Recomendación: Arte indígena de Australia


El mapa de los sueños

Llegan noticias de Australia que no son incendios. Esta interesante exposición desembarca por primera vez en Montevideo, luego de una gira por nueve ciudades de Brasil.*

El brasileño Clay de Paula, curador de la muestra junto con los australianos Adrian Newstead y Djon Mundine, informa que Tiempo de sueños ofrece una selección de obras de artistas contemporáneos: “De un acervo de más de 2 mil piezas seleccionamos las más significativas, [obras] que ya fueron publicadas en numerosos catálogos de arte y citadas en textos de doctorado, y que participaron de numerosas exposiciones en Australia e, internacionalmente, en Europa y América del Norte”. Han sido realizadas con técnicas diversas, tales como la pintura sobre tela, la escultura en madera, la litografía sobre papel y el bark painting (pintura sobre corteza de eucalipto). Típico, este último, del norte de Australia, constituye una de las expresiones artísticas más antiguas del mundo, con 40 mil años de antigüedad (pertenecen al acervo de Cooee Art Gallery). Se destacan los trabajos de Emily Kame Kngwarreye (1910‑1996), cuyas obras se presentaron en la Bienal de Venecia, y Rover Thomas (1926‑1998), artista de fama internacional.

El diseño del montaje es muy didáctico, provee abundante información con el cometido de contextualizar las obras según las regiones en las que se produce tradicionalmente, los nombres de los artistas, las fechas y los detalles técnicos. Esto es importante porque, si bien en muchos casos son métodos y reglas compositivas que se remontan a la antigüedad, los artistas que los trabajan son contemporáneos y han actualizado los recursos materiales y los procedimientos tanto técnicos como simbólicos, resignificándolos, pero sin perder la esencia de su creación.

Visualmente atrapante, la muestra presenta, sin embargo, dificultades para una correcta apreciación. La tentación de analizar las obras según las categorías occidentales –arte abstracto, expresionismo, arte naíf, etcétera– es muy grande, pero no les haría justicia: estamos ante una forma de expresión utilitaria y básicamente comunicativa, en un sentido práctico y ritual a la vez. “Los artistas pintan sobre sus sueños, pero no con la idea junguiana de soñar asociada al inconsciente. Para ellos, pintar o ‘soñar’ (dreaming, en inglés) es volver a contar historias que son eternas, para mantenerlas vivas y transmitirlas a las generaciones futuras. Estas pinturas contienen información vital, como dónde encontrar ‘agua viva’ permanente. Mantener ese ‘soñar’ vivo es la motivación fundamental para los artistas indígenas australianos.” De modo que los habituales abordajes occidentales de las motivaciones simbólicas profundas de los sueños tal como nos las presenta la psicología moderna tampoco nos son de gran ayuda.

Para entender la motivación de estos artistas, se ha colocado un panel en sala en el que se reproducen diferentes íconos –espirales, rayas con semicírculos, flechas…–, que representan en estas pinturas a la mujer y al hombre, la lluvia, huellas de animales, un campamento, pozos de agua, etcétera. Se entiende ahora por qué este medio pictórico, tan fuertemente codificado, no se relaciona con los conceptos estilísticos de las vanguardias europeas, pese a tener, visualmente, una parecida carga expresiva. Pensemos estas representaciones oníricas como mapas para lograr una travesía que se da a través del espacio (locaciones concretas, prácticas sagradas) y el tiempo (se transmiten de una generación a otra).

Por otra parte, no todas las obras corren por esta vía onírica. Las hay también figurativas con una función política, de denuncia del avasallamiento perpetrado por el hombre blanco, como la perturbadora pintura Masacre del arroyo Horso, de Queenie McKenzie (1930‑1998), y Camino Packhorse, de Jack Dale (1922‑2014). En muchos casos, el artista aborigen se ha servido del arte para reelaborar su relación con el hombre blanco, buscando revertir una situación de desigualdad histórica. Por ello, reconocer el trabajo del artista indígena como un producto cultural original de su entorno es un reclamo que se repite en varios textos de sala. Las distancias y las diferencias culturales son grandes, pero nada que no se pueda superar con un poco de empatía e intuición. Tal vez, alcance con estar advertidos y dejarse llevar.

*   Tiempo de sueños: arte indígena de Australia. Mapi, 25 de Mayo 279, Ciudad Vieja de Montevideo.

Nota publicada por Pablo Thiago Rocca en Semanario Brecha, 24 de enero 2020, Montevideo.
Fotos del autor.

Javiel Cabrera en los medios IV


Cuarta parte de la recopilación de artículos en la prensa, notas de radio y  TV, de la exposición Javiel Raúl Cabrera: entre el olvido y la leyenda, que se llevó a cabo en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo entre noviembre de 2019 y  febrero de 2020.

En esta exposición se presentaron más de cien obras del artista entre acuarelas, óleos y dibujos. El cuarenta por ciento proviene de colecciones públicas (Museo Nacional de Artes Visuales, Museo de San José de Mayo, Museo Figari, Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de la República) mientras que el resto proviene de colecciones particulares.

La mayor parte de las obras exhibidas fueron acuarelas (80) y de ellas destacan un número elevado de piezas de los años cuarenta del siglo pasado, la etapa de mayor esplendor creativo de Cabrera.

Se reúnen, además, por primera vez, un número relevante de pinturas al óleo y dibujos, entre los que destacan retratos de sus amigos, así como autorretratos de diferentes épocas. Por último, caber señalar que se exhiben documentos inéditos: cartas y borradores de conferencias escritos por Cabrera, útiles personales y fotografías nunca antes exhibidas.

Compartimos algunas de las notas aparecidas en la prensa y la televisión:




La Diaria. Riccardo Boglione, "Repetición y misterio: Javiel Raúl Cabrera. Entre el olvido y la leyenda"  Nota publicada el 10 de enero de 2020, Montevideo.


Melena en general clara, ordenada, ojos negros cuyas pupilas apuntan, esquivas, ligeramente arriba de la hipotética mirada del espectador, manos cruzadas (o que apenas se rozan) con un brazo más alto que el otro. A menudo frontales, más raramente de perfil, en contadas poses. En una palabra, hieratismo, pero siempre un poco hastiadas: así aparecen casi todas las niñas –o, mejor dicho, la Niña– que se multiplican en un sinnúmero de cuadros de Javiel Raúl Cabrera en Entre el olvido y la leyenda, exposición que Pablo Thiago Rocca curó para el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). 

Cabrerita, apodo con el que comúnmente se lo llamaba y se lo llama –nacido en 1919 y protagonista de una vida por cierto difícil y que invadió por completo, en ímpetus románticos, varios de los discursos, críticos y no, sobre su figura (sobre todo sus internaciones por enfermedad mental)–, ha sido considerado uno de estos pintores obsesionados por un solo sujeto, la nena rubia, aunque –y esta muestra ayuda y mucho a corregir el dato– a lo largo de más de cuatro décadas de trabajo aparecen en su universo otros temas. 

Sin embargo, es innegable esta presencia constante en sus hazañas pictóricas, lo cual lleva a pensar en búsquedas metafísicas, o metafísicamente cargadas, de una condición ideal: aquí la tentación de atribuirle el carácter de un anhelado estado virginal (creativo y, en definitiva, vital) es fuerte, sobre todo si se piensa que era uno de los objetivos de la (un poco confusa) filosofía del compañero de ruta del arranque artístico del pintor, y su gran amigo a lo largo de la vida, el poeta José Parrilla, fundador del “esterismo”, con quien incluso pasó una temporada en Europa en los 80, luego de tres décadas de internación. 

Parrilla, recuerda Rocca, en sus escritos habla de una párvula que representaría “el eterno femenino que, en cuanto arquetipo de puridad, cristalizaría una conexión con lo Absoluto” (y efectivamente es bien espeso el aire esotérico que se respira en varios trabajos cabrerianos). Asombra, a la vez, cómo esta figura un poco enigmática atravesó intacta las varias fases, cinco según el curador, que marcan la larga trayectoria de Cabrera, vale decir en momentos aurorales de su labor artística, durante tiempos terribles (la infinita estadía en la Colonia Etchepare, donde fue sometido a electroshocks y otras durezas) y en otros por cierto más serenos (luego de que fuera a vivir con una familia de Santa Lucía, ya alejado del hospital psiquiátrico, en tranquilidad). 


Así, y la insistencia se propaga a lo largo de las paredes del museo con un ritmo bastante vertiginoso, tal vez no sería erróneo buscar en tensiones eróticas sublimadas (puramente intelectuales) semejante reiteración: lo más revelador podría ser una acuarela sin título de los 40 en la que aparecen varias figuras femeninas, dos de pecho desnudo, con una que parece domar una serpiente gigantesca. Ningún Balthus oriental, quede claro (las niñas, contrariamente a las del polaco-francés, nunca hacen nada realmente perturbador), pero quizá una posibilidad interpretativa (y tal vez en sentido estrictamente freudiano: deserotizar el sujeto –impasible, los ojos en el vacío– para volver el deseo socialmente aceptable).

Queda claro que es cada vez más difícil pensar en este artista como un naíf, algo que se hizo: sus cuadros, además del ascendiente de Torres García –sobre el que justamente el curador insiste–, trasudan influencias más o menos cultas, entre ellas toques de arte oriental, pizcas de art nouveau, moléculas medievales (entre los vitrales de Chartres y Simone Martini), ecos del planismo –ver el Retrato de Carlos Maggi de 1940– y un probable etcétera. El dominio de la técnica, también, tanto por lo que concierne a la línea como al color, es magistral, y los registros son diversos y siempre atrapantes: telarañas de imágenes diminutas elaboradas con pericia imperiosa codo a codo con rostros expresionistas o simplificaciones tajantes; croquis geometrizantes en paralelo a retratos de líneas sedosas y sinuosas. Si es cierto que hay rastros de constructivismos en algún pliegue cabreriano, las piezas dan cuenta de un artista con una voz absolutamente única en la plástica uruguaya –para alguien torresgarcianamente ortodoxo, aun dentro de su idiosincrasia, basta entrar en la sala contigua y ver Homenaje a Julio Alpuy–, dueño de alumbrantes soluciones formales y composiciones programáticamente misteriosas (y, en efecto, entre las cosas menores se pueden contar algunas escenas religiosas, encorsetadas por el tema “dado”).

La muestra presenta un vistoso desequilibrio: buena parte de lo expuesto pertenece a los años 40, prolíficos y sin duda de los más estimulantes visualmente. Pero lo que puede parecer una debilidad (por si se quisiera un equitativo panorama del artista) tiene, creo, una razón concreta: la exhibición funciona como una especie de “segunda parte” de Donación Raúl Javiel Cabrera Cabrerita, exhibida en el mismo lugar en marzo de 2018, siempre bajo el cuidado de Rocca. En aquel momento se expuso la ingente donación de piezas de Cabrera que Fernande Dalézio, viuda de Parrilla, hizo al MNAV –hasta aquel momento muy deficitario, a nivel de acervo, con respecto a este artista–, en la que la distribución temporal fue más ecuánime. De todas formas, Entre el olvido y la leyenda abunda en material poco (o nunca) visto y muy valioso, cuya proveniencia se divide equitativamente entre colecciones privadas e instituciones públicas: cartas, programas, afiches, libros, además de obras de su fase inicial, de estudios y bocetos, algún óleo (Cabrerita fue esencialmente acuarelista) y, como cereza, cuatro asombrosos autorretratos (cronológica y estilísticamente muy distantes uno del otro, y sin embargo los cuatro muy “cabrerianos”). Sin ninguna duda los contornos de Cabrerita se hacen más definidos –reiterando e incluso aumentando la centralidad de este artista en el panorama nacional– una vez atravesada la exposición.


Javiel Raúl Cabrera. Entre el olvido y la leyenda. Curador: Pablo Thiago Rocca. Museo Nacional de Artes Visuales (Tomás Giribaldi 2283). Hasta el 2 de febrero.

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Revista DOSSIER, Daniel Tomasini "Javiel Raúl Cabrera. La dimensión desconocida" . Nota publicada el 9 de enero de 2020, Montevideo.


Javiel Raúl Cabrera, Cabrerita, es un artista uruguayo que trabajó entre las décadas de 1940 y de 1980 y es, a nuestro criterio, tan particular en su obra como en su persona. Vivió muchos años recluido en clínicas psiquiátricas, donde la pintura le posibilitó el nexo con la propia existencia y con la gente. Acaso haya una conexión entre sus deficiencias mentales y su arte, en tanto no sólo desde el punto de vista estético ‒de las categorías estéticas‒, sino desde el propio punto de vista artístico, su obra es un profundo misterio. Para Cabrerita, los términos del lenguaje usual del arte no significaban lo mismo que para un académico o un crítico. Tenía –y posiblemente no tenía en muchos casos‒ una idea particular de lo que en la jerga artística se denomina representación, figuración, abstracción, etcétera. Incluso su propia idea de la geometría en el arte era particular, como lo era su idea de estilo, entre otras. Posiblemente, es a raíz de esta divergencia conceptual que Cabrerita hace lo que hace. Y lo que hace –que se puede apreciar en la magnífica retrospectiva organizada por el Museo Nacional de Artes Visuales– es algo que no se puede explicar ni siquiera en los términos arriba mencionados.


Es interesante subrayar que el maestro Torres García lo había calificado de “enigma” y, sobre todo, destacó su condición de pintor en función de su factura plástica. Nosotros diríamos que es un gran pintor y, posiblemente –término que no agrada en general porque se considera elitista–, un genio en su arte. Aunque las comparaciones son odiosas, nos tomamos la libertad de comparar desde el punto de vista del discurso a este artista con Pablo Picasso. El maestro español ha declarado públicamente que nunca había pensado cómo hacer una pintura y que, puesto a trabajar, el propio desarrollo de la obra le indicaba los pasos a seguir. Recién finalizada la pintura podía verla y comenzar a estudiarla. Este procedimiento, particular de los grandes artistas, sugiere una actitud intuitiva casi mediúmnica, donde el artista sería un vehículo de su propia inspiración, que obviamente no surge de una especulación racional lógico-procedimental.

Nos imaginamos a Cabrerita en la misma situación. Y lo notable es que lo logra a partir de una particular forma de accionar (de pintar), en la que la técnica surge de las necesidades comunicativas. Nos referimos a la pincelada, el tratamiento del color, los planos, etcétera. Lo que queremos decir –un poco intentando despejar lo que Torres García denominó “enigma”– es que este pintor no puede encasillarse en ningún lugar específico dentro de la pintura, descontando los lugares comunes de pintor figurativo, con tratamiento de color abstracto, de contenido icónico, etcétera, porque se trata de un artista, como pocos, que deja abierto un camino hacia la percepción de lo desconocido. Este lugar se encuentra fuera de la obra, pero ella indica el camino. Este razonamiento no es fácil de explicar, pero el observador sensible lo entenderá perfectamente.

Toda la especulación sobre sus “niñas virginales” (que los comentaristas, desde una perspectiva religiosa seguramente, asocian a la pureza, como si fueran impuras las mujeres que no son vírgenes) se diluye ante el impacto directo de la mirada, mientras que el propio Cabrerita había dicho que sólo se trata de poesía. Y es verdad. La pintura de Cabrerita son versos de la más alta pureza estética –si se puede hablar así en esta contemporaneidad–. Esto indica que es un pintor que accede a demostrar en forma de pintura ciertos conceptos que son indefinibles por la latitud gnoseológica que contienen. La vida y la muerte son conceptos indecibles en este mismo sentido. La pureza, la inocencia, la claridad del alma o del espíritu participan en esta naturaleza, y Cabrerita –despojado de doctrinas escolásticas, ideológicas y estéticas– logra abrir una dimensión hacia lo desconocido que es posiblemente de la que nos hablan los grandes místicos. Esto no quiere decir que Cabrerita sea un místico, aunque tal vez lo sea en tanto pintor, lo que confirmaría su ejemplo como sui generis.

Hay que considerar sobre todas las cosas –porque la pintura se hace con materia–, la propia forma de pintar de este artista. Obviamente liberado de todo tipo de influencia –podría detectarse una ligera obsesión con cierto hieratismo egipcio en el tratamiento de brazos y manos–, el artista coloca el color de una manera tan sorprendente como efectiva, a la vez audaz y profundamente sutil.

En lo personal, nos hace recordar por analogía ciertos versos del Tao de Lao Tsé, donde las paradojas y las contradicciones son tan herméticas como iluminadoras. Se dirá que volvemos a conectar a Cabrerita con la filosofía y con el misticismo; no obstante, no encontramos otra manera de transmitir la impresión visual de su obra con palabras. Lo que realmente importa es que estamos ante la presencia de una personalidad única que produce una obra única.


Un observador desprevenido dirá: “Bueno, siempre representa las niñas, que con alguna variación podría ser siempre la misma”. Esta observación no es válida porque, en realidad, como hemos dicho, la figura de la niña en Cabrerita, elegida como ícono, es el velo o el ardid que recubre un concepto mucho más profundo, como hemos explicado. Por lo demás, cada una de sus niñas es irrepetible, es nueva y se debe inaugurar con cada pintura. El observador ante esta condición inaugural se encuentra interpelado –casi atravesado– por la mirada de esas niñas, que escapa a cualquier definición. Por este motivo, decimos que Cabrerita nos abre el camino a la percepción de una dimensión desconocida, más allá del tiempo y del espacio, más allá de la condición etérea y fisiológica de la vida y más allá, tal vez, de la muerte.

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Nota de Diego Bernabé, para Telemundo 12, Canal de televisión abierta del 29 de enero de 2020, Montevideo, Uruguay. 


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Javiel Cabrera en los medios (III)


Tercera parte de la recopilación de artículos en la prensa, notas en la radio y en la TV, de la exposición Javiel Raúl Cabrera: entre el olvido y la leyenda, que se lleva a cabo en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo hasta el 2 de febrero de 2020.

En esta exposición se presentan más de cien obras del artista entre acuarelas, óleos y dibujos. El cuarenta por ciento proviene de colecciones públicas (Museo Nacional de Artes Visuales, Museo de San José de Mayo, Museo Figari, Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de la República) mientras que el resto proviene de colecciones particulares.

La mayor parte de las obras exhibidas son acuarelas (80) y de ellas destacan un número elevado de piezas de los años cuarenta del siglo pasado, la etapa de mayor esplendor creativo de Cabrera.

Se reúnen, además, por primera vez, un número relevante de pinturas al óleo y dibujos, entre los que destacan retratos de sus amigos, así como autorretratos de diferentes épocas. Por último, caber señalar que se exhiben documentos inéditos: cartas y borradores de conferencias escritos por Cabrera, útiles personales y fotografías nunca antes exhibidas.

Compartimos algunas de las notas aparecidas en la prensa, la radio y la televisión:



La Diaria. Roberto López Belloso Héctor (Solari) después de Troya, 26 de noviembre de 2019.

"Si para entrar en el gran circuito del primer semestre no era necesario salir del MNAV y bastaba con bajar las escaleras desde la exhibición de Pablo Picasso hasta la genial Nostalgias africanas, de Pedro Figari, ubicada en la planta baja, ahora será imprescindible cambiar de barrio. Desde el Prado, donde Solari despliega sus dibujos y sus instalaciones de video en el Blanes, habrá que trasladarse hasta el Parque Rodó, donde el MNAV propone desde el jueves 28. Javier Raúl Cabrera: entre el olvido y la leyenda, con obras de Cabrerita y curada por Thiago Rocca. Difícil un mejor doble cierre de 2019."

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La Canoa, Radiomundo, viernes 29 de noviembre 16 hs. Entrevista de Diego Barnabé.

Cerramos el programa hablando de la exposición Javier Raúl Cabrera: entre el olvido y la leyenda, con obras de "Cabrerita" y curada por Thiago Rocca.

La Canoa es un programa periodístico cultural creado por el equipo de 'Música de la Tierra' que se propone hablar de identidad, paisajes, desarrollo sostenible, cultura, arte, gastronomía, turismo y patrimonio. Conducen: Diego Barnabé y Pablo "Pinocho" Routin. De lunes a viernes en su nuevo horario, de 14 a 16 hs en Radiomundo 1170 AM.

Para escuchar la entrevista completa haga CLICK AQUÍ

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Exposición Raúl Javiel Cabrera: Entre el olvido y la leyenda. Nota de Concepcion Virgili para La Mañana del 27 de diciembre de 2019. Montevideo. 


La exposición de Raúl Javiel Cabrera en el MNAV cuenta con obras de colecciones privadas y públicas, y con las obras de la importante donación de Fernande Dalèzio, viuda del poeta José Parrilla. Esta donación de 120 obras fue entregada al MNAV y expuesta en marzo de 2018. Las dos exposiciones han contado con la experta curaduría de Thiago Rocca, actual director del museo Figari. La primera fue para mostrar las obras donadas, y la actual, que puede visitarse hasta el 2 de febrero, es una retrospectiva completa de la trayectoria del artista. Es una muestra muy didáctica con vitrinas de documentos ilustrativos con opiniones de otros artistas e intelectuales. Rocca logra introducir al visitante en la exposición con una imagen de Cabrera sentado en un sillón, y a su lado coloca otro vacío como para iniciar un dialogo personal y propiciar una comunicación, antes de iniciar el recorrido de la misma.

Raúl Javiel Cabrera y Julio U. Alpuy fueron grandes amigos. Tenían la misma edad –este año se cumplen los 100 años del nacimiento de los dos- y coinciden en el MNAV en una exposición para cada uno de ellos, en salas contiguas.

Raúl Cabrera Alemán, conocido por Cabrerita, nació en Montevideo el 2 de diciembre de 1919. A los pocos años lo abandonan en el asilo Dámaso Alonso Antonio Larrañaga, y a los 10 años lo adopta una familia de inmigrantes italianos de apellido Lucchinetti. Asiste a la escuela José Pedro Varela entre los años 1932 y 1935. Recibe enseñanzas artísticas en el taller de Gilberto Bellini, Pablo Serrano y Carlos Prevosti. A los 18 años abandona su hogar de adopción para vivir en la calle. En 1937, con 19 años, conoce al poeta José Parrilla y ambos frecuentan la vida bohemia de los Cafe Sorocabana, Metro y Yatasto de la generación del 45. Pinta en los cafés, en las servilletitas de papel…en cualquier lado, es un productor irrefrenable… Es un apasionado del dibujo y la acuarela, técnicas que ejecuta a la perfección.

La amistad con José Parrilla la mantendrá toda su vida, aún durante los períodos largos de separación.

Por esa época, junto con José Parrilla, frecuenta el taller de Torres García, con Manuel Aguiar, Idea Vilariño y Onetti, entre otros. La relación entre ellos genera una riqueza incalculable de pensamiento y filosofía. Hacia 1942 comienza a firmar sus obras como Javiel.

A los 24 años obtiene un premio adquisición por su acuarela “Dos niñas” en el V Salon Municipal (Museo Blanes), y a continuación se le otorgan diversos premios a lo largo de esta década. En esta época expone de forma individual tres veces en el Ateneo de Montevideo.

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Cien años de raro. Nota de María José Santacreu para el Semanario Brecha, 13 de diciembre 2019, Montevideo.

Una exposición en el Museo Nacional de Artes Visuales pone en perspectiva la obra del pintor uruguayo Raúl Cabrera, más conocido como Cabrerita, en el centenario de su nacimiento. Y si bien, obviamente, no se trata de una introducción, es la primera vez que se reúne una obra dispersa y se alienta una mirada que ponga en segundo plano el trágico avatar vital del artista, proponiendo una revaloración que lo ubique entre los grandes maestros de la pintura uruguaya.

Al subir al primer piso del Museo, rumbo a lo que denominan “el anillo”, nos espera un living compuesto por dos sillones de cuerina marrón y una mesa ratona. En uno de ellos está sentado Cabrera, visiblemente feliz, abrazando a un perro. El otro sillón, el tridimensional, está vacío: es una invitación a sentarse junto al pintor...

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Javiel Cabrera en los medios (II)


Volvemos con la segunda parte de la recopilación de artículos en la prensa, notas en la radio y en la TV, ya que la exposición Javiel Raúl Cabrera: entre el olvido y la leyenda, que se lleva a cabo en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo hasta el 2 de febrero de 2020, está teniendo una intensa repercusión mediática.

En esta exposición se presentan más de cien obras del artista entre acuarelas, óleos y dibujos. El cuarenta por ciento proviene de colecciones públicas (Museo Nacional de Artes Visuales, Museo de San José de Mayo, Museo Figari, Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de la República) mientras que el resto proviene de colecciones particulares.

La mayor parte de las obras exhibidas son acuarelas (80) y de ellas destacan un número elevado de piezas de los años cuarenta del siglo pasado, la etapa de mayor esplendor creativo de Cabrera.

Se reúnen, además, por primera vez, un número relevante de pinturas al óleo y dibujos, entre los que destacan retratos de sus amigos, así como autorretratos de diferentes épocas. Por último, caber señalar que se exhiben documentos inéditos: cartas y borradores de conferencias escritos por Cabrera, útiles personales y fotografías nunca antes exhibidas.

Compartimos algunas de las notas aparecidas en la prensa, la radio y la televisión:


"5 muestras de arte plástico para disfrutar este mes"  Revista Galería de Montevideo. 7 de diciembre de 2019 . Para leer la nota completa haga CLICK AQUÍ


"Entre el olvido y la leyenda. Javiel Raúl Cabrera es recordado con cierta melancolía y ambigüedad. A cien años de su nacimiento, el artista es más conocido por su vida bohemia que por sus pinturas. Sin embargo, su obra pictórica es excepcional y, según el curador Pablo Thiago Rocca-, merece ser releída para ingresar de forma definitiva a la cultura uruguaya. Es por eso que el artista es el protagonista de la nueva exhibición Entre el olvido y la leyenda, que hace una presentación con escritos, objetos personales, testimonios y documentación inédita para recuperar su significado en la pintura.


Cabrerita, como le decían, perteneció a la conocida generación del 45 y sus obras están influidas por su vínculo con el Taller Torres García -y el universalismo constructivo-, y una estadía en Europa. Su vida estuvo marcada por la convivencia con el poeta José Parrilla, el vínculo con su hermana, la poeta Lucy Parrilla, y una dura internación en la Colonia Etchepare durante tres décadas. La firma del artista está en una vasta producción de óleos, dibujos y acuarelas protagonizados, en muchos casos, por figuras femeninas en poses rígidas y con una mirada enigmática. También pintó paisajes, autorretratos y escenas bíblicas."


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De fogón en fogón. Programa multimedios argentino que conduce Roberto Saban. 21 de diciembre de 2019. Para ver el video haga CLICK AQUÍ


Pablo Thiago Rocca es el curador de "Javiel Raúl Cabrera. Entre el olvido y la leyenda" en el Museo Nacional de Artes Visuales. En esta primera parte de la entrevista nos cuenta que es "El Grupo Esterista" y la donación de obras que se hizo el año pasado y su diferencia con la presente.

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Entrevista a Pablo Thiago Rocca por Daina Rodríguez y Carolina Molla, en directo desde el MNAV para el programa Efecto Mariposa, 6 de diciembre de 2019. Para escuchar la entrevista completa haga CLICK AQUÍ 

"La obra reunida realmente impacta y lo coloca —a Javiel Raúl Cabrera— a nivel de los grandes maestros de la pintura uruguaya", señala el crítico de arte Pablo Thiago Rocca, curador de la muestra del pintor, abierta hasta el 2 de febrero en el Museo Nacional de Artes Visuales.

En la entrada una gigantografía de Cabrera, sentado en un sillón con un perro en brazos y expresión alegre, invita al visitante “a que se siente a su lado y repase algún material sobre su vida”. “El resto tiene escritos suyos o fragmentos de entrevistas que le hicieron, salvando un texto muy interesante de Joaquín Torres García y uno del poeta José Parrilla. La idea era traer su pensamiento, su persona, recuperar a esa gran figura que fue”, dijo Thiago Rocca a Efecto mariposa. Que sea Cabrera y no tan “Cabrerita”, como se lo conocía entre los círculos de una generación ilustrada. “La postura en la Generación del 45 no es homogénea pero hay un problema de competencia interpretativa”, apuntó el curador. “Estaban ante un gran pintor pero la mayoría vio al personaje de la bohemia, al marginado, no lograron ver esa gran obra. Primó el anecdotario y la tragedia humana que lo envolvió”.

Javiel Cabrera en los medios (I)



Una intensa repercusión mediática está teniendo la exposición Javiel Raúl Cabrera: entre el olvido y la leyenda, que se lleva a cabo en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo hasta el 2 de febrero de 2020.

En esta exposición se presentan más de cien obras del artista entre acuarelas, óleos y dibujos. El cuarenta por ciento proviene de colecciones públicas (Museo Nacional de Artes Visuales, Museo de San José de Mayo, Museo Figari, Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de la República) mientras que el resto proviene de colecciones particulares.

La mayor parte de las obras exhibidas son acuarelas (80) y de ellas destacan un número elevado de piezas de los años cuarenta del siglo pasado, la etapa de mayor esplendor creativo de Cabrera.

Se reúnen, además, por primera vez, un número relevante de pinturas al óleo y dibujos, entre los que destacan retratos de sus amigos, así como autorretratos de diferentes épocas.

Por último, caber señalar que se exhiben documentos inéditos: cartas y borradores de conferencias escritos por Cabrera, útiles personales y fotografías nunca antes exhibidas.


Compartimos algunas de las notas aparecidas en la prensa, la radio y la televisión:


Entrevista de Ivanna Nicoletti a Pablo Thiago Rocca en  "Cambiando el aire", el programa de la mañana en Televisión Nacional Uruguay (TNU). Como dato puntual, cabe señalar que la entrevista se grabó el 2 de diciembre, centenario del nacimiento del artista. HAGA CLICK AQUÍ

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Cabrerita en el MNAV: claves para comprender a un incomprendido

"Cabrerita en el MNAV: claves para comprender a un incomprendido", nota de Carlos Reyes para el diario El País, 17 de diciembre 2019, Montevieo, Uruguay. 


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Entrevista del 18 de diciembre de 2019 al curador de la muestra Pablo Thiago Rocca en La Máquina de Pensar, programa radial que conduce Pablo Silva Olazábal en 1050 AM Montevideo, Uruguay. Para escuchar la  entrevista en Radio Uruguay haga CLICK AQUÍ


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Revista Paula, 19 de diciembre 2019, Montevideo.


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Javiel Raúl Cabrera: Entre el olvido y la leyenda


Exposición en el Museo Nacional de Artes Visuales.

Más conocido por las anécdotas que adornan una vida de bohemia y de reclusión que por las virtudes de una obra pictórica excepcional, la figura de Javiel Raúl Cabrera (Montevideo, 1919 - Santa Lucía, 1992) oscila entre los extremos del olvido y la leyenda. A cien años de su nacimiento se impone una relectura de su obra y un ajuste de cuentas con su legado -que excede lo meramente pictórico-, para darle ingreso definitivo, y por la puerta grande, a la principal pinacoteca del país.


El surgimiento del joven artista en el seno de la llamada generación del 45', sus primeras exposiciones montevideanas, la amistad con el poeta José Parrilla, los vínculos con el Taller Torres García, la prolongada internación psiquiátrica y su posterior egreso con viaje a Europa incluido, así como los últimos años de existencia apacible en Santa Lucía, son algunos de los derroteros que se verán reflejados en una producción pictórica que también conoce de extremos, con etapas luminosas y sombrías, toscas y sutiles.


La muestra presenta testimonios y documentación inédita, escritos y objetos personales para esclarecer algunas de las circunstancias históricas que dieron lugar a la leyenda "Cabrerita". Pero, en especial, busca recuperar su enorme significación plástica, la carga simbólica de sus personajes, su musicalidad y su alto vuelo poético.

Pablo Thiago Rocca
Curador




Javiel Raúl Cabrera

Nace en Montevideo el 2 de diciembre de 1919. Transcurre los primeros años de su infancia como niño expósito en el asilo Dámaso Antonio Larrañaga y luego es adoptado por una familia de inmigrantes italianos de apellido Panochi. Asiste a la escuela José Pedro Varela hasta 5º año y ya entonces manifiesta condiciones artísticas excepcionales, como testimonia su compañero de banco el escritor Mario García.

A los 11 años realiza un dibujo de José Pedro Varela que se publica en un periódico de gran tirada, razón por la cual lo llevan a estudiar con el pintor Gilberto Bellini. Luego conoce un corto aprendizaje con Pablo Serrano en el Taller Don Bosco y también un breve pasaje por el taller de Carlos Prevosti. Su trabajo artístico es permanente y constante a pesar de las condiciones de una vida accidentada en entornos adversos.

"Cabrerita", como le decían los protagonistas de su generación, frecuentaba las tertulias del Café Sorocabana, de los bares Metro y Yatasto, junto a recordadas personalidades como Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi, Idea Vilariño, Humberto Megget, Carlos Brandy, Felisberto Hernández, José Luis "Tola" Invernizzi y José Parrilla. También amistó con los alumnos de Joaquín Torres García y resultó influenciado por el maestro del Universalismo Constructivo. 



Participó en exposiciones individuales en la Asociación Cristiana de Jóvenes de Montevideo, en el Ateneo de Montevideo, en el X Salón Nacional de 1946, en la sala de AIAPE en 1947, en la XVI Bienal de San Pablo, Brasil, en 1981, en París en 1985 y una importante muestra colectiva de arte contemporáneo uruguayo en Alemania en 1982. Fue premiado en el V Salón Municipal de 1944; X Salón Nacional en 1946, y VII Salón Municipal de 1946.

Hacia fines de los años cuarenta vive junto con el poeta José Parrilla, amigo desde la adolescencia. Cuándo este viaja a Europa, Javiel queda al cuidado de la hermana de José, la poeta Lucy Parrilla, pero al poco tiempo ella y su familia son desalojados. Lucy llega a un acuerdo con el entonces Director del Hospital Vilardebó, el Dr. Alfredo Cáceres, para que aloje al pintor en ese centro como una manera de paliar su situación habitacional. Pero cuando el Dr. Cáceres deja la Dirección del Vilardebó, el nuevo director decide el traslado de Cabrera a la Colonia Etchepare, donde permanece casi 30 años.

En la larga internación conoce períodos de indigencia, es sometido a tratamientos de electrochoque y pasa muchas penalidades. Hacia principios de los años ochenta del siglo pasado es egresado de la institución psiquiátrica y adoptado por la familia Lucchinetti de la ciudad de Santa Lucía, donde transcurrirán sus últimos años en paz. En 1987, a instancias del artista Espínola Gómez, obtiene una pensión graciable por parte del Estado.

En su vasta producción de óleos, dibujos y acuarelas, sus motivos predilectos son extrañas figuras femeninas en poses hieráticas y de mirada profunda y enigmática. Pintó también paisajes, escenas bíblicas, autorretratos y retratos de amigos. Falleció en la ciudad de Santa Lucía el 28 de diciembre de 1992.


La exposición de inaugura el jueves 28 de noviembre de 2019 a las 19:00 horas en la sala 4 del Museo Nacional de Artes Visuales. Permanecerá abierta hasta el domingo 2 de febrero de 2020.

Museo Nacional de Artes Visuales queda en Tomás Giribaldi 2283 esq. Julio Herrera y Reissig, Parque Rodó - Montevideo - Uruguay. 

Abierto al público: Martes a domingos de 13:00 a 20:00 horas. Entrada libre y gratuita

Recomendación: Tras las líneas bárbaras.


La desobediencia gráfica


Hay un “arte otro” antes del “arte otro”. Hay un arte ingenuo antes de que lo naíf fuera definido como tal. La historia no transita por un solo carril, y Uruguay o la Banda Oriental no es la excepción. Sólo que hasta hace poco no habíamos reparado lo suficiente en ello. Esta exposición* se detiene en el costado “primitivo” del arte uruguayo, con obras –dibujos, grabados, collages– pertenecientes al acervo del Museo Histórico Cabildo. “Las obras que se presentan en esta exposición –sostiene el curador, Marco Tortarolo– incumplen el mandato de una correcta hechura, de un sistema de reglas cuyos autores no alcanzan a formalizar, o directamente desconocen, razón por la cual serán consideradas ingenuas. Su diferencia será puesta en cuestión como deficitaria por la mirada académica europea-europeizante.”

La selección de piezas comprende desde los albores del siglo XIX hasta 1860, el período que José Pedro Barrán definió, siguiendo a Sarmiento, como “la barbarie”: “Ese espacio de las líneas bárbaras, de los fuera de registro, es el que a través de una veintena de piezas del acervo pretendemos poner en consideración y en valor con esta propuesta”.

La muestra es concentrada, no tiene desperdicio. Empezando por Gabino Monegal (Uruguay, 1848-1906), quien “llegaría a ser militar y destacado cartógrafo”, pero que en las cuatro acuarelas adolescentes que se exhiben se lo ve como un miniaturista deliciosamente torpe. Pareciera que pone mucho empeño, pero para el dibujo de la Catedral –firmado en 1862– inventa una perspectiva imposible. Sin embargo, distribuye el color con parsimonia y precisión. En la marina del Cerro de Montevideo predomina un turquesa suave y delicado: allí la fortaleza del Cerro aparece como la frutilla de la torta, literalmente. La frescura de estos dibujos los torna contemporáneos y más “creíbles” que las recreaciones históricas del esforzado pintor Menck Freire, presente en otras de las salas del Cabildo.

Un registro muy diferente, cercano a lo cursi, es el que propone la obra anónima “Ángel de la guarda”. Se trata de una colorida pieza de notables dimensiones (74 por 58 centímetros), si consideramos la inusual combinación de técnicas y materiales: óleo, bordados, collage textil y papel sobre tela. El motivo religioso es simple: un ángel protege a dos niños que están recogiendo flores al borde de un precipicio, con el fondo de un escarpado paisaje montañoso. El recargamiento de la escena, de un empalagoso barroquismo, le otorga una impronta surrealista avant la lettre: el relieve del textil del vestido de la niña “pronuncia” el vértigo, como si el peso del ropaje la empujara hacia ese hermoso abismo tirolés.

En otra sala, cinco acuarelas anónimas referentes a grandes batallas históricas enseñan a un solo ganador: la impaciencia por terminar. El recurso gráfico de ordenar prolijamente los regimientos militares de modo que los jinetes y sus monturas aparezcan perfectamente alineados hasta perderse en el infinito –como dos espejos enfrentados– es empleado con indulgencia y exageración. Recordemos que en las tempranas obras de Blanes también está presente, por lo que hemos de admitir que era una práctica consentida. Pero aquí se abusa del recurso con fines legendarios. Las ordenadas filas se cierran sobre los cobardes que huyen y caen en la batalla de Sarandí (del 12 de octubre de 1825). No se puede descartar que hayan sido pintadas por testigos y protagonistas de la gesta bélica, sólo que la dureza de las convenciones estilísticas les resta crédito y mengua la posibilidad de considerarlas como documentos de hechos de guerra. Algo que no sucede, por ejemplo, con el gran cronista-pintor, contemporáneo de la guerra de Paraguay, Cándido López (Buenos Aires, 1840 – Baradero, 1902), aunque participe también de una atmósfera visual ingenua. Vale decir que la ingenuidad de la forma no siempre conspira contra la verosimilitud del tema.

Por ejemplo, en el aspecto aindiado de los personajes dibujados por un artista anónimo en 1846, el “Soldado de la Guardia Nacional de la Banda Oriental” parece encapsulado en la prenda de vestir, como una crisálida. La gracia radica en el discurso híbrido y sincero, mezcla de razas y de formas que buscan discernir los tipos humanos locales, lejos de las estilizaciones europeas que proporcionaba por entonces la academia. Aunque tengan poses y vestimentas civilizadas son, por donde se los mire, bárbaros. A fin de cuentas, como afirma el curador, “hoy recuperamos ese gesto de desobediencia gráfica que invita a pensarnos, siendo que no se agota en una mera cuestión formal”.

* Exposición "Tras las líneas bárbaras" en el Cabildo de Montevideo. Nota publicada por Pablo Thiago Rocca en semanario Brecha n° 1770, jueves 24 de octubre 2019, Montevideo.