El dios vivo y el Dios Verde de Hugo Rey



«... En la imaginación orgánica, los artistas son “demiurgos” que, con lógica platónica, se compadecen de la materia y le insertan ideas vitalizantes. Siempre emplean elementos que denotan signos vivos en su totalidad o en sus partes. Trabajan con madera, con barro, con caracoles, con arena... En algunos casos, los demiurgos se contentan con seguir las sugerencias orgánicas que se encuentran ocultas en la materia  –especialmente en la madera– y sacarlas a la luz con gestos ensimismados […]  El mecánico mercedario Hugo Rey (1950) que suele trabajar el algarrobo para sus tallas compactas y bien logradas, llegó a esculpir una efigie de José Salles en un árbol vivo (eucalipto), en el preciso lugar donde el legendario personaje conocido como El Dios Verde solía pasar sus días. Ahora la corteza del árbol comienza a fagocitar lentamente la figura tallada y el movimiento vital se aprecia día a día, mes a mes. No faltan ofrendas florales e intervenciones al pie del tronco que modifican la obra y agregan nuevos elementos orgánicos...»

Este fragmento, publicado en Otro Arte en Uruguay (Pablo Thiago Rocca, ed. Linardi y Risso, Montevideo, 2009, pág. 75) tenía algo de profético, como conviene a la naturaleza del personaje representado. La talla del legendario mendicante José Salles (Canelones, 1879 - Montevideo, 1970) que recorrió Uruguay descalzo y con su túnica verde, fue realizada por el artista Hugo Rey en los primeros días de diciembre de 2007. Con las fotos que se tomaron en los primeros meses, y que se reproducen en este sitio, no se podía imaginar hasta qué punto la corteza del árbol se iba a "fagocitar" a la figura. 









Fotos: Eloísa Ibarra, 2008

En setiembre de 2018, el personaje tallado apenas se aprecia, salvo que el nimbo ha sido seguramente  "actualizado" en un intento de prolongar la representación del rostro, no la vida del personaje, que se mantiene y se mantendrá mientras el árbol permanezca en pie y su sabia verde circulando.

La inmersión de la figura "santa" –del santoral popular en el tronco del árbol posee un carácter simbólico de hondas resonancias. Difícilmente exista una escultura de este tipo  y se desconoce prácticas semejantes en el campo de la antropología actual. El significado del árbol como axis mundi es bien conocido: la vertebración de un sujeto histórico el dios Verde en el dios vivo del animismo es una fantástica recreación del mito del eterno retorno.

Si las religiones monoteístas judeocristianas, como sostenía Mircea Eliade, instauran con la aparición de sus mesiánicos profetas, una inmersión en el tiempo histórico, es decir, que transforman su acción en un acontecimiento de la historia humana, en un hecho no reversible, fechado, en "una ruptura radical de la continuidad", con esta talla, en cambio,  el artista restituye al profeta histórico uruguayo a un tiempo original que es "sin almanaque", el de la propia naturaleza vegetal.


Como el semidios Pan (Πάν) de la mitología griega, también aquí la representación del Dios Verde porta un cayado y su propia vivificación prefigura además su desaparición visual, pero no su obliteración, ni su negación en tanto ser. El Dios Verde se guarda a sí mismo, retornando al seno de la naturaleza de donde, paradójicamente, se puede decir que jamás ha salido.









Fotos: Pablo Thiago Rocca, 2018


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