"Arte Otro" en el Museo de Tacuarembó



El proyecto Arte Otro en Uruguay, que se plantea un relevamiento a escala nacional de artistas autodidactas, espontáneos, naïf, brut y los mal llamados “primitivos”, cumple diez años y lo festeja con una muestra de su colección y el agregado de piezas de artistas de la zona (Tacuarembó y Rivera) en el Museo de Artes Plásticas de Tacuarembó (MUART).

"Maestra, ama de casa, modista, trabajador rural, enfermero, obrero de la construcción, pescador, carpintero, cantante de ópera… son algunas de las ocupaciones de estos inquietos soñadores que en sus ratos libres se entregaron a la pasión de la pintura, el dibujo, la talla o el modelado. Sus conquistas, bien alejadas de la academia y de las corrientes principales del arte contemporáneo, gozan de una frescura y de una imaginación que las hace trascender el ámbito reducido en el que fueron concebidas."

Queremos agradecer a los artistas participantes, a Eloísa Ibarra,  Osmar Santos y Fernando Stevenazzi, quienes colaboraron con la puesta a punto de la exposición, y a la Directora del MUART, Ethel Raineri, por invitarnos a llevarla adelante.

Es la primera vez que se reúne fuera de Montevideo un número tan importante de artistas “otros” que gracias a sus singulares estilos se han ganado un lugar en la historia del arte nacional. 





Obras originales:

Víctor Andrade / Daniel Barboza / Rosa Cazhur / Cyp Cristiali / Alberto Da Rosa / Miguel Euguren / Carmen García Pernas / Magalí Herrera / Lía Mainero / Orfila Martins / Alfredo Maurente / Alberto Méndez / Manuel Méndez / Ergasto Monichón  / Annie Namer / Alda Pereira / Odín / Adeliano Silva / Alejandro Yanes.

Fotografías de esculturas a cielo abierto:

Juan Artega / Julio César Coronel / Alfredo Cuello / Sergio Isaías Demaría / Arsenio Duarte/ Ramón Gallo / Ramón Lumaca / Américo Masaguez / Alfredo Maurente /  Juan Ángel Palomeque / Miguel Pérez /  Humberto Rigali / Guillermo Vitale.


Las obras expuestas no están a la venta. Las piezas de la colección Arte Otro que se exhiben forman parte de donaciones realizadas por Ana María Artega, Rosa Cazhur, Yvonne D’Acosta, Enrique Gómez, Carmen García Pernas, Kirai de León, Manuel Méndez, Annie Namer y Alda Pereira.

Bordado naïf de Esther Haedo retorna a su lugar de origen




El 25 de julio de 2017 se efectuó la donación del bordado naïf de Esther Haedo a 'Las Nubes' a través de una resolución de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación (exp. 2017-11-0008-0046). Recordamos el proceso que se llevó a cabo y agradecemos a todos quienes colaboraron para que este sencillo mas emotivo gesto se concretara y este "simbólico retrato de la pareja (Esther y Enrique Amorim) en clave hogareña" retornara a su lugar de origen.

De la entrada del blog de noviembre 2016:

«Días pasados recibimos una curiosa donación (porque desconocíamos las dotes creativas de la autora) para el proyecto Arte Otro en Uruguay. Se trata de una pieza textil de autoría de Esther Haedo (Montevideo 1899 – 1996), un bordado en tela de 54 x 37 cm, que habría sido creado a mediados de la década del cuarenta del siglo pasado, cuando Esther y su esposo, el escritor salteño Enrique Amorim (1900-1960), ya estaban instalados en la moderna casa 'Las Nubes', diseñada por el escritor según los criterios de Le Corbousier. De acuerdo a lo que se nos ha informado, el bordado pasó de manos de su creadora a Renée Amaro Amorim, abuela de María Mattos, quien a su vez es la esposa del artista Carlos Guinovart (Las Piedras, 1965). Estos últimos, María y Carlos, decidieron donar la pieza textil al proyecto Arte Otro en Uruguay en el entendido que se trata de una creación naïf y por el valor histórico de su procedencia. Renée Amaro Amorim fue prima del escritor Enrique Amorim.

Ciertamente es una creación de aire naïf, al parecer inconclusa pese a la terminación del borde. Le falta la "y” de Uruguay y las dos primeras y dos últimas letras para completar el nombre del país vecino, Argentina. Se lee sólo “genti” y “Urugua” y quizás en esas ausencias radica también cierta cuota de ingenuidad (y un poco de falta de paciencia). Pues no parece tratarse de términos completos o cifrados. En la parte posterior, escrito con lapicera se lee: “Hecho por Esther Haedo”. Lleva unas argollas para colgar, no es un "repasador", al menos no parece que esa fuera su función, si bien está manchado, su fórmula compositiva es eminentemente decorativa o ilustrativa.
Al frente, en primer plano, una pareja toma mate con el fondo de un mapa que representa una parte del territorio litoraleño a la altura del departamento de Salto, donde Esther y Enrique tenían su residencia 'Las Nubes'.
Una paloma o quizás una golondrina, bordada de azul ultramarino lleva un ramito de laurel, simbolizando la paz. La escena es de gran serenidad y encanto. Al fondo, como si fueran sitios de interés de un “mapa” se ven bordados de manera muy sintética, dos cúspides de iglesias, un vacuno de perfil, una cabeza vacuna de frente y las líneas de grandes cursos de agua (el río Uruguay y el río Arapey o el Daymán). Los dos figuras ocupan ambas orillas, se podría decir que se reparten entre uno y otro país. La delicadeza de las facciones, los punteados de los vestidos y sus contornos, la manera en que están situados un personaje detrás del otro, la inclinación de la cabeza y los ojos cerrados de la figura en primer plano, que sostiene el mate, recuerdan la obra de su prima, la dibujante y pintora Norah Borges (hermana de Jorge Luis), con quien se frecuentaba por entonces. Aventuramos pues, que se trata de una obra que reconoce la influencia de una estética moderna y familiar a la vez, y que modula con un toque intimista, no exento de cierta dulzura y encanto: un simbólico retrato de la pareja en clave hogareña. En tal caso, la pieza cobra un valor testimonial mayor y es por ello que el proyecto Arte Otro, con la anuencia de los donantes, ha iniciado tratativas para que la pieza se destine a su lugar de origen, "Las Nubes", la residencia hoy convertida en un centro cultural y museo de sitio perteneciente al Estado.» 

10 AÑOS: Calendario de actividades del proyecto Arte Otro


El proyecto cumplió una década de existencia por lo que se han programado una serie de actividades en Montevideo y en el interior del país (charlas, conferencias, mesas redondas, exposiciones) en coordinación con instituciones públicas y privadas.

* Jueves 25 de mayo, 18 hs. Conferencia en el marco de la Feria del Libro de Treinta y Tres (Casa de la Cultura de la ciudad de Treinta y Tres).

* Sábado 10 de junio, 14 hs. Charla en el marco del curso de Especialización en Historia del Arte y Patrimonio, dirigido por Daniela Tomeo, "Arte uruguayo en clave regional" y que se dicta en el Instituto Universitario CLAEH (Uruguay 1224, Montevideo).

* Viernes 23 de junio, 18 hs. Charla en la Sede de Asociación de Profesores de Historia del Uruguay (18 de julio 1825 apto 401, Montevideo).

* Sábado 25 de julio, 19 hs. Entrega de la donación del bordado naïf de Esther Haedo  al centro cultural y museo "Las Nubes" (hogar de Esther Haedo y Enrique Amorim) en la ciudad de Salto.

* Viernes 4 de agosto. Charla en el marco de la Semana de la Ciencia y la Tecnología (metodología de la investigación en arte) artística, Liceo de secundaria n° 18, (Avda. Millán 3898, Montevideo) 

* Jueves 10 de agosto. 19 hs Exposición de Otro arte en Uruguay en el Museo de Arte de Tacuarembó (MUART). Se exhibirán piezas de la colección de arte otro y de artistas invitados de la región. Habrá también mesa redonda y debate. (MUART, calles 18 de julio y Washington Beltrán, ciudad de Tacuarembó)

* Sábado 19 de agosto, 15 hs. Presentación del proyecto en el marco de las IX Jornadas de Historia del Arte del Instituto de Profesores Artigas (IPA, Avenida Libertador 2025, Barrio Aguada, Montevideo). 

* Viernes 1° de setiembre. 19 hs. Charla y "activación" de Arte Otro en Uruguay en el Proyecto CasaMario que dirige Sebastián Alonso (CasaMario, Piedras 627-629, Ciudad Vieja, Montevideo).

Por otra parte, como ya hubiéramos anunciado, estamos trabajando en la reedición corregida y ampliada de Otro Arte en Uruguay, libro editado en 2009, que amerita una actualización. Esta edición -de mantenerse el diseño y la calidad de la primera- implica un costo económico elevado y es por ello que invitamos a instituciones y particulares que quieran asociarse al emprendimiento para poder llevarlo adelante. DIRIGIRSE A: arteotroenuruguay@gmail.com

ROSA CAZHUR: "Sé que vendrás con un sol en cada mano"



Sé que vendrás con un sol en cada mano



El hombre ha inventado

Las palabras

Una constancia de que sufre

Y que reclama a otros hombres



El hombre ha inventado las

Palabras porque las sonrisas

Vagaban alegremente

Por un campo de dalias.

El hombre ha inventado

Las palabras porque al

Amor no le

Alcanzaban las caricias



El hombre ha inventado

Las palabras y los puentes

Levadizos entre el todo

Y la nada.

(2009)



Tengo que decirte algo

Antes que la luz se apague

Antes que se vaya el sol

Luego llega la noche

Y otros espíritus

Y harán que me

Olvide de tanto soñar

Tengo que decirte algo

Que la luz

Podrás comprender

No tardes

No dejes que la luna

Robe

Lo que tengo para hablar.


(1998
)



Cuando llego saco a luz

Todos mis sueños, recupero

Sonrisas y palabras.

Cuando llegas, las paredes

De mi casa son tibias

Envolturas

Y se apagan los ruidos

De la casa, consagrando

Tu llegada.

(1975)




Me hago líquida

Me disuelvo

Espuma blanca

Que se eleva

Para caer

Mansa, suavemente

En tus brazos

(1997)





Te quiero sencillo

Y claro te quiero

Y hago el sencillo

Ejercicio de la difícil

Espera

(1975)



Me gustaría que hubiera

Muchos seres que dijeran

Me gusta tu pintura;

Me gusta tu poesía;

Pero más me gustaría

Que hubiera un solo ser

Que me dijera “te amo,

Aunque no pintes ni escribas”

(1975)






Crearía un idioma

Que expresara

Lo que el roce

De tus labios significa

Pues mi necesidad

De amar tiene tu nombre

Aunque seas tú sólo

Una copa donde vierto

Mis sueños, esperanzas

Y deseos.

(1975)






No quiero ya respuestas

A difíciles preguntas

Metafísicas

Elaboradas y magníficas

Respuestas

No quiero saber

Cómo es que existen

Ni por qué todos los hombres.

Quiero una mano

Cálida

Que vaya desde mi vientre

A mi garganta

Y no sabré por qué

Pero sentiré que existo.


(1975)






Yo soy el pájaro 

De fuego que oirás

Al amanecer

Soy la luna, soy el viento

Soy la hoja que cae

Soy nosotros

Soy las manos

Soy los pies

Y pisada húmeda

De Aquél.

(1980)




Los  elefantes azules

Llegaron por una

Primavera de metal

Llegaron y tomaron

Cuenta de la ciudad

De los árboles de las

Plantas y nadie sabe

Cuándo se irán.

Están haciendo

Caracolas de incisos

Con sus trompas y las

Ramas de mar

Están muy preocupados

Con Paul Éluard

Y un cuadro de Rousseau

Después informo más.


(1978)







Le temo a todas las noches

Pero por sobre todo

Le temo a los sábados

A la noche.

Sé que de noche los sábados

Le gente juega a compartir

Juega a acompañarse y a esperarse

Juega a esperarse y a acercarse

Y yo ya no juego ni sábado

Ni domingo, ni los martes

Que estoy fuera de juego

Desde siempre

Los sábados de noche

Es más triste

Cuando toda la gente

Cree amarse.


(1975)



Estas acuarelas fueron escogidas por su autora Rosa Cazhur (Durazno, 1947) y donadas el año pasado al proyecto Arte Otro en Uruguay: “Pablo querido, te mando unos dibujos por Isabel, para exponer o lo que tú veas. Te quiere mucho, Rosa.” Escogimos los títulos tomando algunos versos de su intensa producción poética, con la que creemos su obra gráfica está fuertemente imbricada. Están acuarelas y tintas han sido pintadas sobre papel (A4, 75 gr) por la época en que se expuso parte de la serie en la muestra "Arte Otro en Uruguay" (Plataforma MEC, noviembre 2008). Conocimos las acuarelas de Rosa unos meses antes, en la exposición “Límites” (Cabildo de Montevideo, setiembre 2008) curada por Susette Kok, que exhibía fotografías de pacientes de la Colonia Etchepare y Santín Rossi en el departamento de San José, y pinturas y textos de los artistas allí internados. Ros entonces estaba en un régimen de externado (más tarde volvería a la Colonia Etchepare donde permanece en la actualidad).

Estas acuarelas constituyeron una especie de segundo despertar artístico de Rosa, que contaba con una educación en arte ya desde pequeña en Durazno, su ciudad natal. A los trece años comenzó a estudiar con el grabador Claudio Silveira Silva, y más tarde, en los años sesenta, se traslada al sur del país para formar parte activa del grupo Toledo Chico, de intensa labor cultural en el grabado y la difusión literaria (Revista El Mate, primer edición artesanal de Hombre y oficios de Juan Capogorry con viñetas de Rosa, entre muchos otros proyectos de interés). En la década del setenta estudió psicología (la dictadura truncó su formación universitaria) y ejerció la docencia en secundaria como profesora de filosofía en el Liceo de La Paz y en el n° 22 de La Teja, antes de las crisis emocionales que la condujeron a la Colonia Etchepare. En el Centro Educativo de esta institución publicó su poemario Sentires y luego de la muestra de algunas de sus acuarelas en "Límites" y "Arte Otro en Uruguay" de 2008, expuso en la muestra colectiva “Memorias del Inconsciente” en la Galería Sur de Punta del Este (enero, 2009) y realizó una importante muestra individual en la sala Carlos Federico Sáez del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, bajo la curaduría de María Yuguero (agosto 2011).

Para el libro Arte Otro en Uruguay resumimos la génesis de esta su etapa de acuarelista: “…en el Centro Educativo de la Colonia Etchepare (al que asiste en régimen de externato), aprendió nuevas técnicas y procedimientos. Hubo una época difícil en que no encontraba una salida a su crisis creativa. La tallerista del lugar, Isabel Cavadini, le sugirió que probara dibujar con los ojos cerrados, como un modo de exorcizar el temor a la hoja en blanco y recobrar así el proceso intuitivo. «Hoy nació Rosa Cazhur», le confió la artista a su orientadora con los primeros resultados. Casi sin espacio disponible, Rosa pinta recostada en su cama con los materiales apoyados en una tabla. Los dibujos de delgada línea salen de una vez, rápidamente, y por el modo en que se escurren por el papel los acrílicos y las tintas, es dable imaginar que también es veloz el esparcido de los pigmentos. Sus series de autorretratos, embarazadas, partos, parejas hombre y mujer, madre e hija, entre otras, recrean un universo personal de gran sensibilidad, con extremos de dramatismo y dulzura. Su obra nace de una vertiente interior y alcanza la forma de un reclamo emocional directo y sin cortapisas.”

En los últimos tiempos Rosa ha sufrido serios quebrantos de salud. El pasado año, antes que la tallerista Isabel Cavadini dejara su trabajo en la Colonia Etchepare para radicarse en el extranjero, dio cuenta de la voluntad de Rosa de donar algunas de las acuarelas para que le diéramos difusión. La calidad de su obra espontánea nos exime de mayores comentarios. Su poesía también goza de un estilo en apariencia sencillo pero de hondo sentimiento que roza lo visceral. Algunas de estas piezas aquí presentes viajarán en agosto a Tacuarembó para una muestra colectiva de la colección Arte Otro en Uruguay. Esperamos que la difusión completa de su donación en este espacio virtual despierte el interés y habilite su exhibición individual, como estamos seguros sería su deseo y una justa retribución a su talento como pintora y poeta.


Muestra de pintores de la Colonia Etchepare en el Museo de San José


Una importante exposición de obras de pintores e internos de la Colonia Etchepare se está llevando a cabo en el Museo de San José de Mayo. 

Sumándose a la consigna del Día Internacional de los Museos, el de San José rescata de su propio acervo obras  realizadas en el pasado por artistas e internos de la institución psiquiátrica, en tiempos que se se llevaba adelante un acuerdo entre ambas instituciones. 


En el comunicado de prensa se puede leer: "En el Día Internacional de los Museos 2017 cuya consigna es Museos e historias controvertidas: decir lo indecible en los Museos, nuestro Museo adhiere recurriendo a su acervo. Lo indecible de la enfermedad mental, lo que generalmente ocupa el lugar poco frecuentado de una casa de familia, pasa esta vez a estar iluminada por las luces de una exposición pictórica. Si el papel de los museos ha de ser el de ponerse al servicio de la sociedad, contribuir a enriquecer en los pueblos las relaciones de paz, aceptando todas las formas que en el pasado hayan sido dolorosas, nuestro Museo debe atender las múltiples realidades de San José, entre las que se encuentra la Colonia Etchepare." 

Las obras que se exponen fueron realizadas en la década del setenta al ochenta, cuando la docente Hilda Ferreira (Salto, 1931) ingresa como tallerista en la Colonia Etchepare (1967), y cuenta con el entusiasta apoyo del Profesor Walter Calviño (Director de la Universidad del Trabajo del Uruguay), la doctora Villanueva (Consejo del Niño) y el Doctor Jorge O. Cabrera, director por entonces de la Colonia. A partir de entonces y por dos décadas desarrolla un trabajo de expresión plástica que va más allá del concepto predominante en la época de laborterapia.

Surgieron entonces una serie de artistas que con la contención emocional y el interés persistente de Hilda, lograron "destapar" sus impulsos creativos para dejar una producción plástica que excede la habitual  de los pacientes psiquiátricos alcanzando resultados artísticos prometedores. Algunos de estos artistas, como Oscar Caballero en la Colonia Etchepare y  Gustavo Figueroa, hoy en el Hospital Vilardebó, siguen creando una obra de gran intensidad y jerarquía.

En esta exposición se exhiben obras de Oscar Caballero, Luis E. Carballo, Gustavo Figueroa, José Freitas, Julio César León, María Demarco, Antonio Machado y Miguel Pizzorno. Cinco de estos artistas, a los ya nombrados de Caballero y Figueroa, se suman Carvallo, Freitas y Pizzorno, formaron parte de la histórica muestra "Ojos Dorados" que fue exhibida entre los años 2004 y 2009 een los pasillos del Ministerio de Salud Pública (calle Brandzen y Av. 19 de Julio, Montevideo,) curada por Carmen Zorrilla en homenaje a la labor de Hilda.


Donación de Ricardo Orsi: Mitopoética y arquetipos populares



Queremos agradecer la donación de valioso material bibliográfico por parte de Ricardo Vieira Orsi para el proyecto Arte Otro en Uruguay. El ejemplar de Mitopoética de 9 artistas brasileiros (Funarte, Rio de Janeiro, 1978) de Lélia Coelho Frota es hoy un clásico de la literatura sobre arte popular y una pieza rara por inhallable. Coelho Frota (Río de Janeiro, 1938 -2010) analiza la trayectoria de los artistas populares relacionándolos con distintas disciplinas y/o aspectos de la cultura de su tiempo, encontrando líneas de investigación novedosas y fructíferas para mejor comprenderlos.

 “Júlio Martins da Silva, paraíso perdido e recuperado”, “A onça de Artur Pereira o laureté de  Guimarães Rosa”, “Pedro Paulo Leal (PPL) e a paisagem viajante de Manoel Faria Leal”, “Pensamento Histórico de José Valentim Rosa”, “Eros e erosão na pintura de Maria Auxiliadora”, “Madalena Santos Reinbolt escreve o mundo nos seus quadros de lá”, “Homen: templo no centro de si mesmo, na roda viva de Geraldo Teles de Oliveira (GTO)”, “José Antônio da Silva: descoberta e sofrimento do artista”, son los sugerentes títulos de los ensayos que componen este libro.

Los artistas escogidos por Coelho Frota se han transformado en verdaderos referentes del arte popular, tal como su autora concibe dicha categoría. Traducimos algunas líneas de la introducción (“El gran mar del ser o las artes liminares”) para dar cuenta de la pertinencia y de la actualidad de su perspectiva:

“Considerando  aquellos individuos que, fuera de la norma culta de nuestra sociedad, y generalmente provenientes de la cultura popular, responden a las solicitaciones del existir con una carga creadora excepcional, analizaremos la producción y el comportamiento social de los artistas comúnmente llamados ‘primitivos’. Estos artistas, que reflejan en su obra elementos de la cultura material y espiritual de los grupos de donde tienen origen, no deben entretanto ser confundidos con el artista popular, que ejerce su oficio, como observa Jean Cuisenier, a través del aprendizaje por una jerarquía. El artista popular desconoce implicaciones de autoría y gratuidad en el arte, conforme las entendemos.
El ‘primitivo’, proveniente en general de estratos populares, mira con una visión altamente personal a través de la cultura que recibió, pero descolocándose de ésta, difiere también del artista erudito por no tener un concepto intelectual del arte y de la naturaleza formado por valores elitistas de la civilización occidental. Podríamos, efectivamente, calificarlo como un artista marginal, atendiendo a la definición de Evertt V. Stonequist: ‘individuo que por medio de la migración, educación, matrimonio u otras influencias deja un grupo social o cultural, sin realizar un ajuste satisfactorio al otro, encontrándose al margen de ambos y sin integrar ninguno’. Su ambigüedad entre dos  normas de cultura se expresa en la rica variedad de símbolos con que Victor Turner caracteriza a la ritualización en transiciones sociales y culturales. La liminaridad, afirma Turner, ‘es frecuentemente comparada a la muerte, al estar en el útero, a la bisexualidad, a las religiones salvajes y a un eclipse de sol y de luna’.”

Ricardo Orsi donó además al proyecto cuatro publicaciones del Instituto do Imaginário do Povo Brasileiro (Sistema Estadual du Museus, Governo do Estado de Sao Pablo, Secretaría de Cultura) a saber:

Escultores mineiros (2011), José Bezerra esculturas (2013), Artistas e Arteiros (2010) y Um certo olhar: Coleção Celma Alburquerque (2016).

La primera de estas publicaciones nos trae dos escultores ya conocidos, pues forman parte de los nueve elegidos por Lélia Coelho Frota  en su libro “Mitopoética…”. Nos referimos al genial Artur Pereira (Cachoeira do Brumado, distrito de Mariana, Minas Gerais, 1920 – 2013) y a GTO (Geraldo Telles de Olivera, Itapecerica 1913 – Divinópolis, Minas Gerais, 1990). Tanto ellos dos como el tercero, Jadir Jão Egídio (Divinópolis, 1933), que completa la tríada de escultores mineiros, poseen ciertos puntos de contacto con la obra de nuestro conocido José "Pepe" Castro (Bueu, España, 1939) cuyo flamante museo particular de la ciudad de Carmelo admitiría la presencia de cualquiera de las piezas de sus colegas brasileros sin desentonar. Se aproximan formalmente en la talla en madera de personajes abigarrados y superpuestos, el empleo predominante del relieve, la idea del círculo en GTO, entro otros aspectos. Claro que el énfasis en ciertos motivos, como la presencia de animales salvajes en Artur Pereira, la búsqueda de un concepto religioso trascendente en GTO y cierta rusticidad en la terminación de las obras de Jadir, los distancian de Castro: se trata en todos los casos, como dijimos, de una cuestión de énfasis, de destaque, más que de fondo: prueba de los fuertes entrelazamientos que existen en las raíces del arte popular americano.


El carácter atávico de las piezas escultóricas –también en madera como los antedichos– de José Bezerra (Buíque, Pernambuco, 1952) denota una gran potencia expresiva. Nos recuerdan, es inevitable, las creaciones del uruguayo “Cholo” Rosso, del Pueblo San Dios en Soriano. No pretendemos fatigar al lector obligándolo a reconocer parentescos entre artistas de diferentes latitudes sino, en todo caso, evidenciar el interés que despiertan en otros países. El estudio serio que ameritan estos los artistas autodidactas se concretan en catálogos y publicaciones de primer nivel gracias al apoyo particular y al estatal.

El título que refiere a la colección de Celma Alburquerque nos vuelve a colocar frente a las obras de Artur Pereira, GTO, Jadir Jão Egídio y agrega otros desconocidos (para nosotros) pero no menos impactantes,  como es el caso del tallista en madera Itamar Julião (cuyo nombre completo es Itamar de Pádua Lisboa,  Prados, Minas Gerais, 1959 – 2004) y el pintor Lorenzato (Belo Horizonte, 1900 – 1995).

Cada incorporación bibliográfica al proyecto Arte Otro nos renueva el interés por estas expresiones populares y por indagar más en la génesis y en el desarrollo de su creatividad. Por ello agradecemos a Ricardo Orsi y lo invitamos a adentrase en un breve estudio comparativo de “formalidades y estilos” entre los artistas brasileiros y los uruguayos.


Caras y más máscaras


De la importante colección de máscaras de Claudio Rama, uruguayo de vasta trayectoria en la cultura nacional y también, a través de la actividad académica y del coleccionismo, en la cultura americana en general, se han venido "desgajando" una serie de exposiciones que por su temática nos interesa traer a colación. 

Actualmente se exhibe en el Museo de Arte Precolombino e Indígena de Montevideo, la muestra Rostros femeninos. Colección de Máscaras de Claudio Rama, que recomendamos con vivo interés:

"Esta exposición nos acerca a la diversidad cultural en las sociedades latinoamericanas en cuanto a prácticas y comportamientos asociados a celebraciones y festividades –cívicas y religiosas– que tienen su origen en la confluencia de tradiciones (...) Este conjunto presenta un diverso panorama de las concepciones acerca de los roles de género manifestadas en estas celebraciones. En particular, las representaciones y los simbolismos de las máscaras, constituyen rastros que nos acercan a la problemática en torno a la identidad que cada sociedad construye y reproduce." *

Hemos seguido de cerca las tres exposiciones de máscaras de la colección de Claudio Rama en tanto entendemos que comprenden expresiones de raigambre popular y de verdadero realce estético: un auténtico "arte otro".

Como incitativo para la visita de la actual muestra de máscaras en el MAPI (25 de Mayo 279, Ciudad Vieja, Montevideo) compartimos dos notas firmadas por Thiago Rocca y publicadas con el intervalo de un año en el semanario Brecha de Montevideo. 

* Fuente: MAPI

Rito y renovación. Máscaras mexicanas.

La peluda máscara del Carnaval de Huejotzingo en Puebla y la imberbe máscara de la muerte –una calavera que se distribuye, democrática, por todo México– nos observan, una muy cerca de la otra, con sus ojos vacíos. Máscaras de guerreros, de diablos y de pájaros, de monos y borricos. Es decir, el aspecto externo y tieso de las máscaras, sin sus portadores, distribuidas a lo largo de paredes como un desfile escalonado, tan colorido como fantástico, es lo que propone esta muestra de la embajada de México.** De pronto nos asalta un rostro con hocico de salamandra y otro cuya nariz es una vaina alargada y barrullenta de semillas, como un sonajero. Esta colección de máscaras “es una huella de un pasado que se nos evanesce”, afirma Claudio Rama, responsable de la colección, ya que los procesos de folclorización y mercantilización, de transculturación de las comunidades, de los altos costos o de la rareza de algunos materiales constitutivos, hacen de estas piezas etnográficas “apenas una ventana a muchas dimensiones”, pero una ventana que ha comenzado, en cierta forma, a cerrarse.
La presencia de la máscara en la cultura mexicana se remonta a miles de años y sobrevive en registros impensados, como las caretas en la llamada lucha libre mexicana –con personajes como el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras–, buscando nuevas formas para insertarse en la cultura popular. De barro y de madera –estas últimas las más abundantes, de copal, copallillo, cedro, mezquite, zompantle–, han sido empleadas para danzas tradicionales, celebraciones populares, fiestas religiosas, especialmente las patronales, en donde se confunden moros, cristianos, negros, indios, pastores, pilatos, diablos y ermitaños (como en las fiestas veracruzanas). Es un sincretismo de culturas pero también de formas expresivas, ya que en ellas conviven la danza, la música, la plástica, el teatro popular y el rito. Un mundo en el que sueño y realidad interactúan. La aparición de nuevos materiales, como la tela de jean en la “máscara de la tigrada” en Zitlala, estado de Guerrero, no disminuye su valor simbólico sino que, por el contrario, enriquece las posibilidades “escultóricas” del artificio y le aporta una retórica barroca.

La expresividad rígida de la máscara es funcional al temor y al efecto de fascinación que provoca, es mucho más que el mero ocultamiento. “La máscara equivale a la crisálida”, afirma Eduardo Cirlot, en referencia a la transformación que supone en el portador. Todo impresiona en estas máscaras mexicanas, todo está puesto allí para “descolocar”: al que se enmascara primero, a los que observan el nuevo rostro después… los ojos que se multiplican –las hendiduras para los ojos encima de los pintados–, las lenguas que salen, flamígeras, de cabra y de serpiente, el pelo que llueve sobre las facciones salvajes con cerdas y crines, elementos realísticos que dan tersura y movimiento, que funden lo artificial con lo natural. Además de la incorporación primaria, es decir, la del animal, del espíritu o del personaje en que trasmuta el enmascarado, los atributos se combinan. Por ejemplo, en la “máscara que representa la relación entre los hombres con el inframundo”, la serpiente y el jaguar apuntalan un mismo ser. En todos los casos hay una verdadera disolución del yo cotidiano que da paso al otro (o lo Otro), sin el cual la máscara no tiene mayor efecto. Y esta virtualidad desintegradora es común al juego y al rito. Es decir, no importa la función sacra o profana que cumplan, las máscaras siempre actúan con un poder de cambio, de mutación. “El origen del drama –sostenía Mircea Eliade– se ha encontrado en ciertos rituales que en términos generales, desarrollaban la siguiente situación: el combate entre dos principios antagónicos (vida y muerte, Dios y dragón, etcétera), pasión del Dios, lamentación sobre su ‘muerte’ y júbilo ante su ‘resurrección’.” Las máscaras mexicanas reviven “en persona” el espectáculo de los antagonismos ancestrales, actualizan la eterna dinámica de la felicidad y la tristeza, escondiendo en cada pieza el misterio de la otredad.

** Exposición de máscaras. Sala Vicente Muñiz Arroyo, embajada de México en Uruguay. Publicado en Brecha, edición 1570, diciembre 2015.


Los diablos festivos. Arte popular ecuatoriano.

Hace poco más de un año en estas mismas páginas escribíamos una nota sobre una muestra de máscaras mexicanas que se exhibía en la embajada de ese país. La colección que se ofrecía entonces pertenece al mismo propietario que hoy nos trae esta notable exposición de 51 máscaras ecuatorianas.*** Y lo que afirmamos en la ocasión sobre la disolución del yo cotidiano y la lucha del bien y del mal se aplica también a esta muestra pero con entonaciones diversas. Nuevamente la pasión coleccionista de Claudio Rama se conjunta con la posibilidad que le brinda su profesión de viajar por América y poner a nuestro alcance una realidad para muchos uruguayos desconocida. Es que sabemos casi todo lo que acontece en las grandes metrópolis del hemisferio norte y muy poco de lo que ocurre en nuestro continente, incluso en países de vecindad lingüística. Ecuador no es la excepción, y una fascinante puerta de entrada a su arte popular la aporta el mundo exagerado de las máscaras. Ecuador: país de fulgurantes expresividades religiosas, de celebraciones ancestrales hondamente arraigadas en las serranías andinas y en los paisajes humanos sobre cuyos rostros enmascarados se amplifican las resonancias prehispánicas, los motivos cristianos y las tradiciones afroamericanas. Las festividades nos retrotraen a un deseo primordial de transformación que bien conocemos –también se da en nuestro Carnaval– pero en cuya formalidad se manifiesta intrínsecamente lo local, tanto por el sentido de la autonomía plástica que las rige como por el espíritu sincrético que las convoca. Así los payasos grotescos del Carnaval de Guaranda, que satirizan al conquistador blanco, con el rostro níveo y la profusión de rojos, no tienen –no podrían– un equivalente en nuestro suelo. Tampoco las máscaras de malla de metal, habituales en el rol de danzantes que transforman a los seres humanos en muñecos de una pantomima alegre y eléctrica. 




El colorido y las plumas definen los ritmos visuales de la danza de yumbo o yumbada –“brujo”, en quechua– que se realiza en las fiestas del Corpus Christi, en San Pedro, San Pablo, San Juan y en las localidades de la sierra central. El diablo Huma, figura principal (sólo representada por hombres), encarna fuerzas positivas y negativas de la naturaleza, es el guía, líder de la comunidad y guerreros poderosos”. En agradecimiento por las cosechas y la maduración de los sembradíos son las fiestas de san Juan Bautista, en el solsticio de invierno –Inti Raymi– (en la madrugada del 24 de junio), conocidas como “San Juanadas”, donde máscaras de monos, perros, payasos, barrenderos y caporales personifican el enfrentamiento del hombre con la naturaleza. En el otro extremo del calendario, la fiesta del niño Jesús en Saraguro, en el solsticio de verano –Kapac Raimy–, se caracteriza por la intervención de los wikis, padrinos de la imagen del niño dios, seres juguetones que portan semblantes de tela pintada y se manifiestan bailando y cantando la bienaventuranza del recién nacido. En los años viejos, al año que concluye se lo despide con rostros achacosos de ancianos, llenos de verrugas y dentaduras batientes. La Mama Negra, matriarca de los esclavos libertos de las minas de oro, se representa cabalgando a un corcel y vestida de encendidos ropajes: su persona encarna el ansia de libertad de los pueblos oprimidos. La festividad de enero de la diablada de Píllaro “está relacionada con la Fiesta de los Inocentes de la época colonial, en la que los indígenas se disfrazaban de diablo en repudio a las prácticas sacerdotales y al maltrato que recibían de los españoles y criollos”.  Elaboradas con papel y engrudo al que luego añaden cuernos y dientes de diferentes animales –cabras, venados, corderos, toros–, parecen hechas para provocar el espanto y la repulsa de niños y adultos. Las imágenes más potentes en este sentido se manifiestan en la diablada de Alangasí, que acontece en la Semana Santa. El cometido de la diablada es tentar a los cristianos con el pecado (billetes falsos de dólares, revistas pornográficas), y el viernes santo 24 diablos se “apoderan” de la iglesia para el domingo de Pascua ceder su dominio ante la resurrección de Cristo, “y el mal es devuelto definitivamente al infierno”. Hay diablos adultos y diablos hijos (en el museo sobre una imponente pared púrpura): la familiaridad los hace más terribles y más humanos al mismo tiempo, pues debe haber una proximidad psicológica para que el espanto se infunda con real efecto. Grotescas, bestiales y también risueñas, las máscaras ecuatorianas definen el contorno de un fenómeno de enorme riqueza multicultural que en esta muestra “salta” directamente a los ojos. 

*** Exposición en el MAPI "Los otros Rostros. Máscaras e identidades del Ecuador". Brecha, edición 1629, febrero de 2017.