Alexandro García y su arquitectura sideral



Recientemente la revista francesa Orbs, l'autre Planète, publicó en su número cinco un dossier con dibujos y parte de una entrevista al artista uruguayo Alexandro García. Es un importante reconocimiento a un artista que, como advertimos hace un tiempo, va camino a convertirse en un referente del llamado arte visionario. Conocimos a Alex y su obra a través del artista Felipe Secco, quien nos lo recomendó hace unos diez años. Alex participó de la muestra Arte Otro en Uruguay (MEC, 2008) e integra el libro homónimo publicado en 2009 por Linardi y Risso (Montevideo). En ese año recibimos la visita de representantes de la galería parisina Christian Berst, especializada en art brut y singular, quienes se mostraron interesados en representar a algunos artistas seleccionados en dicho libro. En el 2010 la Galería Christian Berst realizó una muestra de Alexandro en París ("No estamos solos" del 12 de marzo al 24 de abril de 2010) para la cual nos solicitaron un texto que es el que reproducimos líneas abajo. Desde esa fecha la obra de Alex, artista meticuloso y trabajador comprometido, ha logrado una creciente valoración en un medio que, demás está decirlo, es de una gran exigencia. El texto que presentamos a continuación fue traducido al francés y al inglés y forma parte del catálogo de la galería Chrisitian. Berst.  Lo ilustramos con imágenes y textos del reciente dossier de Orbes.




Avistamientos y vislumbres:
La arquitectura sideral de Alexandro García

Pablo Thiago Rocca

De los creadores denominados visionarios1 Alexandro García (Montevideo, 1970) ocupa un sitio preferencial en la producción artística uruguaya y, pese a su juventud, va camino a convertirse en un referente en el contexto latinoamericano de los creadores singulares. Su obra se presenta como un esfuerzo potente y ordenado en pos de dar cuenta un mundo interior de creciente complejidad. Si bien se puede afirmar que la casi totalidad de la producción gráfica y dibujística de Alexandro García proviene de sus experiencias de avistamientos y contactos con OVNIS (Objetos Voladores No Identificados),  la transposición al papel no opera nunca de forma mecánica: las imágenes afloran en el acto creativo como resultado de la reflexión y la asimilación racional de sus experiencias trascendentes.
Los paisajes galácticos, las ciudades suspendidas y laberínticas, las naves nodrizas y los seres de luz que las dirigen, van llenando las hojas a un ritmo sostenido, sin prisas y sin pausas. Pero no son una descripción literal de sus visiones cósmicas sino una reinterpretación de los procesos psíquicos que adquieren en la expresión gráfica un sustento simbólico y una hermenéutica personal. Sus procedimientos guardan una clara distancia conceptual y operativa de otros célebres artistas visionarios del pasado, como Hélène Smith o Madge Gill, cuya creación no sólo estaba subordinada a las presuntas visiones de Marte sino que obedecía al acto propiamente mediúmnico, es decir, eran fiduciarias del estado de trance espiritista.
En cambio, las construcciones diamantinas de Alexandro García se nos presentan como un campo erizado de signos, que impacta por su extrema y deslumbrante especialidad y por un sentido de organización compositiva densamente construido.


En el Uruguay existen dos precedentes importantes de artistas autodidactas que intentaron una pintura de temática y alcance cósmicos: Cyp Cristiali y Magalí Herrera. El primero, cuyo verdadero nombre era Carnot Pose (Lascano, 1922 - Montevideo, 1988), era un enfermero de profesión que mataba sus ratos perdidos inyectando con una jeringa puntitos de pigmentos al óleo en cartones grises y negros. Las obras de Cyp se caracterizan por un sentido decorativo muy profuso y una paleta encendida: en su luminosidad y en su técnica entrelazada recuerdan las creaciones rituales de los indios huicholes que habitan en la Sierra Madre de México.  Pero este vínculo sólo puede considerarse fortuito, pues los métodos creativos de Cristiali está formalmente más ligados a los sistemas generativos (evoluciones coralinas, crecimientos circinados de los helechos) y a las experiencias de los estados naturales de conciencia crepuscular, como los fenómenos hipnagógicos que anteceden al sueño. El puntillismo enervado y matérico de Cyp Cristiali, constituye una manera radical de introspección y ensimismamiento personal. No intentaba progresar en su arte con nuevos conocimientos técnicos aunque muchas de sus principales creaciones pueden entenderse también como una verdadera conquista del espacio interior, que se revierte y extrapola hacia mundos inexplorados (sus búsquedas artísticas coinciden históricamente con el auge de la carrera espacial).


Por su parte, Magalí Herrera (Tranqueras, 1914 - Paso Carrasco,1992) participa del reducido núcleo canónico que Jean Dubuffet estableció para aquellos artistas del art brut que no padecieron disturbios mentales o emocionales extremos o que, al menos, no se conservan evidencias clínicas de los mismos: “Magalí Herrera quiso siempre separarse de otros colegas (naïfs o ingenuos, pacientes psiquiátricos reunidos en el museo suizo) y afirmó su condición de primitiva, en el sentido de ajena a una formación cultural académica o formal, basada más bien en la intuición del transcurrir natural de las cosas.” 2 Desde el comienzo de su tardía incursión en la pintura, a la edad de 50 años, Magalí desarrolló un procedimiento meticuloso basado en finas y cortas pinceladas circulares realizadas con plumines chinos y pinceles de marta, y no se apartó de la temática de corte “astronómico”. Pueda resultar acaso ilustrativo del talante de sus aspiraciones creativas citar algunos títulos de su vasta producción:  “Intrincadas construcciones del Universo”, “Hacia dónde va el planeta Tierra”, “Radiación cósmica”, “Espuma marina sobre las ondas del Espacio”, “Somos los descendientes remotos del Bing Bang”. 3 Las principales series las llamó “Ñanduty4, “Cósmica” y “Ciudades imaginarias”. Estas tres coinciden en una apretada urdimbre abstracta, pletórica de pacientes y coloridos toques que copan todas las zonas del cuadro y sugieren una profundidad espacial casi insondable. El despliegue orgánico de manchas y veladuras, constituye otra de las marcas distintivas de la obra de Magali, cuya formación autodidacta se alimentó de viajes al Lejano Oriente y prácticas naturistas. De este modo, tanto Cristiali como Herrera concibieron mundos visionarios en donde predominan las formaciones orgánicas, “naturales”,  y en donde la presencia humana y sus obras (o sobrehumana en algunas piezas de Herrera) es suprimida o mínimamente sugerida.


Las creaciones de Alexandro García son, en este sentido, opuestas, y no conocen precedentes en la creación autodidacta local. Las intrincadas ciudades, mundos e inframundos inéditos que representa, fueron primeramente “ideados” por “fuerzas inteligentes” y sus dibujos pueden verse como vislumbres concientes de una realidad que sucede allende la percepción natural: cumplen la doble función de los mapas estelares y los emblemas (del cambio de Era). Desde el punto de vista formal, el abigarrado esquematismo geométrico (rectas, pirámides, trapecios, escaleras, círculos, espirales) encuentra un paralelo en el sincretismo cultural de sus creencias: las “presencias” que habitan sus dibujos son, en la exégesis de Alexandro, guías y formas tutelares de la espiritualidad suprema. Conjugan saberes de un pasado remoto (como la cultura precolombina Maya), con el futuro cercano de la vida en el universo. Vehiculizan una denuncia sobre el estado actual del mundo y a la vez una advertencia del destino que le espera: “Dice la leyenda que los Guerreros del arco iris van a poblar la nueva humanidad. Y yo soy un guerrero arco iris en el calendario maya, soy círculo. Entonces, supuestamente, familiares míos o como quieras llamarlos, van a venir a formar la quinta humanidad. Van a venir a hacer el contacto en el año 2012. En este año se va a dar una conexión de dos tiempos y asistiremos al nacimiento de una nueva Era. Van a llegar a este mundo seres de todas las creencias y de todas las galaxias para formar la nueva humanidad. Y yo dibujé esto sin saberlo.” 5


En esta cita el artista hace referencia a sus primeros dibujos, que antecedieron algunos años a las explicaciones que obtuvo de ellos por parte de un grupo de personas relacionado a las experiencias místicas de los avistamientos. La producción de estos paisajes “iluminados” (tanto en el sentido que damos al término desde una concepción rimbaudiana de la visión poética, como de los libros manuscritos tocados con la acotación silenciosa y al margen de la meditación monacal)  ha ido evolucionando y diversificándose hacia nuevos territorios gráficos que incluyen en algunos casos apuntes escritos y poemas. El perfecto encadenamiento de trazos rectos, que en sus primeros trabajos sugiere cierto impulso automatista, va adquieriendo con el progresivo dominio técnico una mayor soltura y versatilidad. Tras la etapa inicial de fuerte cromatismo generado a partir de procedimientos y materiales muy simples –dibujo sobre papel con lápices y bolígrafos– surgen otras formas más despojadas, en blanco y negro, y con un manejo de la línea más sinuoso, así como la experimentación en nuevos formatos y soportes (murales, libros artesanales y libros de artista). El retorno al color se da en los últimos trabajos de Alexandro como una inteligente conjunción de estas dos maneras o etapas –etapas no necesariamente separadas en el tiempo pero sí en el plano emocional– que dan cuenta de su asunción en el rol del artista. Si inicialmente Alexandro se definía como “un canal que absorbe mensajes del cosmos”, hoy se puede que agregar que, sin contradecirse, ha pulido y trabajado sus modos de “canalización”.  Prosigue la estrecha codificación de sus cuadros, en donde cada color, cada forma y cada signo, funciona como una respuesta singular a una demanda simbólica precisa.6 


Los abruptos cambios de escala y las perspectivas con líneas de fuga cruzadas a la manera de las Carceri de Piranesi, contribuyen a adjetivar la vastedad de las dimensiones trazadas. Pero el horror vacui que en sus iniciales tanteos artísticos eran como su marca identitaria, ha cedido lugar a una exploración escritural con mayor amplitud y cadencias más sutiles: se evidencian algunos claros en las urbes fantásticas, lagunas de color que redundan en un equilibrio compositivo igual de paciente (cada cuadro puede demandar meses de trabajo) pero menos recargado. El registro alegórico de sus trabajos visionarios está siendo mediado por su más controlado manejo de la técnica del dibujo y de la línea. Sin menoscabo de la originalidad de su peculiar don, Alexandro se adentra en un nuevo mundo que no conoce fronteras –el sí mismo– cuyos umbrales se ofrecen al observador tan generosos como promisorios.




Notas

1. Para un acercamiento al tema del arte visionario véase MacGregor, John M., “Veo un mundo dentro del mundo: sueño pero estoy despierto” en Visiones Paralelas, Artistas modernos y arte marginal, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1993.
2. Nelson Di Maggio, “Los olvidados (6): Magali Herrera”. Diario La República, Montevideo, 05/07/2004.
3. Obras que actualmente se encuentran en la Colección de Art Brut de Lausana.
4. Tejido tradicional paraguayo-guaraní, realizado a mano y con dibujos de flores afiligranados.
5. Entrevista del autor a Alexandro García,  Montevideo, 29/08/2008.
6. “El dorado es la sabiduría, el rojo es el amor, el verde es la madre naturaleza, la esperanza. El naranja es la voluntad, el azul es la espiritualidad, mucha espiritualidad en estos indígenas... el celeste es la comunicación.” Ibídem.


1 comentario:

Alexandro García dijo...

Gracias Querido amigo thiago rocca x tu labor y la de todos aquellos q trabajan x la cultura y realzar el otro arte del Uruguay...
Si desean ver mas de mis obras en mis fotos en mi facebok

Alexandro Nelson Garcia.........
Alli podran ver oleos.. esgrafiados okeo pastel....acrilicos. aguados...tinta china....y mas
Abrazo en la luz
Y viva la cultura en el mundo