Humberto Rigalli (1918 - 2016). El padrino del ingenio




Próximo a alcanzar el siglo de vida falleció en enero de 2016 Humberto Rigalli, el gran artista autodidacta de Shangrilá. Nos abrió la puerta de su casa hace ya algunos años y también las de su corazón. Un hombre bueno, franco, entusiasmado por grandes ideales: dejó una obra imponente en imaginación y en porte. Una obra que, pese a su carga utópica o quizás justamente debido a ello, no está exenta de humor, picardía y complicidad con el espectador. En las líneas siguientes reproducimos algunos textos que aparecieron publicados en el libro Otro Arte en Uruguay y anexamos, además, fotografías y documentos inéditos. Vaya nuestro homenaje a un genuino creador y a una gran persona que tenía mucho para decir.


... Fue constructor en Montevideo y Florida e hizo él mismo su casa en Shangrilá. Humberto Rigali (1918 - 2016) sirvió como telegrafista en el ejército (se jubiló en 1971) y en calidad de radioaficionado transmitió durante años, en onda corta, la palabra Paz en 15 idiomas, incluidas voces dialectales amerindias. Autodidacta en materia de arte, su interés por la historia oriental en general y por el legado artiguista en particular, lo llevaron a realizar, ya octogenario, dos grandes conjuntos escultóricos en el frente de su casa. En uno de ellos, hecho en arena y portland, fabula un encuentro entre Jesucristo y el prócer, mientras dos secretarios toman nota del insigne acontecimiento. 

El segundo es una obra conceptual de largo aliento titulada “Árbol Cantegril”, que ha sido realizada con varillas de hierro, el eje de un camión y diferentes partes recicladas y soldadas al tronco giratorio propulsado por un motor. Esta escultura móvil de cuatro metros de altura y tres de diámetro, puede interpretarse como una alegoría de la movilidad social en los asentamientos precarios. El meticuloso trabajo de soldadura y doblado de los textos en metal, la liviandad de los personajes como hojas y frutos y el aspecto general de “eje del mundo” de la obra, conforman una parábola aguda sobre las condiciones de vida de las clases empobrecidas y una de las propuestas visualmente más complejas en el panorama de la escultura uruguaya contemporánea.


(...) Entre los creadores autodidactas cuyo impulso creativo –y el “proceso” que deriva de éste– es casi tan notorio como el resultado obtenido, se pueden distinguir al menos dos tipos de imaginaciones: orgánica y mecanicista. Estas imaginaciones está subordinadas en muchos casos a la velocidad o la facilidad con que encuentran los medios para componer las obras. En ambos casos, los sistemas de representación visual y la operativa formal de elaboración del objeto artístico, quedan al descubierto y pasan a formar parte de su intención estética. Estas imaginaciones no son tipos puros, de más está decirlo, y muchos creadores orgánicos pueden pasarse a mecanicistas y viceversa, dependiendo del instrumental y los materiales disponibles en un momento dado. Pero suele darse en ellos que una de las tendencias prevalece. En los casos de la imaginación mecanicista, la máquina como generadora de movimiento y, por ende, de “vida” autónoma –en un rango quizás rudimentario pero efectivo desde el punto de vista de la expresión–, cumple un doble rol: como símbolo y como efecto (...) 









Montaje de la escultura Arbol cantegril en la muestra Arte Otro en Uruguay (Centro MEC, noviembre 2008)
 Fotos de Eloisa Ibarra salvo la última, que es de Pablo Bielli.



De los artistas uruguayos de espíritu mecanicista, el padrino del ingenio es el radioaficionado Humberto Rigali (1918 - 2016). Rigali ejecutó sus principales grupos escultóricos a edad muy avanzada en el frente de su casa en Shangrilá. Pero antes, de adulto, realizó algunas obras más simples y distendidas, ejercicios humorísticos hoy destruidos y de los que sólo quedan fotografías. Una de ellos era una especie de autómata de chapa que alzaba los brazos al cielo y que representaba al futbolista Obdulio Varela festejando sus glorias, y que con el tiempo se transformó en Fernando Morena, otro futbolista célebre, como si ambos compartieran el mismo karma. También llevó a cabo un “fábrica de la paz”: un mecanismo oculto dentro de una caja disparaba a lo alto una palomita sujeta a un engranaje que a su vez hacía aparecer otra pieza que semejaba una “bomba atómica”. Cuando la paloma remontaba vuelo la bomba se ocultaba, y en seguida el movimiento contrario.





En el frente de su casa un conjunto escultórico representa un encuentro entre Jesús y José Artigas. Se podría anunciar como un viaje utópico a través del tiempo. De hecho, son dos encuentros separados en tiempo y espacio (en Purificación primero y luego en el Paraguay) pero reunidos en la representación de cemento, como un túnel imaginario que diera cuenta de una sincronía maravillosa.


A su peculiar modo, Rigali es un constructor épico. Mezcla fragmentos de la epopeya artiguista con mensajes universales de paz. Aunque escribe y le gusta ensayar explicaciones y comentarios en sus obras en forma de “globitos” (como en las tiras cómicas, pero de metal), en folletos y en carteles que acompañan las obras, su imaginación es predominantemente plástica y se expresa creando objetos contundentes. Para realizar la pieza giratoria de cuatro metros de alto que tituló “Árbol Cantegril” acondicionó un viejo motor que aún la impulsa y reutilizó unas pequeñas chapas de metal que oficiarían al mismo tiempo de hojas del árbol y de personas en comunidad. El árbol representa un axis mundi y a la vez un cantegril en el que las “personas” suben y bajan como los ángeles del sueño de Jacob. Algunas de las “familias” se resisten a entrar, los personajes se toman la cabeza de espaldas al eje de la miseria que los succiona con fuerza centrípeta. Representa, por tanto, una fábula escultórica sobre la exclusión social cuya moraleja está a la vista del observador.

El principio de la realidad está siempre influido por el poder de la utopía en la obra de Rigali: este árbol que es “de la familia de los de abajo, sería impensable en estas regiones de Iberoamérica de haber triunfado Artigas y el sistema”. El concepto de paz universal y justicia social, encarnados en la figura de la paloma y del prócer, están presentes en casi todas sus obras y como corolario de esa idea de justicia, le sucede el concepto del retorno cíclico: el árbol gira como un carrusel, la paloma de la paz juega a las escondidas con la amenaza nuclear, Obdulio desaparece y entra a la cancha Morena. Una voluntad insistente y precisa, como el acto de transmitir la palabra Paz por onda corta en quince idiomas, tres o cuatro veces al día, conjura el mal para vencerlo. El mundo persiste, sostenía el monje trapense Thomas Merton, por una persona que está meditando sola en el bosque: sin ese ser solitario todo el universo se desvanecería. Quizás la paz mundial dependa de este señor que a sus vitalísimos noventa años seguía transmitiendo en el “éter” su canto de ballena.





Humberto Rigali. Cartel del conjunto escultórico “Apogeo y muerte de Artigas”.

“Purificación año 1815

Con la anuencia de Jehová Dios, Jesús va a ver a Artigas. Lo encuentra sentado en una cabeza
de buey; comiendo asado, tomando ginebra en un vaso de guampa, dictándole a dos secretarios, por el suelo ostentosos sobres de todas las provincias de su protectorado. Lo rodeaba un grupo de oficiales, humildemente vestidos. Se abrazan y se produce el siguiente diálogo: 

–¡Jesús! Qué haces tú por acá.
 –Hijo, hermano, quíntuple (hay más) campeón
mundial! Te explico: hijo por el génesis, hermano por mis padres terrenales, quíntuple por
la libertad, democracia, federalismo, justicia social y sencillez.
–Gracias Jesús, me siento muy estimulado.
–Tú y tu gente son espartanos, pero hacen todo lo contrario de estos. El motivo principal
de mi visita es prevenirte sobre un potencial Judas, que los hay en todo el mundo. 
–Gracias nuevamente, un Judas colectivo puso precio a mi cabeza, les contesté: mi gente no sabe
leer. 
–Veo que tienes gente de mi grey colaborando.
–¡Sí! Si pero también de tu grey hay de los otros.
–Como dices tú, es muy veleidosa la probidad de los hombres, no escapa a ello gente de
mi grey. Cuando tú en tu reforma agraria dices: con prevención que los más infelices sean
los más privilegiados y las magníficas instrucciones del año 13, destacando los artículos
3 y 18, traen a mi memoria el ojo de la aguja y los mercaderes del tempo. (Hago notar tu
exigencia de trabajo y hombría de bien). Te invito para vernos en el año 1850.
–¡Jesús! No pensastes (sic) los años que tendré, pero acepto.
–Nos vemos ¡Adiós Artigas!
–Gracias ¡Adiós Jesús!”


Folleto impreso por Rigali que repartía desde su casa a los ocasionales visitantes(2007)



Detalle de la escultura Arbol cantegril




1 comentario:

Ines Trabal dijo...

Fantástico Rigalli y su rescate.