Últimas donaciones de Casa da Memoria da Arte Brasileira


En cada visita de Ricardo Vieira Orsi a Uruguay llega con obsequios para el proyecto Arte Otro en Uruguay. El responsable de Casa da Memoria da Arte Brasileira, se lleva también de regreso algunos presentes encuadernados de sus amigos uruguayos, pero sospecho que siempre es más lo que se desprende que aquello que vuelve consigo en la valija del avión. Lo esperamos siempre con enorme gusto, con algo de alborozo infantil. Ansiosos por los adelantos que nos promete por la web. 

Los obsequios son libros, por supuesto, y catálogos. Y una vez recibido ese tesoro, lleva un buen tiempo degustarlo: leerlos, sopesarlos, hasta oler sus tintas nuevas y viejas, el papel fino japonés o la pulpa bruta, escrutar su contenido en demoradas tardes y noches junto a una veladora. 

Muchos de estos libros surgen de las recorridas de Ricardo por ferias y rebusques en librerías de todo Brasil, librerías de novedades pero también de antiguos y usados, "sebos" como les llaman en el país norteño. 

Para los proyectos que se nutren de una bibliografía específica, como es el caso de Arte Otro, cuando llegan a nuestras manos los ojos avariciosos del obsequiado se agrandan y los admiran como si fueran joyas raras de papel, piezas incunables que de otra manera jamás llegarían a nuestros estantes. 

Algunos de esos libros también son fruto de investigaciones bibliográficas sobre arte, realizadas por el propio Ricardo Vieira Orsi tras largas y enmarañadas pesquisas de curioso ratón de bibliotecas. Vale decir que son libros que traen dentro de sí muchos libros, títulos que el día de mañana también podremos llegar a tener si seguimos la línea de sus búsquedas precisas y experimentadas.

En marzo pasado, poco antes que se desatara la pandemia, Ricardo dejó al proyecto Arte Otro algunos libros cuya imagen de tapa ahora comparto con el deseo de que en un futuro no demasiado lejano, podamos disponerlos en una biblioteca de consulta pública. Aún no es el momento. Pero que conste su ingreso al proyecto y nuestro sincero agradecimiento.


Arte Popular Brasileira. Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro. 6 de julho a 22 de agosto de 1976.


Chico Tabibuia. Galeria Estação, São Paulo, 2019.


Adornos do Brasil Indígena. Resistências Contemporâneas, SESC e USP, setembro de 2016 a janeiro de 2017


Um Canto, Dois Sertões: Bispo de Rosário e os 90 anos da Colônia Juliano Moreira.  Marcelo Campos (org) Museu Bispo do Rosario,  Rio de Janeiro, 2015.


Escultura e Objeto na Arte Brasileira. Bibliografia. Ricardo Viera Orsi.  Briquet de Lemos, Casa da Memoria da Arte Brasileira, Instituto Alfredo Volpi de Arte Moderna, São Paulo, 2018.


Arte Sacra, Religiosa e Mística no Brasil. Bibliografia. Ricardo Viera Orsi.  Briquet de Lemos, Casa da Memoria da Arte Brasileira,  São Paulo, 2019.


La historia según Ramón Lumaca Denis (Canelones 1948-2020)


Trabajó muchos años en carpintería de obra en la Intendencia y también en firmas privadas, pero luego Ramón Lumaca (Canelones, 4 de agosto de 1948- 21 de mayo de 2020) se largó por su cuenta, con ayuda del banco de carpintero que montó en su propia casa. No le agradaba salir de Canelones y de a poco se fue transformando en un referente de su oficio en la zona. No obstante, su labor artística autodidacta no se manifestaba tanto en el trabajo en madera sino en pintura, escultura en cemento y ensamblaje con chatarra. En pintura llevó a cabo una intensa serie de autorretratos de diferentes épocas y circunstancias anímicas, pero en los que su efigie se encuentra invariablemente sumergida en una neblina espesa, rodeada por una aureola de tonos agrisados y verdes. También pintó paisajes tomados del natural y de fotografías que él mismo tomaba. Otros temas y personajes que son recurrentes en su obra escultórica: el Viejo Pancho (José Alonso y Trelles) y Carlos Gardel. La pasión por el artilugio casero y una sensibilidad ambientalista campean en sus ingenios movidos por energía eólica, como varios molinos artesanales y la ocurrente pieza de un ciclista -construida con envases plásticos y metales de desecho- que denuncia la basura especial. Sus bustos de cemento, huecos y con detalles de terminación sutiles destacan por el hábil trabajo de modelado: Artigas, su autorretrato, un conocido de los pagos de Margá vestido de gaucho, Gardel con y sin chambergo, entre otros, conforman expresiones de sincera indagación plástica, que se valieron de sus propios hallazgos técnicos y de un innato sentido para la creación manual.

Pablo Thiago Rocca




Autorretratos exhibidos en la muestra Arte Naïf en Uruguay, Fundación Unión, MVD, 2015.


En memoria de Lumaca, transcribo los apuntes que tomé de una entrevista realizada en su casa del barrio San José de Canelones, cerca de la ruta 5, el día que lo conocí, el 21 de enero de 2009. Lo visité luego en dos oportunidades más, en el 2014 y 2015 y en ambas ocasiones tomé nuevas fotos ya que su producción artística había crecido enormemente. 

La noticia de su muerte me tomó por sorpresa y me apenó mucho. Por lo que me comentó un amigo en común, seguía siendo un hombre muy solitario, lo que sin duda influyó en el desenlace de su vida, al no ser atendido a tiempo de un problema renal. Pese a ser un solitario, era muy querido por sus amigos, vecinos y clientes. 

Ramón deja una obra que interesa por su raigambre local y por la tendencia a una narrativa interior que se articula a los lenguajes tradicionales y les da un toque personal: como ese busto de Gardel al que se le podía poner y sacar el sombrero (que expusimos en la muestra Arte Naïf en Uruguay), o el ciclista movido solo por el viento, o  el Artigas en el Paraguay que lo moldeó para sentarlo en un wáter... visión popular y escatológica del héroe denigrado. 

Recuerdo que la última vez que lo vi me mostró al "Artigas cagando" y me dijo socarronamente: “Bueno, los próceres son humanos… ellos también tienen sus necesidades.” ¡Qué grande Lumaca! A veces solo el humor nos salva de los grandes discursos en que los poderosos nos sumergen. El humor es un escudo libertario frente a esa historia oficial que abruma porque se siente demasiado inflada para ser cierta. Al menos eso me pareció mientras nos reíamos observando la escultura en tan pudorosa situación.




Apuntes sueltos después de la entrevista del 2009: Ramón Lumaca  posee un carácter reservado. Si tuviera que definirlo en pocas palabras diría que lleva el arquetipo del “ingenioso mecanicista”. La creación se contrapone, aunque tímidamente, a formas rutinarias y alienadas de esparcimiento (como el fútbol, del que "pasa"). En la pintura es naif con motivos bucólicos y una serie muy interesante de autorretratos. 


¿Cómo se gana la vida?

Siempre trabajó en la carpintería. Tiempo atrás en la Intendencia de Canelones (carpintería de obra), también en Zunino, empresa de carpintería de obra en Canelones.  Actualmente trabaja por su cuenta. Tiene un banco de carpintería y todo el equipo en un galpón detrás de su casa. Todo el tiempo vivió en Canelones y trabajó en la zona. No tiene familia y vive solo.

¿A qué edad empezó a trabajar en su arte?

Hará unos seis años aproximadamente comenzó a pintar (2002). Y 3 o 4 años después, los bustos de arena y portland.

¿Alguién le enseñó? 

No, es autodidacta. Lo hace “de corazón”. Refiriéndose a los bustos dice, “todo el mundo me pregunta dónde están los moldes pero yo trabajo sin moldes. Hago una bocha y le agrego oreja, cara y lo voy llevando”.

¿Qué materiales usa? 

Para pintura sólo trabaja al óleo. Para los bustos arena y pórtland. Chatarra y plástico para la bicicleta y el molino.

¿Cómo es el proceso de la creación?


La pintura la hace mirando fotos. Él mismo toma fotos de lugares que luego pinta. Pinta sobre todo de noche, cuando tiene tiempo. Para los bustos hace un armazón de madera. Me muestra del lado de abajo los bustos. En efecto tienen un armazón muy simple pero compacta. La proporción es de dos de portland por tres de arena: quedan bien duros y pesan como piedra, pese a ser huecos. (Si trabajara 3 horas por día le llevaría, con retoques y todo, como un mes para hacer el busto.) Los sombreros se sacan y ponen como una verdadera prenda. Las cabezas están peinadas debajo del sombrero. Hace poco compró una amoladora y ahora lija, pule y retoca con esta máquina. Por un encargo que está a medio hacer (busto de Jorge Negrete pero que no le dieron fotos para guiarse) se nota que primero los moldea a mano y con cucharín. Los últimos que hizo son un autorretrato y el "Viejo Pancho" (dos motivos recurrentes en su pintura): son más sutiles y acabados que el primer grupo compuesto por Gardel, un conocido “de los pagos de Margá” vestido de gaucho y el Artigas al que le dio un poco de pintura dorada, y que es plásticamente el más rústico. Dice que no quiere pintarlos porque ni el bronce ni la piedra se pintan. En la pintura ejecutó varios interesantes autorretratos que parecen bustos flotando en una niebla marina, como en un sargazo. Los hizo en el correr de uno o dos años. 

Es mirada autorreferencial es digna de mencionar y no tan extraña si se piensa en un hombre que vive solo (el autorretrato como afirmación de la personalidad). Entre otras temas ha pintado paisajes, un árbol, el Viejo Pancho en un tondo (él hizo el marco curvo con pino porque la foto de referencia estaba metida en un óvalo) con unas gafas de plástico, en relieve, empotradas en la nariz pintada…Hizo reproducciones de los retratos luminosos que Claude Monet hizo de su mujer Camila, unos girasoles de Van Gogh y quizás la pintura más linda: sobre unas venecianas exteriores pintó un muelle con botes y juncos con una perspectiva ingenua y colores saturados. La escultura móvil con el personaje en bici, que en un tiempo estaba compuesto básicamente por envases plásticos y ahora tiene muchos materiales más, dice que le había titulado “Airearte” y quería ponerle un cartel que dijera (o le puso y ya no está) “Cuidemos el aire. No a la chatarra espacial”. El viento mueve una hélice en donde escribió con una tipografía muy pulcra y rara -para que entraran en la forma de las aspas-la palabra Plástico, y esta hélice a su vez hace mover los pies del ciclista. El molinete es como los viejos molinos de campo pero que saca el agua de un tanque de doscientos litros y la vierte a través de una canilla de latón, de las que tenían antiguamente los tanques de queroseno. 

Parece preocupado por los temas del ambiente y dice que la lluvia pasada era de agua negra (“no como tinta negra, claro, pero sucia). Otra obra que hizo es un reloj de arena con dos botellas de vidrio encastradas en un ensamblaje de madera (“funciona pero lo tengo que poner en hora” ,bromea mientras lo hace girar). También, y esto es anecdótico totalmente, me muestra un tronco de parra con el diámetro de una persona, algo descomunal. Dice, y le creo, que debe tener 200 años. Estaba viva cuando una señora de no sé dónde la iba a cortar para leña y él se la pidió. Estas cosas (reloj y parra) las guarda en un taller de forma cilíndrica que hizo con bloques y ahora techo de zinc (antes cañas) y que dice que lo abrió para que los vecinos lo visitaran el Día del Patrimonio…

¿Para qué o por qué lo hace? (Si su arte tiene una finalidad específica o lo hizo para alguien en especial)

“Es un gusto personal. No hago para vender. No le encuentro explicación. Yo no voy al fútbol. Ni por un camión lleno de oro voy al Estadio en Montevideo” 

¿Qué referencias visuales ha tenido, en qué o en quién se ha inspirado?

Algunas fotos. Nada más.

¿Vendió alguna vez? ¿Le interesa vender?

Vendió dos o tres cuadros en la exposición que hizo el año pasado en la EMAO (Escuela Municipal de Artes y Oficios) de Canelones.

¿Alguna vez hizo obras pensando en un lugar específico? 

Las esculturas que están en su casa.

¿Quiénes han visto sus obras?

Vecinos, principalmente. Hizo la expo en la EMAO y hace tiempo otra en Santa Lucía, en la Sociedad Italiana. Siempre de pintura.

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El informe Maurente 2020


Aunque demorado por la pandemia, no podía faltar este año el "informe Maurente", un relevamiento que venimos realizando de manera sistemática. Las fotografías que dan cuenta del estado de las esculturas de Alfredo "Lucho" Maurente (San Carlos, 1910 - La Paloma, 1975) a cielo abierto, ubicadas en distintas locaciones del balneario La Paloma, fueron tomadas en febrero de este año y pretenden alertar -una vez más- sobre el deterioro de las piezas y colaborar -con el auxilio de fotografías históricas- a la restauración de las mismas y a la revalorización general de la obra del pescador y artista autodidacta.

Como se podrá ver en la galería de fotos, y comparar con informes anteriores en este mismo blog, la situación de las esculturas sigue un curso de abandono y deterioro alarmante, con más desprendimientos, rajaduras y pérdidas.  Parece que ha llegado un punto en el que las autoridades municipales tomen medidas urgentes para evitar la definitiva pérdida de su valor histórico y artístico. 









La nariz y los pulgares del marinero de la plaza al inicio de la avenida Solari, se han desprendido. El Cristo de los Pescadores en la playa Los Botes presenta más fisuras y partes en que las que se observa el óxido de las varillas de hierro estructurantes (eso sucede también en otras esculturas como la del marinero). La sirena "rubia" muestra un desprendimiento de revoque o mortero a la altura de la mejilla derecha que afea mucho su apariencia; la Virgen de la Paloma, situada al frente del Museo de La Paloma, despinte y rajaduras en la base; la sirena "morocha", la pieza más mutilada, continúa en un proceso de daño creciente.








La  novedad respecto al año anterior es la sala dedicada a Lucho Maurente en el Museo de La Paloma. El museo, dependiente de Asociación Civil e Intendencia de Rocha, funciona en la vieja estación de tren del principal balneario rochense, muy cerca de donde "Lucho" montó su rancho a mediados del siglo pasado y a unos pasos de la plaza con la sirena "rubia" (antigua cariátide de su restaurante) y el marinero, al inicio de la principal avenida del balneario.











La directora de la sección de museos de la Intendencia Departamental de Rocha, Alda Pérez, concibió un nuevo espacio para el artista dentro del museo que se habilitó en octubre del 2019, y nos contó de la participación de un grupo de liceales que se involucró con el proyecto y realizó algunas piezas alusivas. "Este es un pequeño paso tras la valoración de Lucho" afirmó Alda, y lo es, ciertamente. Dos de las tres pinturas originales de Lucho que allí se exhiben muestran la Bahía chica, que se ve desde allí mismo. Una de ellas representa al Cristo de los Pescadores: pintura auto-referencial de Lucho que muestra el paisaje de las dunas, las casuchas de los pescadores y el emplazamiento original de la escultura tal como se veía o, mejor dicho, como el artista naïf veía a su obra, El Cristo de los Pescadores, in situ





También se exhibe una obra de Martha Nieves (San Carlos, 1926 - Maldonado, 2014) responsable del rescate de estas obras en arena y cemento cuando la destrucción del rancho-restaurante de Lucho en 1975. La pintura de Nieves, con un fuerte amarillo cromo de fondo, denuncia la rotura de un brazo de la escultura del Cristo de Lucho, seguramente alusión a otros quiebres sociales y anímicos, con la leyenda: "...sucedió en La Paloma" (y con fecha 1995).






Las obras pictóricas pues, han sido bien escogidas, pero el guión museográfico en general es bastante errático y las instalaciones no reúnen las condiciones de conservación y cuidado dignos de un museo que debería estar preparado para recibir visitantes de todas partes del mundo. La propuesta museográfica y curatorial de la vieja estación del tren abarca diferentes tópicos del balneario y recoge historias muy disímiles, desde fotografías de los surfistas pioneros a la exhibición de un ojo de buey pasando por ejemplos de modelismo naval... 








Reconocemos el esfuerzo realizado pero La Paloma merece una propuesta museística de mayor calidad que dinamice la actividad cultural y dialogue con el cercano Centro Cultural de La Paloma. 










Ese espacio de la vieja estación, bien podría recoger la historia local a través del relato de la vida y obra de Maurente como hilo conductor, con un guión que absorba lo "naïf" como tono de enunciación para una historiografía de carácter local. 

Sería también el lugar ideal para dar cobijo a algunas de estas piezas de Lucho que se están dañando por la permanente exposición a los elementos y la intemperie.

Conocemos bien las limitaciones presupuestales de los municipios y el escaso renglón con que cuentan las propuestas culturales en las arcas públicas. Pero no es posible pensar una oferta turística y cultural seria, diferenciada, sin considerar la historia del lugar y la enorme oportunidad que significa la calidad artística de este creador autodidacta, con una fama que trascendió fronteras.