salo V, Salon du dessin erotique” (Christian Berst, París, 2017),  “In the flesh. Corps véritables” (Christian Berst, París, 2020).  

5. Una nota escueta decía: “Pablo querido, te mando unos dibujos por Isabel, para exponer o lo que tú veas. Te quiere mucho, Rosa.” Estas acuarelas y tintas han sido pintadas sobre papel (A4, 75 gr) en los años 2008-2010. 


***



Hoy te vi padre


“Hoy te vi padre,

alejarte

por una calle

de sombras.

Sombrío y solo.

Tendí las manos

y no pude alcanzarte.

Esperé encontrarte

en una esquina, padre

pero tú estabas cansado

de esperar

y no estuviste ya

en ninguna esquina.

Esperé verte otra vez, sereno,

con mi hermana en brazos

mirando el mar,

y te habías perdido

en mareas de ausencias.

Tus mares a veces

se beben

mi vida.”


Rosa Cazhur, poema publicado en “Memorias del inconsciente”, Galería Sur, 2009.


Balances y desafíos





El año que termina no significó para el proyecto Arte Otro en Uruguay un detenerse ni una claudicación, pero nos obligó a un reordenamiento interno. Se trabajó en los archivos y en el análisis de la producción de artistas nacionales y extranjeros, así como en reseñas de libros y exposiciones vinculadas al "arte otro" y a las expresiones de los creadores autodidactas. 

No se realizó ningún nuevo proyecto expositivo debido a la pandemia y a la ausencia de espacios propicios para la exhibición. El año comenzó con la recomendación de la exposición de arte aborigen australiano en el Museo de Arte Precolombino e Indígena, continuó con el informe anual sobre la situación de las esculturas a cielo abierto de Alfredo “Lucho” Maurente en La Paloma (Rocha, Uruguay) y en febrero concluyó la gran exposición retrospectiva de “Javiel Raúl Cabrera. Entre el olvido y la leyenda”, llevada a cabo en el Museo Nacional de Artes Visuales. 

Luego, repasamos las trayectorias de artistas como el argentino Aníbal Brizuela (1935 - 2019), Lumaca Denis (Canelones, 1948-2020), Álvaro Ardao  (Montevideo, 1960 – 2011) y  Adeliano Silva (Minas de Corrales, 1915 - Rivera, 1991), de los que ofrecimos documentos, entrevistas e imágenes inéditos, así como un repaso de la artista coloniense de los “bancos azulejados”, Betty Galán (Nueva Helvecia, 1938). Y recibimos una importante donación de materiales bibliográficos (libros, folletos y catálogos) de Casa da Memoria da Arte Brasileira.

Trabajamos a puertas cerradas pero sin bajar los brazos, con miras a proyectos futuros ya que el 2021 nos trae nuevos desafíos. Actualmente estamos abocados a una investigación sobre la obra de Cyp Cristiali (Lascano, 1922 – Montevideo, 1988) que tendrá su exposición en José Ignacio (Maldonado) en el mes de febrero próximo. También estamos trabajamos en una publicación referida a la vida y obra de Javiel Raúl Cabrera (Montevideo, 1919 – Santa Lucía, 1992) que complementa la exposición de este año en el MNAV.  

El proyecto Arte Otro en Uruguay les desea a todos un mejor año nuevo. Seguiremos trabajando por una comunidad más solidaria, donde la creación y el arte encuentren ese lugar de afecto y entendimiento que tanto precisamos.