La casa de las máscaras en Villa Soriano



Hace diez años Eloísa Ibarra, en el marco del proyecto de investigación Arte otro en Uruguay, entrevistó a los dos hijos de Juan “Paco” Artega, fallecido una década antes, y tomó registros fotográficos de la casa de las máscaras en Villa Soriano. Con los datos aportados por sus entrevistas e imágenes, más unas estupendas fotos en blanco y negro que Pablo Bielli le había tomado al mismo Paco mucho tiempo antes, armamos la ficha del libro Otro Arte en Uruguay (Linardi y Risso, Montevideo, 2009): 

La “Casa de las Máscaras” de Juan Artega (Villa Santo Domingo de Soriano, 1910-1999) constituye uno de los atractivos turísticos de la villa más antigua del país. Don “Paco” Artega fue un obrero, changador y albañil de oficio, que se desempeñó principalmente en las casas de la zona. En sus ratos libres comenzó a decorar macetas y a realizar máscaras con arena y pórtland, como una manera grata de adornar su hogar. Empleaba piedritas o caracoles para componer los ojos y la nariz y se preocupaba de obtener diferentes gestos y facciones graciosas. Esta aspiración de diversidad contrasta con la regularidad con que dispone sus creaciones. Artega fue cubriendo con más de 80 máscaras (ingenuas, toscas, bien dotadas de color) buena parte de las paredes de la casa. Presentes en una intersección de calles, semejan un ejército de acendrada imaginación infantil, una sucesión insólita de rostros vigías encaramados en pretiles y ventanas que se encargarían de escrutar, no sin ciertas expresiones de impaciencia, tristeza, asombro o desaprobación, las tranquilas veredas del pueblo. La alternancia de cornamentas de ciervo impone una cuota de extrañeza al conjunto: a una primera impresión de gracia infantil nos sucede otra más inquietante, que refleja las complejidades y dubitaciones del artista adulto.





Fotos de Pablo Bielli. Años noventa.


Hoy, setiembre de 2018, hemos vuelto a visitar la Villa Soriano y a sorprendernos nuevamente por la imponencia de esos rostros modelados a mano, el colorido y el humor innato que los preside. A decir verdad, no se trata de máscaras propiamente, sino de simples caras y cabezas compactas, de rudas proporciones y frescura risueña, que cambian de aspecto según la luz del sol se proyecta sobre las facciones toscas, insinuadas. Algunas de esas piezas son macetones –las plantas como locos cabellos-, otras son tejas pintadas.

El tiempo ha pasado sobre esos rostros con narices de caracol y bocas fruncidas, sin que les quitara la alegría rústica, ni les ablandara el gesto grotesco y burlón (hay uno cuya nariz es un pene y el mentón está formado por un aparente escroto). Las “máscaras” están plenamente integradas a la fachada y al entorno, conviven con el paisaje sin fricciones, son como duendes y demonios tutelares del pueblo. 

Foto de Eloísa Ibarra, 2008.

Junto con las imágenes (vírgenes, cristos y santos con cabello humano) de la centenaria capilla de Santo Domingo, el enorme Artigas realizado hace unos años por José Moreira a encargo de Juan Estévez (todos los que trabajaron en el monumento, que incluye además un niño indio y un perro cimarrón, comenzaban con “J”), y el fascinante Museo casa de los Marfetan (una especie de gabinete de curiosidades históricas locales) se conforma un enclave de expresiones auténticamente populares, en el que la rudeza y hasta la misma fealdad en algunos casos (la mano de Artigas sosteniendo el mate), son parte natural, sine qua non, de su encanto.























Fotos de Pablo Thiago Rocca, 2018.





Catálogo de Raúl Javiel Cabrera en el Museo Nacional de Artes Visuales (Uruguay)

Catálogo de la exposición "Donación Raúl Javiel Cabrera Cabrerita (1919-1992)", muestra que fuera exhibida del 1 de marzo al 8 de abril de 2018 en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo. Textos de Sergio Mautone, Enrique Aguerre y Pablo Thiago Rocca. Montevideo, 2018, 64 páginas. 





PARA DESCARGAR CATÁLOGO HAGA CLICK EN CATÁLOGO DONACIÓN CABRERA

Rosa Cazhur en el Ateneo de Montevideo


El Gobierno de Canelones, el Municipio de La Paz y el Ateneo de Montevideo, promueven la Quinta Edición de la “Semana de Cultura Canaria” a realizarse en el marco de la celebración del 150 Aniversario del Ateneo, en el hall del Ateneo de Montevideo (Plaza de Cagancha 1157) del 21 al 31 de agosto de 2018.



Foto: Pablo Bielli


La muestra de artes plásticas cuenta con el apoyo del MEC, el Museo Nacional de Artes Visuales y prestadores particulares. Las obras que la integran pertenecen en su gran mayoría a la los artistas quienes generosamente cedieron para la misma parte de su acervo, como así también de la colección del MNAV. El proyecto Arte Otro en Uruguay colaboró prestando  dos obras de Rosa Cazhur, artista que vivió en La Paz, departamento de Canelones. Las obras se exhiben junto a dos grandes acuarelas de Raúl Javiel Cabrera (Cabrerita) pertenecientes al acervo del MNAV.

La exposición es un recorrido por buena parte de la producción de arte contemporáneo de la región, con obras de Manúel Rosé, Germán Cabrera, Rubén Sarralde, Júan A. Cavo, Raúl Javiel Cabrera, Raúl Rijo, Rosa Cazhur, Daniel Gallo, Carlos Ginovart, Joaquín Aroztegui, Juan Mastromatteo, Mariela Rosas y Uruguay Russi, entre otros.  

Las dos obras de Rosa Cazhur seleccionadas para la muestra son:

"Cuando llego saco a luz"   acuarela y tinta sobre papel  (32 x 24,5 cm), y " Crearía un idioma", acuarela y tinta sobre papel (30 x 21 cm), ambas del año 2010. Los títulos de las obras fueron tomados de poemas escritos por Rosa en los años setenta.




Cuando llego saco a luz
Todos mis sueños, recupero
Sonrisas y palabras.
Cuando llegas, las paredes
De mi casa son tibias
Envolturas
Y se apagan los ruidos
De la casa, consagrando
Tu llegada.


(1975)




Crearía un idioma
Que expresara
Lo que el roce
De tus labios significa
Pues mi necesidadDe amar tiene tu nombre
Aunque seas tú sólo
Una copa donde vierto
Mis sueños, esperanzas
Y deseos.

(1975)




Rosa Cazhur (Durazno, 1947) 

Desde niña dibujaba. Su padre le compraba los materiales y la alentaba a superarse. Con el tiempo Rosa Cazhur se casaría con un pintor y participaría de un colectivo de artistas. Ingresó en la Colonia Etchepare, donde permanece, debido a trastornos emocionales. Pasó por una época muy difícil en que no hallaba una salida a su crisis creativa. La tallerista del lugar, Isabel Cavadini, le sugirió que probara dibujar con los ojos cerrados, como un modo de exorcizar el temor a la hoja en blanco y recobrar el proceso intuitivo. “Hoy nació Rosa Cazhur”, le confió la artista con los primeros resultados. Rosa pinta recostada en su cama con los materiales apoyados en una tabla. Los dibujos de delgada línea salen de una vez, rápidamente, y los pigmentos se escurren por la hoja en blanco. Sus series de autorretratos, embarazadas, partos, parejas hombre y mujer, madre e hija, recrean un universo personal de gran sensibilidad, con extremos de dramatismo y dulzura. Su obra nace de una vertiente interior y alcanza la forma de un reclamo emocional directo. Se lee en uno de sus sentidos poemas: “Me gustaría / que hubieran / muchos seres / que dijeran: / me gusta tu pintura, / me gustan tus poesías / pero más me gustaría / que hubiera / un solo ser / que dijera / te amo, / aunque no pintes, ni escribas.”

Foto: Pablo Bielli

Más sobre la exposición de Raúl Javiel Cabrera en el MNAV


Entrevista de Roberto Saban ("De fogón en fogón") a Pablo Thiago Rocca sobre la muestra "Raúl Javiel Cabrera (1919-1992), Donación esterista" del Museo Nacional de Artes Visuales.  Haga click AQUÍ para ver la entrevista



Repercusiones de la exposición de Raúl Javiel Cabrera en el Museo Nacional de Artes Visuales




La exposición de la donación de obras de Cabrera por parte de Fernande Dalézio y la colección esterista en el  Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV)* ha concitado, como era de esperar, el interés de la prensa y de los medios de comunicación en general. Desde el proyecto Arte Otro en Uruguay, que busca recoger la singularidad de los artistas fuera de la corriente principal, reunimos algunos de los reportajes y notas publicadas recientemente en los medios locales con el objetivo de consolidar esta operación de rescate de uno de las grandes artistas plásticos del siglo XX.

* Del 1° de marzo al 8 de abril. Sala 4. MNAV, Tomás Giribaildi 2283 esquina Julio Herrera y Reissig, Parque Rodó, Montevideo.


"Obras de Cabrerita se expondrán en el Museo Nacional de Artes Visuales." Noticia de Myriam Caprile en portal Platea Vip del 23 de febrero de 2018. 

"Gracias a la generosidad de Fernande Dalézio -quien donó al Estado uruguayo alrededor de cien obras de Cabrerita que formaban parte de la Colección Esterista de su propiedad y valiosos documentos sobre el artista-, es que se ve enriquecido el patrimonio artístico de nuestro país, y serán estas obras –muy poco conocidas- las que formen la exposición a inaugurarse en marzo. El MNAV presenta esta valiosa donación en su totalidad y anunció que se está preparando una exposición antológica en el centenario del nacimiento de Raúl Javiel Cabrera “Cabrerita” a realizarse el año próximo."


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"Inauguran muestra Donación Raúl Javiel Cabrera". Entrevista a Enrique Aguerre, Director del Museo Nacional de Artes Visuales, en el programa Informe Nacional de Radio Uruguay (SODRE)

«Aunque se señala que su vida transcurrió entre internaciones en hospitales psiquiátricos y familias que lo toman a su cargo, su tarea plástica fue constante y sus acuarelas son calificadas como únicas para la pintura uruguaya del siglo XX. Para el director del Museo Nacional de Artes Visuales, todavía queda por conocerlo y reconocerlo como debiera. En ese sentido, afirmó que hay que calibrarlo “en su estatura de gran artista y no como un raro”.»

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Entrevista de Pablo Silva Olazábal a Pablo Thiago Rocca en La máquina de pensar, programa de Radio Uruguay (SODRE)  del día lunes 5 de marzo.

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"Miradas alucinadas"  Entrevista de Débora Quiring  a Pablo Thiago Rocca en La Diaria el día 2 de marzo de 2018.

«En esta exposición se advierten sus reconocibles paisajes con niñas en primer plano, que miran lánguidas y absortas, y que remiten a la infancia, a la inocencia, a la virginidad. O a una intransferible pureza que sugieren los gestos, las manos estáticas, entrelazadas sobre la pollera. En definitiva, se trata de obras que sustentan una belleza irreal y conmovedora. Y, en paralelo, trazan un encanto distinto, con otra carga y densidad, que al avanzar entre década y década se transforma en un inquietante balbuceo. Para el curador, Pablo Thiago Rocca, su prolongada “y para muchos inexplicable reclusión psiquiátrica –nunca se corroboró un diagnóstico de su presunta demencia y su historial clínico desapareció–, la lucha pertinaz del ser humano por el reconocimiento de su individualidad y de su condición de artista, precisa una gran amplitud de miras para entenderlo en sus dimensiones únicas y particulares: con o sin Parrilla, con y sin premios, con y sin abandonos”. Y por eso, hoy Cabrerita “comienza a recobrar el lugar en la institucionalidad del arte que tan trabajosamente había empezado a forjarse en los años 40”.»

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"Muestra de Raúl Javiel Cabrera, ‘Cabrerita’, en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV)". Noticia en "Hoy Canelones" del día 6 de marzo de 2018.

"La muestra, que estará abierta al público hasta el domingo 8 de abril inclusive, llegó al Museo gracias a la generosidad de la señora Fernández Dalézio, quien donó al Estado uruguayo alrededor de cien obras de Cabrerita que formaban parte de la Colección Esterista, de su propiedad, así como valiosos documentos sobre el artista."

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"La intensidad de Cabrerita en las niñas de acuarela. El Museo Nacional de Artes Visuales expone 100 obras de la Colección Esterista de Raúl Javiel Cabrera". Nota de Rosalía Souza para diario El País del día 6 de marzo 2018.

"La vida de Raúl Javiel Cabrera “Cabrerita” no fue fácil. Abandonado de niño, más bien fue un limbo entre hogares adoptivos e instituciones psiquiátricas. Debe ser por eso que las niñas de Cabrerita, aquellas innumerables pintadas en acuarelas con cabello rubio, de manos y ojos grandes —unas veces celestes, otras tantas castaños— transmiten de todo menos calma. Hay una especie de efecto paradójico entre los colores suaves que transmiten inocencia y la intensidad de las miradas melancólicas, al punto que intimidan cuando se camina entre ellas en el Museo Nacional de Artes Visuales."

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Caricatura de Cabrera de Jaime Clara 
que circula en las redes en homenaje al artista 
y un guiño (las alitas) que homenajea también a Menchi Sábat


Exposición de Raúl Javiel Cabrera en el Museo Nacional de Artes Visuales


Con motivo de la donación de la Sra. Fernande Dalézio, quien legó al Estado uruguayo más de cien obras de Raúl Javiel Cabrera parte de la Colección esterista de su propiedad  se lleva a cabo una exposición en la principal pinacoteca del país. Con esta muestra que va desde el 1 de marzo de al 8 de abril de 2018, el Museo Nacional de Artes Visuales "presenta esta valiosa donación en su totalidad y anuncia que se está preparando una exposición antológica en el centenario del nacimienito de Raúl Javiel Cabrera a realizarse el año próximo".


El siguiente texto fue escrito por Pablo Thiago Roca para el catálogo que acompaña la exposición y que será publicado a al brevedad
.


La donación esterista: “Del otro lado del agua. Raúl Javiel Cabrera o la estrella permanece


I. Un rostro alucinado

“El año pasado caminaba distraídamente por Boulevard des Capucines cuando siento desde una vidriera una mirada que se apoya en mí.  Reconozco un rostro alucinado que me reconoce; luego desde un muro la misma cara me observa, me llama. ¿Cabrerita? Me desoriento, me cuesta creerlo. Pero sí, está ahí, Cabrerita tomó al asalto las calles de París…
”.1 El sorprendido era Raúl Zaffaroni (Montevideo, 1917 - 2011 ) uno de los primeros coleccionistas de la obra de Raúl Javiel Cabrera (Montevideo, 1919 – Santa Lucía, 1992). Zaffaroni  no atinaba, al menos en primera instancia,  a explicarse la razón de esa presencia por “asalto” de la “niña” de Cabrerita, publicitando una obra de teatro en multiplicados carteles callejeros. Seguramente desconocía que Cabrera había paseado también por aquellas aceras parisinas unos años antes o al menos vislumbrado al pasar antes de arribar a Levens, donde se reuniría con su querido amigo de la adolescencia José Parrilla (Montevideo, 1923 – Niza, 1994).


En efecto, Cabrerita, como le decían sus contemporáneos, luego de sufrir tres décadas de internación continuada en el psiquiátrico de la Colonia Dr. Bernardo Etchepare y resurgir de este sufrido claustro como el ave Fénix, había sido invitado por Parrilla a una residencia cercana a Niza, en la Costa Azul francesa, donde su amigo lideraba la corriente artístico-filosófica  conocida como esterismo. Cuesta imaginarse al pintor de pasaporte, impecable y lustroso, en el aeropuerto,  pero hay documentos fotográficos que así  lo muestran.2 Y por supuesto, también hay imágenes de su estadía en Levens, entre abril de 1983 y febrero de 1984 en el seno de la comunidad esterista: en una de ellas se lo ve conversando con Fernande Dalézio, principal responsable de la donación que hoy nos convoca.


¿De esta estadía en Francia proviene la valiosa colección de acuarelas y dibujos de Cabrera? No. Al menos, no totalmente. Algunas obras pertenecen al período más esplendoroso del artista, a principios de los años cuarenta del siglo pasado, anterior a la internación psiquiátrica. 
También hay dibujos que realizó en la Colonia como lo prueban los sellos de tinta azulada Servicio de Laborterapia– y otros posteriores que pudo haber realizado en Francia y/o en Santa Lucía. Este es el punto en el que debemos detenernos para hacer un breve recuento de la peripecia de Cabrera y de sus distintas etapas creativas, que las tuvo, pese a la continua negación como artista por parte de sus contemporáneos. Sólo así podremos apreciar el valor de este desprendimiento de los esteristas y el simbolismo del retorno de la obra de Cabrera a su país y a la principal pinacoteca nacional.

II. Breve repaso por su biografía.
Raúl Cabrera Alemán nació en Montevideo en diciembre de 1919. A los pocos años fue dejado en el Asilo Dámaso Antonio Larrañaga. A la edad de 10 años lo adoptó una familia de inmigrantes italianos de apellido Panochi.

Concurre entonces a la escuela José Pedro Varela entre los años 1932 y 1935, donde manifiesta un talento especial para el dibujo y amista con un compañero de banco, Mario García, quien nos ha dejado un testimonio muy preciso de su personalidad infantil. Asiste, entonces, brevemente al taller de Gilberto Bellini. Abandona la escuela y trabaja como repartidor de viandas. Por esta época concurre esporádicamente al taller de Pablo Serrano y de Carlos Prevosti: “A los once años copié un retrato de Varela. Entonces salí en los diarios como niño prodigio, y me llevaron a estudiar con Gilberto Bellini.  Después estudié con Serrano en el Taller Don Bosco. Y Carlos Prevosti me enseñó las proporciones. Pero no crea que mucho tiempo. En realidad la pintura viene de adentro, viene sola, no sé muy bien de dónde, pero se nace pintor”.3 


Aproximadamente a los 18 años abandona su hogar de adopción para vivir en la calle. Traba amistad con el poeta José Parrilla y ambos se vinculan a la vida bohemia y a las tertulias de los bares y cafés Sorocabana, Metro y Yatasto, que frecuentaba la Generación del 45. La amistad fraguada en esos años con José Parrilla se mantendrá durante toda la vida pese a las distancias y los tiempos difíciles que los separan y los unen alternativamente: “Entre Cabrerita y Parrilla había, como te puedo decir, un intercambio casi hasta mental, se complementaban. Hablaban de tal manera que a veces no se les entendía nada. Era como una especie de código.4 

Por esa época asiste a las charlas y al Taller de Torres García y conoce personalmente al maestro –junto con José Parrilla y Mario García lo visitan en su casa de la calle Abayubá– así como a varios de sus discípulos: su obra y la de sus amigos –como Parrilla, Humberto Megget y Manuel Aguiar, discípulo directo de Torres–  es influenciada por las ideas del creador del Universalismo Constructivo. Ambos conocen también a Juan Carlos Onetti, cuya primera novela, El Pozo, será también influyente en sus concepciones artísticas.

Hacia 1942 se crea el heterónimo Javiel con el que firma sus obras. A los 24 años obtiene un Premio Adquisición por su acuarela “Dos niñas” en el V Salón Municipal (Museo Blanes), y dos años más tarde, en 1946, obtiene un premio Adquisición por su acuarela “Composición” (acervo del Museo Blanes) en el VII Salón Municipal, y el Primer Premio Especial, Medalla de Bronce, en el X Salón Nacional de Pintura, Acuarela y Escultura, por la acuarela “En una isla” (acervo del Museo Nacional de Artes Visuales). Durante esta década, muy productiva, expone de forma individual tres veces en el Ateneo de Montevideo y dos en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Vive algún tiempo con Parrilla y cuando éste viaja a Europa, en 1948,  lo deja a cargo de su hermana Lucy Parrilla (Montevideo, 1925 – 2017). 

Hacia 1951, habiendo quedado Lucy Parrilla en la calle con un hijo pequeño, Cabrera, sin lugar donde pernoctar, es llevado al Hospital Vilardebó. Pero al poco tiempo lo trasladan a la Colonia Dr. Bernardo Etchepare, donde permanecerá por tres décadas. Ocasionalmente lo dejan salir con otros internos a ver muestras de arte y recibe visitas de conocidos y artistas. Entre otros amigos –como Alejandro Casares, Gerardo Ruiz, Oscar Prato–, en abril de 1965 lo visita María Esther Giglio, y se encuentra con dificultades para acceder a la entrevista. Un funcionario asegura que no vale la pena ver a Cabrera porque “No va a querer hablarle, ni levantarse. Pasa semanas callado.” Pero Cabrerita accede y Giglio, que lo conocía de joven, afirma: “Hablamos. Hablamos como podríamos hacerlo usted y yo si ahora estuviéramos frente a frente.”5  


En ningún momento de la internación psiquiátrica abandona totalmente la pintura, si bien es sometido a tratamientos de electrochoque y se le retiran todas sus obras que pasan a circular por el mercado negro y por distintas dependencias públicas. Hacia 1980 es dado de alta y la familia Lucchinetti lo invita a vivir a su casa en Santa Lucía. En 1981 una selección de sus obras viaja a la XVI Bienal de San Pablo, sin que él estuviera enterado. En 1983 viaja a Niza (Francia) invitado por su amigo Parrilla y permanece diez meses en el seno de la comunidad esterista. A su regreso, de nuevo con la familia Lucchinetti, realiza varias exposiciones individuales en galerías montevideanas. En 1985 se lleva a cabo una gran exposición en el Théâtre Essaïon de París con pinturas de Cabrera y poemas de Parrilla. En 1987, a instancias del artista Manuel Espínola Gómez quien había declarado que era el “más grande acuarelista que dio el país”, el Estado le otorga una pensión graciable. Vive pintando muy tranquilo sus últimos meses. Fallece en diciembre de 1992 y sus restos descansan en el cementerio de Santa Lucía.

III. Las etapas creativas

Mientras duró su largo encierro en la Colonia Etchepare, y aún después, la prensa y muchos de sus amigos lo dieron por perdido: lo creían muerto o víctima de una locura incurable. Pero en las entrevistas, él mismo, haciendo gala de plena lucidez, reclama siempre por su obra y solicita que se le considere como artista. “A los 18 años empecé a pintar yo... Lo otro era una pintura distinta... estudiando y copiando y todo... A los dieciocho años renuncié a esa pintura y empecé a hacer otra, ¿sabe?... Lo otro es más bien clásico y esto es moderno, y a mí me interesa ser moderno... Igual que Picasso, que tiene épocas distintas, yo también tengo épocas distintas. Y ahora debo estar entrando en otra época porque aquí en esta casa tengo paz, tranquilidad, y digo yo que debo estar pintando de otra forma ¿no?”.6 

Por eso resulta tan importante intentar un esbozo de orden cronológico-formal de su producción. Las resistencias a este intento, inclusive por parte de personas que lo quisieron y lo ampararon, pertenecientes en su mayoría al ámbito literario –y no al plástico–,  denota una falacia generacional o por lo menos una curiosa ausencia de competencia interpretativa.7 

Un análisis de la obra de Javiel Cabrera no puede prescindir del reconocimiento de al menos cuatro períodos bien diferenciados. La etapa formativa (1935-40), mayormente perdida, de la que se rescatan algunos comentarios y descripciones orales pero, también, una serie de dibujos de carácter naturalista y retratos al óleo –entre los que se encuentran los retratos de Mario García y de Carlos Maggi–. Le sigue el período creativo más fermental que hemos dado en llamar la etapa vitraux (1941-51), en la que ostenta gran dominio del dibujo y  fuerte estructuración, con acentos rítmicos y bocetos marginales que comienzan a invadir la forma primaria de la composición –figuras femeninas, retratos, paisajes–. Dentro de este período podemos reconocer en la actualidad –ya que contamos con nueva documentación probatoria–  una marcada etapa torresgarciana, en la que busca estructurar las obras en base al compás áureo. Algunas de estas búsquedas constructivistas  –y de sus correspondientes trazos a lápiz– se mantienen en etapas posteriores como durante la llamada etapa de transición (1951- mediados de la década del 60') que comprende acuarelas grandes y bien compuestas, pero sin tanto remarcado de los planos ni complejidades en el dibujo –caracterizada por figuras femeninas y masculinas de frente y de perfil–. La etapa de licuación (década del 60 - 1992) está constituida mayormente por acuarelas de motivos lavados y poca geometrización (figuras femeninas frontales y de perfil) muchas veces realizados por encargos y a desgano.

Como en todo gran artista, estas categorías estancas que hemos urdido para mejor  entenderlo, suelen ser superadas por “escapes” o disrupciones más o menos conscientes y excepciones a la regla. Incluso en su último período, el más flojo y a la vez el más conocido debido a su compulsiva multiplicación, su obra conserva algo de gracia sutil en el color,  a veces unas líneas de fino lápiz que sostienen los campos cromáticos, y ese impulso perenne hacia la abstracción y al hieratismo que envuelve a sus figuras con un halo intrigante y místico.

IV. Una colección singular 


La partida hacia España de José Parrilla casado con Alma Castillo –artista cercana al taller Torres García– y un hijo recién nacido, en 1948, no significa el abandono de su amigo ni el olvido de su obra. Parrilla no sólo se encarga de dejar a Javiel al cuidado de su hermana Lucy sino que llevará consigo una gran carpeta de acuarelas y dibujos – aproximadamente medio centenar– de la segunda etapa mencionada, la producida en los años cuarenta, con el fin de darle difusión e integrarla a las acciones artísticas que él piensa llevar a cabo en el viejo continente.

Se suceden así una serie de exposiciones colectivas, primero en Valladolid y luego en Barcelona, para finalizar en Niza, en el que las acuarelas de Cabrera acompañan el desarrollo creativo de Parrilla, y por añadidura, sus innovadoras ideas en arte y hasta su conversión como líder comunitario. Desde el año de arribo a España hasta mediados de los años cincuenta, el nombre de Cabrera aparece en una serie de exposiciones junto a Alma y José, y otros artistas que pronto pasarán a engrosar en Valladolid el grupo llamado Pascual Letreros


Hacia 1953 comparecen también algunos artistas como Primitivo Cano y  Gerardo Pintado, que una vez instalados en Barcelona, se transformarían en activos participantes del grupo esterista. En 1960 la comunidad esterista se instala en Levens, cerca de Niza, y comienza a editar una serie de publicaciones periódicas dirigidas por Fernande Dalézio, destinadas a divulgar los métodos y los alcances de las doctrinas infundidas por Parrilla.

El nombre de la corriente deriva de un poema de José en el que habría mencionado repetidas veces el nombre de Ester. Se trataría de un símbolo virginal –eterno femenino– que en tanto arquetipo de puridad, cristalizaría o haría posible una conexión con Lo Absoluto. La imagen de la figura femenina en la obra de Cabrera, popularmente conocida como las “niñas” de Cabrerita, viene a aportar y a ocupar, por tanto, una dimensión estructurante a la doctrina de Parrilla.
Frecuentemente citado en los boletines o reproducidas sus obras, Raúl Javiel Cabrera se hace presente en la comunidad esterista antes de estarlo físicamente.8 


En agosto de 1966, la publicación periódica Regie Parrilla, n° 1, dedica un pliego a la reproducción de cuatro obras de Cabrera –dos acuarelas y dos dibujos–acompañados del siguiente texto: “De l'autre côté de l'eau: Raúl Javiel Cabrera: / Ou l’Étoile demeure”. (Hay que destacar que dos de las acuarelas que se reproducen a la sazón en el órgano de difusión corresponden a las número tres y cuatro de la donación del 2017 al Museo Nacional de Artes Visuales). Ya entonces, hace más de medio siglo, se declara que las dos caras de una amistad escindida por el océano conforman una misma moneda, un mismo valor a perpetuidad: la estrella de Cabrera –su suerte, su frágil resplandor– resiste. 

Cuatro años después, en otra publicación también dirigida por Dálezio con la anuencia insoslayable de Parrilla, el boletín titulado Au Nom de P., se reproduce un fragmento de la nota de María Esther Giglio cuando visitara a Cabrera en la Colonia Dr. Etchepare y declarara no haber visto en esos pabellones “nada más parecido a los campos de concentración que el cine y la literatura nos enseñaron”. Debajo de este texto citado se consignan las referencias al mismo y una acotación que sorprende: “Raúl Javiel Cabrera, le premier estériste”.9  


Esta asimilación radical de Cabrera como vehículo de la expresión esterista avant la lettre se mantiene a lo largo del tiempo y aún se refuerza. Porque, por un lado, prosiguen las publicaciones en donde comparte protagonismo con la poesía de Parrilla o los actos esteristas (continuarán las publicaciones después de la muerte del líder), y por otro, allegados al grupo viajan a Montevideo en épocas recientes para adquirir obra de Cabrerita de distintas etapas, en especial de las postreras, por ser las únicas accesibles.10 

De esta manera, la presente colección esterista abarca todas las etapas de Cabrera con excepción de la inicial, y se perpetúa como el signo dual de las dotes del amigo, es decir, con la función de complementar el legado de Parrilla o presentarlo como un todo indisociable. Pues bien, la historia personal de Raúl Javeil Cabrera, su prolongada y para muchos inexplicable reclusión psiquiátrica –nunca se corroboró un diagnóstico de su presunta demencia y su historial clínico fue desaparecido– la lucha pertinaz del ser humano por el reconocimiento de su individualidad y de su condición de artista, precisa de una gran amplitud de miras para entenderlo en sus dimensiones únicas y particulares: con o sin Parrilla, con y sin premios, con y sin abandonos. 

Hoy Cabrera comienza a recobrar el lugar en la institucionalidad del arte que tan trabajosamente había empezado a forjarse en los años cuarenta. El gesto de la donación esterista, generoso y proverbial, es un gran paso hacia la consecución de la verdad histórica escamoteada por su generación, o por parte de ella. El centenario de su nacimiento, en el 2019, nos acercará la oportunidad de consumar el círculo de los reconocimientos y de las aguas: Cabrera retorna a casa navegando en el recuerdo de su amigo Parrilla.  La estrella permanece.



NOTAS

1. "Museo vivo-las calles de París", Semanario Jaque, Montevideo 5 de noviembre  de 1986.
2. Idea: la vida escrita, Ana Inés Larre Borges, Cal y Canto y Academia Nacional de Letras,  Montevideo, 2007.
3. Entrevista de Mercedes Sayagués Areco, “No es una leyenda, es un hombre”, Opinar, 12 de febrero de 1981.
4. Mario García, entrevista del autor el 30 de agosto de 2008.
5. “Cabrerita”, Semanario Marcha, 7 de mayo 1965.
6. Mérica, Ramón. “El beneplácito de los heliotropos”, Suplemento de El Día, 23 de agosto de 1981.
7. No, no hay etapas, es todo mucho más sencillo. Yo le voy a explicar. Él no estaba loco. Simplemente era un bohemio. Un bohemio empedernido. No le gustaba bañarse. Sólo le gustaba pintar y tomar mate”. Conversación con la poeta Lucy Parrilla del 10 de mayo de 2008.
8. “Les Uitotos de Colombie, Yurukares de Bolivie, Zuni et Chipewa, Tupinambas du Brésil, les Indiens Chocos, les Ojibwa des Etats-Units; Raúl Javiel Cabrera; Saluent Parrilla. Ont salué Parrilla / Afragath / Homme  blanc. (Salut recu dans l’étoile du matin).” Esterisme. Organe du Nouvel Age Mundial, N° 5, Levens, Febrero 1961.
9. Au Nom de P. n° 14-15,  pág. 7,  Marzo 1970, Levens.
10. Mientras escribo estas líneas en mi casa de Salinas me anuncian el recibo en Montevideo de una publicación esterista proveniente de Francia, El Puente de Violeta, edición bilingüe español-francés de un cuento de Parrilla ilustrado con las acuarelas de Cabrera, de diciembre 2017. Cabe agregar que la donación fue posible gracias a la participación de numerosas personas como Ricardo Parrilla (primogénito de José), Magalí Stagé, Juan Álvarez Márquez, Omar Mesa, entre otros, quien de un modo u otro intervinieron para facilitar los trámites de la misma.

El informe Maurente


Todos los años nos hacemos un tiempo para visitar el balneario La Paloma donde el artista naïf Alfredo "Lucho" Maurente (San Carlos, 1919 - La Paloma, 1975) supo llevar adelante un restaurante informal y realizar gran parte de su producción artística: pintura sobre tela, talla en madera y esculturas en arena y portland expuestas a cielo abierto.

Desde su muerte, cuando su casa fuera destruida, hasta el día de hoy, las esculturas que se salvaron de esa primera piqueta fatal han sufrido los estragos de la intemperie, el vandalismo y las restauraciones desafortunadas.

Con este registro sistemático y de documentos fotográficos que hemos ido recabando se puede analizar la evolución de las esculturas (la erosión, la sucesivas reposiciones cromáticas, etc.)  con miras a su protección y a su puesta en valor en la comunidad.

En este sentido, pareciera que las autoridades rochenses hubieran leído el informe que hicimos en el 2016: Las esculturas a cielo abierto de Lucho Maruente. O, tal vez, fue casualidad, pero lo cierto es que pareciera que los reclamos hubieran sido muy mal escuchados (o muy mal leídos). 


El deterioro de El Cristo de los Pescadores en la playa Los botes era ciertamente preocupante como lo mencionamos en el informe del 2016, pero la reparación a la que fue sujeto nos deja aún más preocupados. La faltante que denunciamos de la "corona de espinas" fue repuesta con tan poca pericia que más parece la visera de un gorro. 



1965


2018

El excesivo revoque aplicado también termina ocultando algunos detalles importantes que hacen a la calidad de la pieza escultórica. El esfuerzo económico y humano que se puso en repararla, de haber estado bien orientado y mejor documentado, no habría naufragado en esta tempestad de torpezas técnicas. No hace falta ser un experiente oficial albañil para lograr un mayor parecido a la pieza original (quizás el obrero o artesano no contaba con la documentación necesaria, es la única explicación que le encontramos).

Otra acción interventora, que de por sí no es mala y sin duda es bien intencionada, es el traslado de la Virgen de la Paloma desde el frente de la casa de la pintora Martha Nieves (principal salvaguarda de la obra de Lucho al momento de la destrucción de su casa-restaurante)  a un sitio de mayor visibilidad pública, al frente del Museo de La Paloma en la vieja estación de trenes.

Aquí el problema es que no se pensó siquiera en una señalización, ni en una colocación cuidadosa que respetara el prestigio de la figura de la Virgen para el balneario. Tampoco se previó una disposición espacial que la protegiera un poco de la inclemencia de los elementos. La Virgen ha quedado prácticamente enterrada, sin un basamento -no decimos pedestal- que la sostuviera y nos dejara ver sus hermosos pies, al mismo tiempo que ha perdido el color que en una intervención anterior, y con muy buen tino, se le había colocado.




2012

2018

El resto de las esculturas siguen erosionándose (las dos sirenas, el marinero que están en la Plaza al inicio de la avenida Solari) o no aparecen (el angelito que le rezaba al Cristo de los pescadores) y la preocupación, pues, aumenta. ¿Qué se está esperando para reunir las piezas en un solo espacio abierto  (el Cristo con el ángel por un lado, las sirenas con el marinero y la Virgen de la Paloma por otro) con una guía temática que las ordene y les devuelva el sentido histórico que han perdido? ¿Es tan difícil conseguir a un albañil que sepa dar una terminación y mezclar la tierra de colores con propiedad?

Lamentamos profundamente esta situación porque nos consta que no pueden sino ser bien intencionadas las acciones que se han tomado, y lo lamentamos por ello doblemente, porque partiendo desde una iniciativa desinteresada han empeorado las cosas. A la buena acción hay que sumarle el conocimiento y la documentación necesaria.



El Cristo de los pescadores en los años sesenta en su emplazamiento original en el viejo puerto de La Paloma.

El Cristo y el angelito en su ubicación original en 1974.



El Cirsto en el año 2008.

Detalle del Cristo en el 2008

El angelito en el 2008 (en la casa de Martha Nieves)


El Cristo en 2015.


Detalle de El Cristo en 2015 con la faltante de la "corona de espinas".


El Cristo en 2016.





Detalle en 2016.



Detalle en 2016.


Detalle en 2016.


Detalle en 2016.


El Cristo en 2018.


Detalle en 2018.


Detalle en 2018.

 

Detalle año 65. Obsérvese los detalles de la corona y las líneas que dan expresividad al rostro.


Virgen de La Paloma años 60'.


Detalle años 60'.






Detalles de la Virgen de La Paloma año 2012 en la casa de Martha Nieves



Virgen año 2015.


Detalle año 2015.


Virgen de La Paloma año 2016.


Detalle en 2016.



Detalle en 2016.


Virgen de La Paloma en 2018, al frente del Museo de La Paloma.



Detalle en 2018


Detalle de los pies de la escultura en 2018.


Detalle de la paloma, 2018.