Recomendaciones (I): Exposición de tallas de Alfredo "Lucho" Maurente




Importante  exposición en el Centro Cultural de La Paloma de una serie de tallas de madera inéditas de Alfredo "Lucho" Maurente, genero éste, el de la talla escultórica, en el que destacó con gran felicidad sobre otras facetas artísticas. 

El pescador “Lucho” Maurente (San Carlos 1910 - La Paloma 1975) convirtió el modesto rancho que había levantado en las dunas a poco de su llegada a La Paloma en un restaurante llamado “El Copetín con mariscos”. Intervino el local con pinturas murales y esculturas de fantásticos motivos marinos para solaz de personalidades de la cultura nacional y de la farándula porteña. De personalidad afable y don para la conversación, Lucho guardaba sus ratos libres para la pintura al óleo y la escultura en gruesos tocones de madera que le proporcionaba la resaca oceánica. Sus series de pinturas religiosas, paisajes, y en especial de tangos, poseen la gracia de color y la dureza de las poses en una combinación eficaz. También las figuras talladas en madera –bailarines, Cristo, Gardel, Artigas– con masas muy cerradas y compactas, muestran el encanto de los volúmenes toscos pero bien sostenidos, graves al estilo románico pero con la superficie brillante gracias a una técnica de pulido de su propia invención. Una vez fallecido Maurente su obra se dispersó, fue demolido el rancho-restorán y sólo pudieron salvarse unas pocas esculturas de cemento –el pescador, una sirena, el Cristo, la Virgen de la Paloma- que permanecen en distintas zonas del balneario sin los cuidados y la señalización que ameritan. 
Pablo Thiago Rocca, Arte Naïf en Uruguay, Fundación Unión, Montevideo, 2015.

A continuación hemos seleccionado algunos textos del archivo con testimonios de primera mano sobre la operativa y el ambiente creativo de Lucho.


“No crea que yo no soy organizado. Yo me levanto en invierno a las siete de la mañana, me preparo el mate y a las ocho me pongo a pintar, en mi casa de San Carlos, porque en La Paloma paso desde noviembre a marzo, más o menos, después me voy de nuevo pa’ San Carlos, pa’ mi casa, y allí pinto. Cuando me aburro de pintar, me pongo a tallar. Yo empiezo a ir a La Paloma más o menos en noviembre, cuando aparece el bonito, lo pesco, lo ahumo en un horno con laurel, lo corto en pedacitos y lo guardo. Cuando viene la temporada aquello es una locura.” 
Alfredo Maurente. Entrevista de Ramón Mérica, “Lucho, El ingenuo y la mar”, El País de los Domingos, 7/5/1972.

“Las esculturas son en su mayoría sirenas o mujeres que talla sobre maderas de barcos hundidos que el mar arroja a la playa. ‘Cuando uno los recoge parecen que no sirvan para nada, pero por dentro la madera se conserva perfectamente sana. Comienzo a trabajarlas y las ideas surgen solas, según mi estado de ánimo o mi imaginación.” 
Diario La Mañana, "Lucho, el pescador que talla maderos del mar", sin firma, 18/3/1973.


"Entre las mesas, como museo de un gusto ecléctico y ligeramente pesadillesco, tropezamos con una serie de tallas en madera. Un enano en ademán de lanchar la bocha. Un boxeador petiso con los guantes calzados. Una cabeza de Artigas anciano. Otra de Cristo con la corona de espinas. Un busto algo parecido a la Dama de Elche, con dos soberbios rodetes. Y otras cosas por el estilo." 
Juan Carlos Legido de la novela Crónica de cuatro estaciones, Colección Carabela, Editorial Alfa, Montevideo, 1967.

"En largas horas de invierno -que eran las que dedicaba para su creación artística- con el Gordo Durán fuimos testigos silenciosos de su técnica para pulir los duros maderos obtenidos en la "crecemares" de los pamperos, como solía decir, o del corazón de desechados y viejos durmientes del ferrocarril. 

Eran maderas de ricas vetas rojas y oscuras, que él hacía "nacer" con una mezcla de ceniza y aceite que frotaba con un pequeño trapo y una gran dosis de paciencia.
Así cobraba vida el veteado y luego el viejo madero iba tomando formas con el trabajo de sus manos, formas como la de aquella India amamantando su niño, o el busto del Cacique, concentrado y ceñudo. O el Linyera, quizás una de sus tallas más perfecta, más trabajada, y que Lucho regaló a doña Pepa, señora del entonces Jefe de la Estación del Ferrocarril. Lograba en la madera un brillo opaco, si así puede decirse, a la par de una textura que trasuntaba la calidez vital que el tallador imprimía en sus obras. Su conversación y su trabajo acortaban las noches y atenuaban el frío. Tal vez en aquellos momentos dimos más importancia "al momento" que "a la obra" que venía surgiendo y que se prolongaría en el tiempo. Y en las noches cálidas del verano, tampoco supimos dar el valor real a su trabajo, pues pensábamos que eran cosas para la temporada y los turistas. Con los años, desaparecido Lucho y su obra, comprendimos el valore de todo aquello." 
José Francisco Frnaca Caravia, La Paloma. Una historia desde 1803. Edición de autor, Montevideo, 1986.


Recomendaciones (II): Exposición "Mosaicos urbanos. La obra de Odín en la Ciudad Vieja"


Escribe la curadora de la muestra, Lic. María Pía Braem:

"En el año 2008, al salir del SODRE, en la esquina de Sarandí y Misiones, noté en la vereda una baldosa reconstruida y decorada, hermosa, que llamó mi atención. Caminando por varias calles de la zona vi más baldosas coloridas, y quedé maravillada con este trabajo esmerado y silencioso. Las veredas de la Ciudad Vieja comenzaron a llenarse de color; una baldosa, cuatro baldosas formando grandes cuadrados, cientos de trocitos de mosaicos, loza y otros objetos, como pequeños collages, fueron imprimiendo las veredas con arte, dedicación y sensibilidad. Preguntando mucho logré saber que el artista se llamaba Odín y trabajaba a tempranas horas de la mañana para mantener un anonimato que aún persiste.
Como integrante de la Asociación del Museo del Azulejo imaginé una exposición para dar a conocer este nuevo street art que emergía de la Ciudad Vieja. Pasaron muchos años y hoy, con la valiosa colaboración del Centro de Fotografía, he logrado mi propósito. La Asociación del Museo del Azulejo, se enorgullece de presentarles la obra de Odín de esta muestra, que también es un rescate". (Lic. María Pía Braem, Asociación de Amigos del Museo del Azulejo)*

En el año 2009, bajo el subtítulo Actitud, gesto, utopía en el libro Otro Arte en Uruguay (P. Thiago Rocca, Ed. Linardi y Risso, Montevideo, pág. 79), consignamos el trabajo del artista que se hace llamar Odin y que prefirió mantenerse en el anonimato. Para este proyecto,  quien primero reveló fotográficamente su silenciosa obra mosaiquista  fue la artista e investigadora Eloísa Ibarra.  La obra de Odín aparece también mencionada el ensayo que escribimos para el libro de Cristina Casabó Bancos Azulejados (Montevideo, Ed. de autor, 2012). 

No aparece registrada en la importante publicación del Arq. Alejandro Artucio Urioste (propietario de la colección del Museo del Azulejo donde actualmente se exhibe esta muestra) El azulejo en la arquitectura uruguaya. Siglos XVIII, XIX y XX, seguramente porque es una obra que nace con el nuevo siglo. Por lo tanto, esta muestra viene a completar el importante aporte conceptual de Odín al empleo del azulejo con fines artísticos en Uruguay, en un momento en que peligra su producción, no sólo en el sentido industrial -con el cese de la elaboración de las fábricas de Metzen y Sena y de Bozzolo tan importantes en el desarrollo del azulejo local desde mediados del siglo pasado- sino también por la desvalorización del propio trabajo de reciclaje que sufre la obra de Odín.

Esperemos que el reconocimiento institucional que supone la exhibición de su obra en este prestigioso museo que se gestiona en la órbita de la Intendencia de Montevideo, signifique una toma de conciencia de esta última, principal responsable de la remoción de los mosaicos de Odín. 

Entendemos que es una obra signada por la generosidad y que le ha dado a la Ciudad Vieja una toque de identidad local, de luz y de color, en suma, de personalidad, al viejo casco urbano, sin socavar el valor patrimonial de las veredas montevideanas y su entorno histórico. Volvemos a hacer, como hace siete años, un llamado de atención para salvar esta obra que merece todo el reconocimiento y que esta muestra a cargo de María Pía Braem se encarga de poner bien en alto.

* Apoya el Centro de Fotografía de Montevideo. Del 12 de abril al 6 de mayo de 2016. Museo del Azulejo, calle Yi 1444, Montevideo.

Últimas donaciones


El proyecto Arte Otro en Uruguay se nutre de la generosidad de artistas e investigadores que colaboran para formar un acervo documental sobre temas afines. Esperamos con estas donaciones y adquisiciones poder formar una biblioteca de consulta para interesados y especialistas. En estos últimos días hemos recibido una serie publicaciones de las que queremos dar cuenta a modo de agradecimiento. 

1. De Ricardo Vieira Orsi. Publicación: Nino. O essencial em estado bruto. Catálogo de la exposición homónima de Nino (João Cosmo Félix, 1920 - 2002, Juazeiro do Norte, Brasil) en Pinacoteca do Estado do Sao Paulo de 18 de setiembre a 14 de octubre de 2001. Fragmento del texto de la curadora Dodora Guimarães:

 "Calado quase mudo. Seu corpo franzino movimenta-se lentamente em gestos precisos. Tudo nele é contenção. Os olhos distantes, como se sempre à espreita, contemplam algo visível só para si, lá no infinito. Quando esboça um sorriso, a face se ilumina; do peito infantil emerge o ar travesso, subindo em direção ao semblante do homem maduro que diz fazer boniteza pro povo cobiçar e levar. As horas a fio, imóvel, perdido na observação parada, aparentemente parado, resultam nessas “bonitezas”: suas dadivosas esculturas. A infância vivida no mato, ora caçando passarinho ou brincando de burrica – espécie de carrossel que construía para se divertir com a meninada, é a fonte perene de seu fabulário antológico. Nino/menino: memória em ebulição. Um toco, quatro escopos, uma machadinha e uma facão afiado, um tico de tinta e um pincel calejado, com este arsenal ele enfrenta a arena, forja seu coliseu. 


Elefantes, macacos, pássaros, caçadores, donos em defesa de seus animais, figuras afoitas, ou intimidades, transbordam de sua imaginação para esculturas plenas de encantamento e concisão (...) Nino inventou o seu fabulário assim como inventou sua escultura, do mesmo modo que, com sua destreza, provoca os estudiosos a repensar a arte popular." Dodora Guimarães, Agosto de 2001.

2. De Ricardo Vieira Orsi. Publicación: Arte do Nordeste, AAVV, Spala Editora. Editor responsable Paulo Lyra, Río de Janeiro, 1986, 438 pág. Hermosa edición bilingüe portugués-inglés, de tapa dura, y numerosas fotografías de obras, con textos de especialistas en arte popular y antiguo de la región.  Los capítulos abarcan distintas regiones y tradiciones: prima el abordaje geográfico en cada capítulo y luego las técnicas y materiales. 


La simple enumeración de los capítulos nos facilita una idea de la orientación del libro y sus contenidos: Maranhao (El arte de Maranhao por Carlos de Lima) Piauí (El arte de Piauí por Noé Mendes de Olivera), Ceará (El arte de Ceará: Reflexión del saber del pueblo por Roberto Galvao), Río Grande del Norte (Las artes plásticas de Río Grande del Norte por Iaperi Araújo), Paraíba (Las artes plásticas en Paraíba: breve panorama, por Raúl Córdula), Pernambuco (El arte de Pernambuco por André Carneiro Leao) Alagoas (El arte de Alagoas por Rogério Gomes), Sergipe (El arte de Sergipe por Luiz Antonio Barreto), Bahía (La pintura de Bahía por Luiz Viana Filho). Luego los capítulos dedicados a las técnicas y materiales: Cerámicas, Madera, Piedra & Metal, Tapicería, Trenzado, Pintura, etc.


3. De Isabel Cavadini. Publicación Vivir es poesía. Recopilación de poemas de la Colonia Etchepare. Escritores: Lucio Ave (Las heridas del mañana), Carlos Manuel Perdomo (Mis poesías hablan por mí), Edgar Furquere (Los colores del arco iris), Ricardo Carro Troche (Cantos sencillos), Rosa Cazhur (Sentires), Hugo Leceta (La luz de mis rimas). IMPO, Montevideo, 2015, 264 págs.

Afirma el Dr. Osvaldo do Campo en el prólogo de esta publicación: "La literatura es una de las vertientes creativas y si bien entendemos que no es nada original; es mucho lo adeudado a todas las manifestaciones de los pacientes en sus obras: arte del inconsciente explicitado, arte primitivo, humanidad desde el origen de la vida hasta hoy en el lienzo y en la letra. Se trata de una de las manifestaciones de la subjetividad, con un discurso libre en su expresión y no exento de humor, ternura, profundidad y calidad literaria."

Carmen García Pernas: La vitalidad de la pintura



Hace unos años nos preguntábamos de dónde salían esos seres que se amontonan y entrelazan en una vorágine de brazos y piernas, de cabezas y torsos selváticos y si eran acaso una sola matriz, como raíces de gente. (1) Entonces Carmen García Pernas (Montevideo, 1955) dibujaba solo figuras en blanco y negro que se contorsionaban en un nudo. Pero advertíamos que ese enredo no era sólo atasco, sino también movimiento y posibilidad de cambio. Hoy la artista ha cambiado –sigue cambiando– y se atreve a incursionar en el color, (2) alentada por amigos y en especial por la pintora Viriginia Patrone, a cuyas clases asistió. Las figuras encuentran una forma más definida y se organizan en el espacio, si bien el tratamiento tortuoso de la línea y de la atmósfera en general en la que aparecen como sumergidas, nos informa que el cuerpo humano sigue siendo el eje del “conflicto” que nutre su accionar.

Cuerpos surcados por el miedo o el asombro de sí mismos, habitados por presencias múltiples y animales, espiados desde los márgenes por otros cuerpos, por otras sombras. Pero también cuerpos tocados con una paleta azul, en pos de una asunción etérea. Las dificultades para la correcta –desde una perspectiva académica– representación anatómica de las figuras no cuenta como un dato negativo en estas dieciséis obras, sino como un valor expresivo e incluso como un signo libertario, en la medida que obliga a romper cadenas y estructuras perceptivas, tanto en el ejecutante como en el observador.

Su pintura de mujeres que se hamacan, que flotan, que pintan o simplemente retozan posee un halo un misterio que tiene algo de cuento de hadas o de proyección onírica. Contribuye a este clima los criterios de elección colorística –que no siguen escuela alguna– y a veces el rudo empaste, insuflando a estos personajes de una pulsión semejante a la enérgica de los artistas “brut”. Una preocupación constante por la postura de las manos, que se nos muestran por momentos hieráticas, ásperas como cardos o reposadas y livianas como peces, nos recuerda la frase de Focillon: “Un arte en el que las manos fueran totalmente excluidas resplandecería de inhumanidad”. Sus curiosas manos ofrecen puntos de contacto con la obra de Cabrerita, con quién comparte además cierta disrupción espacial en el anclaje de las figuras: el cuadro de García Pernas en el que todos los niños juegan pero cada cual en su mundo posee una estructura compositiva –y simbólica cabría agregar– muy similar a “En una isla” de Cabrera, una gran acuarela del MNAV.

En un momento en que la pintura parece volver a pisar fuerte en la escena artística montevideana –gran muestra de María Freire en el Museo Blanes, Primer Premio Paul Cezanne para Matías Paparamborda, colectiva en el Subte, altos niveles en las individuales de Alejandro Palomeque en el Subte y de Daniel Gallo en el Cabildo– la obra de Carmen García contribuye con su autenticidad e intensa carga emotiva a enriquecer este camino de renovada vigencia. (3)



1. En este mismo blog, entrada de marzo de 2012: "La selva primigenia de Carmen García".

2. “La absolución de una niña”. Muestra de Carmen García Pernas Centro Cultural “Al pie de la muralla”, Ciudad Vieja, Montevideo.
3. Nota de Pablo Thiago Rocca publicada en Semanario Brecha, en su edición del miércoles 23 de marzo de 2016, nº 1583, pág. 30, Montevideo, Uruguay.


Del Comunicado de Prensa:

Carmen García Pernas nació en 1955. Durante su infancia y adolescencia fue testigo y recibió influencias de la pintura de Carlos Páez. La vida adulta la llevó por otros caminos. Su vida fue sacudida en sus primeros años, los años de la inocencia. A la niña le gustaba jugar, ver la maravilla de la vida, dibujar y pintar, como a todos los niños. Crecer limpiamente y florecer. Pero el camino fue duro, a veces demasiado. Todo deja sus marcas. Todos llevamos nuestras marcas. Carmen busca  ahora a través de la pintura su verdadero ser, el que siempre estuvo ahí, sin marca alguna, sin penas heredadas, sin pecados ajenos. Madre de dos hijos, su vida adulta padeció tormentas interiores. La niña quería aflorar y el cuerpo necesita sanar. 

"Carmen transmigra, del cuerpo a la tela. Atravesando dolores y culpas inocentes va sacando el cuerpo a la luz. Con un toque de tragedia y de reencarnación de Chaim Soutine, Carmen pinta para vivir." Virginia Patrone. Montevideo, febrero de 2016.

Breve bio:

Carmen García Pernas nació en Montevideo, es descendiente de criollos y de rusos, dibujó siempre.

Su serie de dibujos en tinta china quedaba sin exhibir hasta que un relojero le dijo que era buenísima.  Y ahí, llevada como Alicia al otro lado del espejo, compró un block grande de hojas y no paró. Mostró sus dibujos, los expuso en la galería de Diana Saravia. Entre 2003 y 2004 tomó clases durante algunos meses con Guillermo Fernández y con Fernando López Lage en el FAC. En 2012, 2013 y 2014 tomó clases con Virginia Patrone en su taller de Montevideo. En 2014 participó del Laboratorio de Cruce de lenguajes, el proceso creativo de La Señora Macbeth and the witches within, de Virginia Patrone y Rodrigo Spagnuolo. 

“Los días ganados”. Repercusiones de la Muestra de Arte Naïf en Uruguay (VI)



Bajo el título “Los días ganados”, el semanario Brecha en su edición del día 30 de diciembre del pasado año realizó una mirada retrospectiva “a lo que 2015 nos trajo (…) el repaso de la agenda del año que se fue”. Verónica Panella, la encargada de señalar los acontecimientos de artes plásticas destacó la muestra con estas palabras:

“ARTE NAIF. Realizada en al sala mayor de la Fundación Unión, esta muestra nos acercó la obra de 29 artista ajenos a los centros de visibilidad, crítica o mercado de las artes plásticas donde, en el decir su curador, Pablo Thiago Rocca, ‘pintores domingueros, amateurs, jubilados, aventureros del pincel o del modelado, emplean sus ratos perdidos en imaginar situaciones y paisajes prístinos, recobran con la opulencia de los colores la belleza de un mundo interior que se revela (…) con la fuerza de una visión esperanzada.’ La nutrida, necesariamente heterogénea y visualmente intensa selección da cuenta de caminos expresivos transitados desde una libertad creativa francamente atendible.”

Imagen gentileza de DOSSIER


Recomendaciones: Fotografías de los mosaicos de Odin on line



"Por las noches, cuando nadie lo ve, un artista anónimo recorre la Ciudad Vieja de Montevideo haciendo pespuntes en el tejido urbano. Con restos de azulejos recompone las baldosas rotas de las aceras. Pedacitos rojos, azules, blancos, verdes. Pequeñas fiestas de colores en el piso. Ese gesto de 'buen samaritano' que cura las heridas de la urbe a cuenta propia, es un ejemplo de una expresión fundamentalmente distinta, ajena a las intencionalidades propagandísticas o folklóricas." 

Con estas líneas consignábamos en el año 2009, bajo el subtítulo Actitud, gesto, utopía en el libro Otro Arte en Uruguay (P. Thiago Rocca, Ed. Linardi y Risso, Montevideo, pág. 79), el trabajo del artista que se hace llamar Odin y que prefirió mantenerse en el anonimato. Quien primero reveló su silenciosa obra mosaiquista para este proyecto fue la artista e investigadora Eloísa Ibarra. La obra de Odín aparece también mencionada el ensayo que escribimos para el libro de Cristina Casabó Bancos Azulejados (Montevideo, Ed. de autor, 2012). 

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde el 2008 cuando Odin comenzó con su tarea.  Los hermosos mosaicos estuvieron a punto de ser destruidos el pasado año por funcionarios de la Intendencia de Montevideo y una campaña en las redes sociales impulsada sobre todo por el artista Gustavo Fernández, logró evitar un primer embate. Pero la actual remoción de las veredas de la Ciudad Vieja para la colocación de pavimento sin baldosas ha vuelto a poner en peligro las piezas de Odin, que al paso del tiempo se han ido multiplicando, transformándose en un atractivo turístico y en una señal de identidad local.

Hoy el Centro de Fotografía de la Intendencia de Montevideo, a través del trabajo del fotógrafo Carlos Contrera, ofrece una galería de fotos on line que vuelve a poner en valor este ejemplo de expresiones artísticas que nacen al margen de toda promoción institucional. Damos difusión a este sitio, además, con la esperanza que se conozca mejor la obra de Odin y que su conocimiento sirva para una revisión de las políticas urbanísticas que, al respecto, se están llevando a cabo.

Invitamos a ver esta galería de fotos del sitio web del Centro de Fotografía (CdF):



Fotografías reproducidas son autoría de Carlos Contrera para el CdF.


Ángel Silva (Canelones 1959 – San José 2015)


Los caminos del ángel o la luna como pan blanco

“... En este corte de círculo en los hechos 
En aquel ventanuco donde empuja la sombra
Está de pie la luna que como un pan blanco
Cae del cielo.” 

E.C.*

En diciembre del año 2013, en ocasión de la visita que realizamos a la exposición de obras de los artistas del Taller de Orientación Plástica de la Colonia Etchepare, habíamos constatado un cambio en la pintura de Ángel Silva. Dos años después, el pasado viernes 18 de diciembre de 2015, fuimos a ver la muestra que año a año organiza dicho taller de plástica con el fin de mostrar la producción anual de cerámica y de pintura, y creímos constatar una profundización de aquellos cambios del 2013. No hablamos en detalle de ello con el artista allí presente, pero sí intercambiamos algunas palabras y alentamos a que siguiera pintando.

Días más tarde nos enteramos que ese mismo 18 de diciembre de 2015, a la tarde, Ángel había sufrido un infarto y fallecido. Al oír la noticia, no pudimos evitar un sobresalto, sentimientos de culpa (“podría haber sido más afectuoso en el trato, podría haber charlado más tiempo con él…”) y la pena mezclada con rabia que sigue a la noticia de la muerte de un ser que estimamos.  Conocemos desde hace años a algunos pacientes que valoramos por su carácter y/o por su obra artística, pero los vemos en escasas y breves ocasiones, y desconocemos casi todo acerca de sus vidas, de sus padecimientos y alegrías. Tratamos de estar al tanto de sus trabajos  –en la Colonia a través de la tallerista Isabel Cavadini–, y los ayudamos en la medida que nos parece posible –desde la escritura y las curadurías de exposiciones–  pero nunca es suficiente, pues están confinados en un sistema asilar obsoleto, marginados de la sociedad, relegados en muchos casos por sus familias pobres y con magros o nulos ingresos económicos.

Obras de 2008

La obra de Ángel Silva, adelantábamos líneas arriba, había operado una serie de transformaciones en los últimos años, especialmente en lo que refiere a la organización espacial de sus pinturas. A partir de 2013 se aprecia una mayor libertad en la amplitud de los blancos de la hoja, así como una creciente variedad de caminos formales que comenzaban a romper la excesiva regularidad de los planos y el horror vacui. Advertimos, además, un alejamiento de la figuración en pos de una mayor abstracción, al menos aparente.

Cuando la publicación del libro Otro Arte en Uruguay (Linardi y Risso, Montevideo, 2009), es decir, en referencia a pinturas producidas por Silva antes o durante el año 2008, habíamos consignado lo siguiente:

“…Dice que pintar es terapéutico, que lo apacigua. De niño le llamaron la atención las películas de cowboys y mexicanos. Ahora reproduce unas figuras con típicos sombreros mexicanos y largos macetones desde los que penden vegetales arracimados. Estos motivos simples realizados con marcadores de color sobre cartulina blanca son reelaborados en múltiples versiones. Le place explorar los contrastes cromáticos y crear intrincadas arquitecturas: los sombreros mexicanos ya sin portadores se vuelven rudos espirales, las macetas crecen como palmeras en jardines de fulgor abstracto. Con un vocabulario plástico reducido Silva ha creado un mundo paralelo en donde no se le da tregua al vacío. Su técnica de colores en damero le proporciona un orden límpido y sin fisuras donde cada parte encuentra el lugar que le corresponde.”

  
Obras de 2013 y 2014 (fondo naranja)

Luego de un tiempo sin producir, cuando Silva retornó al dibujo en el 2013, mantuvo la técnica de los marcadores sobre papel pero abandonó los motivos vegetales, los sombreros mejicanos, los automóviles y toda otra figuración claramente reconocible. La progresión en damero ya no cubría enteramente la hoja y dejaba huecos significantes. En lugar de la cuadrícula una forma similar a los durmientes de las vías de un tren o a gruesas costuras comenzaba a suturar y serpentear espacios colorísticos más distendidos, menos ordenados. Y en el centro de los cuadriculados se presentan círculos concéntricos de bordes imprecisos (“…la luna que como un pan blanco / Cae del cielo”). Tal vez, más que abstracciones se tratase de construcciones como casas o edificios sintetizados al máximo. Tal vez sean como vías del tren por dónde su imaginación discurre buscando salidas y remansos.

La obra de Ángel se expuso en la muestra “Otro Arte en Uruguay” (Centro MEC, Montevideo, 2008), en la exposición “Memorias del Inconsciente” (Galería Sur, Punta del Este 2009), en “De ayer a mañana” (Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Montevideo, 2011) y desde 2008 (año de su irrupción en el taller) en las muestras, ya mencionadas, que realiza anualmente taller
de Orientación Plástica de la Colonia Etchepare a cargo de Isabel Cavadini (Colonia Etchepare, San José).

Sector de la muestra Arte Otro en Uruguay en Centro MEC, noviembre 2008 (en primer plano, "León" de Alberto Panzardi y al fondo obras de Ángel Silva, Juan Carlos Cortese y Miguel Tosi)

Recordamos la viva imagen que nos produjo el primer contacto con el artista en el invierno de 2008: “Lo encontramos ensimismado, con un cigarro en una mano y un graypen en la otra, dibujando en la última luz de la tarde […]  Nos cuenta que su padre era un obrero y cuando no había trabajo sobrevivían con lo que podían pescar. Pasó momentos de gran penuria y de reclusión…”

La obra de Silva es testimonio de un proceso creativo dinámico, de intenso colorido y febril concentración, que fue evolucionando según su propio interés y estados de ánimo, sin apuntalamientos didácticos ni intervenciones de ningún tipo. Es la expresión de la riqueza espiritual de un hombre que no tuvo una vida fácil, de la síntesis o amalgama de sus recuerdos, de su lucha por encontrar un orden y una salida al dolor a través de la pintura. Hoy nos despedimos de su persona pero no de su obra, que nos confirma la importancia de la creación artística como manifestación de los valores humanos transcendentes.

 
Obras de 2015

* Eduardo Curbelo. La rosa del manicomio (y otros servicios de salud mental), Editorial Yaugurú, Montevideo, 2010.