Annie Namer: Postales del paraíso



Annie Namer posee un rostro jovial, con una sonrisa siempre pronta. Nació en Budapest en 1930 pero el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial la empujó a nuevas tierras. Luego de radicarse en París durante tres años, emigró con la familia a Uruguay. La vida le fue dando un camino y seguramente no le escatimó penas, pero Annie prefiere no hablar de su vida personal. Ella guarda una fuerza interior que ilumina sus cuadros. Ya era mayor cuando comenzó a dedicarse a la pintura. Al principio asistió a las clases de Edgardo Ribeiro, cuyo sistema riguroso de enseñanza le incomodaba, pese a reconocer que era un buen maestro. Annie debía encontrar su propio registro, escuchar su propia voz. “Todo se dio junto: el club, AUPI (Asociación Uruguaya de Protección a la infancia), la pintura y mis tortas.” 1 Cecilia Brugnini, gran artista y amiga, la alentó a que profundizada en su forma diáfana de pintar.2  

Los cuadros de Namer poseen una autenticidad fuera de discusión y una llamativa unidad compositiva. Tienen el encanto de una postal navideña, cuando es recibida por un niño. Si le preguntan por qué o para qué pinta responde que quiere que el mundo sea feliz: “Lo disfruto, es una manera de decir sin palabras. La vida no sólo son los horrores que muestran en las noticias”. Pinta con óleo-pastel motivos idílicos, escenas campestres, casamientos, parejas, niños jugando, paisajes de una paz radiante y completa, que se expande hacia los extremos del cuadro y lo colma: un mundo que desconoce la violencia, la perturbación, el dolor. 

Los grandes planos cromáticos, erizados con formas florales y manchas encendidas, poseen una extraña simplicidad. Especialmente sus nocturnos y atardeceres, desolados paisajes de enamorados que, vistos por partes parecerían tender hacia una abstracción puntillista o hacia la disolución divina. “Mis cuadros son como bordados”, confiesa y tiene razón. Hay algo verdaderamente innato en su forma de crear, espontáneo y libre de culpas. Una forma de la inocencia. Lo cual no implica necesariamente ingenuidad, ni falta de conocimientos. Cuando le interrogué sobre cuánto tiempo le llevaba pintar un cuadro, me respondió con un gesto de picardía y una cita de Braque: “El cuadro está completo cuando se acaba la idea”. 

Obras suyas están presentes en colecciones privadas de Alemania, Argentina, Bélgica, Canadá, Colombia, Chile, Ecuador, España, USA, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Líbano, México, Nueva Zelanda, Perú, Portugal, Uruguay y Venezuela. El Musee d’art naïf Max Fourny de París, posee cinco obras. La última exposición individual la realizó en 2012 en la sala Figari del Ministerio de Relaciones Exteriores

En setiembre de 2014 sus obras participarán de la muestra Arte Naïf en Uruguay que se llevará a cabo en  Fundación Unión, Montevideo, en el marco del Proyecto Otro Arte en Uruguay.

1. Las citas de Annie Namer corresponden a una entrevista realizada en su casa el 13 de enero de 2014.
2. Queremos agradecer especialmente a Cecilia Brugnini la posibilidad de conocer la obra y la persona de A. Namer.

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